sábado, 28 de diciembre de 2013

CHACAS DESPUÉS DE 30 AÑOS, BUSCANDO UN ALCALDE

Van a cumplirse 30 años de creación política de nuestra provincia, llamada Asunción en honor a nuestra “Mama Ashu”, patrona de Chacas. Fue una proeza para un pueblo pequeño, que  gracias a los denodados esfuerzos de sus ciudadanos, se convirtiera en provincia.  Sin embargo, el tiempo trascurrido permite observar que esa categoría lograda no necesariamente ha servido para desarrollarnos armónicamente y mucho menos de manera sostenida ni sostenible.
Es precisamente esta coyuntura a la que asistimos al soportar  una las más pésimas gestiones ediles, con evidentes signos de mediocridad e ineptitud  es que nos animan a afirmar que  el gran esfuerzo de nuestro ancestros está siendo vilmente mancillada por una ejercicio de una gestión edil necia y  desprovista de propósitos de progreso. Me pregunto ¿ dónde están los ofrecimientos de desayuno andino para todos los estudiantes de la provincia, el acuicultura en jaulas flotantes en las lagunas, donde los cabildos trimestrales para informar al pueblo el  buen gasto público?. Aparentemente todo eso ha sido reemplazado por las chocolatadas de navidad y por las dádivas directas, es decir la política de la mercantilización del voto.
Todo momento crítico es una oportunidad para revertir el statu quo (estado actual de las cosas) y espero que este revés de la ilusión genere un momento de cavilación que nos permita a todos los chacasinos elegir a un  alcalde, porque ahora no tenemos*.  Que este tiempo perdido en el que no sabemos en qué se ha gastado el dinero público o no sabemos por qué se ha guardado tanto dinero habiendo tantas necesidades que atender nos permita elegir a un alcalde que tenga la virtud de la transparencia y la eficacia.
Tenemos 30 años de vida política como provincia y ningún alcalde  ha sabido ni podido concretar un proyecto de desarrollo provincial, no sabemos a dónde vamos, ni cuáles son nuestras metas como sociedad, ni siquiera cuáles son los baluartes sobre los cuales construir sosteniblemente  nuestra identidad.
Después de 30 años de vida política como provincia, la ineficiencia e ineptitud es un  deplorable homenaje que le ofrecemos a Chacas, a los chacasinos y a esos grandes hombres que forjaron ese  caro anhelo de nuestros ancestros, ¡ser provincia!.
A pesar de todo, tenemos a la Parroquia de Chacas que ha contribuido tanto a favor de Chacas y al Gobierno Regional que ha construido la hermosa carretera Carhuaz-Chacas-San Luis.
Con el deseo que las cosas cambien para bien -porque no hay no mal dure mil años ni cuerpo que lo resista- , que Chacas no pierda la esencia de su ser y que en el futuro sepamos elegir bien; les deseo   ¡FELIZ ANIVERSARIO HERMANOS CHACASINOS, ASUNCENOS!.

*Digo que no hay alcalde porque no se evidencia su existencia, no porque desconozca su autoridad.

lunes, 25 de noviembre de 2013

MARADONA, DELMAR Y LA EFEDRINA

Selección del Colegio Amauta Atusparia. COPA CÓNDOR DE CHAVIN. Parados: Lucho Flores, Máximo Conroy, Edmundo Egusquiza, Hugo Negreiros, Lizandro Falcón, Victor Flores. Sentados: Roger Amez, Víctor Carbajal, Edic Amez, Delmar Conroy y Daniel Vega


“Atornillado frente a la pantalla del televisor y amenizando el espectáculo con abundantes tragos de cerveza, cubalibres o whisky, se desgañita, congestiona, aúlla, gesticula o deprime con las victorias o fracasos de sus ídolos, como corresponde al hincha antonomásico. Razones sobradas, señor mío, para que yo confirme mis peores sospechas sobre el mundo en que vivimos y lo tenga a usted por un descerebrado, cacaseno y subnormal.
 Mario Vargas Llosa de Cuadernos de don Rigoberto

Cuando en el mes de agosto en un escenario caprichoso  como es la actuación central de aniversario del Colegio  Atusparia el profesor Mishanko me entregó la foto que precede a la presente nota se me ocurrió que había llegado el momento oportuno de hilvanar esta historia que ha estado desde ese día en el tintero, hasta hoy un día melancólico.
La plaza de Chacas por mucho tiempo fue escenario de los más enconados partidos de futbol de los que tenía el privilegio de observar desde el verde y apolillado zaguán de mi casa. Los arcos del estadio improvisado estaban orientados hacia el este y el oeste, lo que  a veces provocaban que la pelota resultara haciendo añicos algunas botellas encaramadas en la estantería de alguna tienda de alrededor de la plaza. Las victimas más continuas producto de esa alineación  especial de los arcos eran mi abuelo Santos y  mi tía Rebeca pues las puertas de sus respectivas tiendas coincidían con el ángulo perfecto para achuntarle un chuñazo al esférico que a veces terminaba entre las botellas de pisco Sol de Ica. Incluso un día cuando mi abuelo reclinado a la pared sobre una silla leía algún diario que con mucho apremio había recibido desde la ciudad de Lima recibió un furibundo pelotazo en los lentes, los que volaron por los aires haciendo piruetas antes de estrellarse en la áspera arista de una piedra. El autor del artero “shoot”, su futuro yerno Venshi, tuvo que hacer componer luego los monóculos de don Santos su futuro suegro.
Como todo fluye, como diría Heráclito, nuestra vieja plaza dejo de ser estadio plegable para ceder el paso al coloso de Huaychopampa  que con el tractor que unió la carretera San Luis- Chacas terminó de ser construido en los predios de los Falcón y bajo la vigilante mirada de la Tía Maura que con garrote en mano vigiló hasta de noche para que no tocaran ni un centímetro de su chacra más allá de los linderos de la venta.  
El estadio de Huaychopampa sería entonces  el nuevo escenario de los más disputados partidos de fútbol entre Chacas y Macuash equipos clásicos de nuestra lejana reminiscencia. Recuerdo que mientras se desarrollaban los partidos, sentado hacia el norte en una piedra el tío Mario alentaba al equipo de sus amores, Macuash; sin dejar, claro está, de hostigar a su hermano Florencio, hincha de Chacas, con el epíteto de Huaychooo; mientras este, desde su trinchera sur  inmediatamente replicaba: “Calla Shuuuuupllu”.
Y así pasó el tiempo y nos trajo la televisión y el Mundial USA 94. Maradona la estrella mundial de todos los tiempo metería a Inglaterra el memorable gol luego del cual fue directo a la cámara en estado de éxtasis como burlándose de los gringos que nos habían ganado la guerra de las Malvinas; pero, que en el futbol nunca nos ganarían. Sin embnargo cual sería nuestra desdicha que luego de la resaca del triunfo enterarnos que el grandioso Maradona se había dopado, drogado con una sustancia con nombre de profesora de química, Efedrina, por lo cual fue expulsado del torneo y enviado a Argentina.   Decían los noticieros que era una sustancia  que se encontraba en el compuesto Formula 44  de uso habitual  como broncodilatador.
Sucede que luego del Mundial empezó en nuestra localidad el campeonato “Copa Yanamayo” que era un torneo de fútbol entre las representativos de las provincias cuyas ríos son afluentes del Yanamayo: Pomabamba, Piscobamba, San Luis y Asunción. El equipo de Chacas estaba capitaneado por Delmar, y otras estrellas en indiscutible declive como Mundo, Shalluco, entre otras viejas glorias. Delmar, que en sus tiempos mozos había demostrado una constitución y vivacidad  asombrosa ahora padecía los efectos del tiempo y el deterioro físico. Otro que demostraba desgate y cansancio físico en cada partido era Tomaco; pero, en este caso siendo más joven que Delmar, obviamente otros eran los factores como entenderá el público espectador.
El encuentro estelar se desarrollaría el domingo. Era la final entre  Chacas y Pomabamba y nuestras dos estrellas (Delmar y Tomaco)  estaban exhaustas, ¿qué podíamos hacer?. Entonces a alguien se le activó el ingeniero. “Oye por qué no les damos formula 44, no dicen que tiene efedrina…”. Claro, teníamos que garantizar un buen desempeño si queríamos ganar. Entonces en la tienda del tío Estenio compramos dos frascos de Fórmula 44 los que los trasvasamos a unas botellitas de Coca Cola. Antes del partido les hicimos beber la mita del contenido  a cada una de nuestras estrellas y luego sorbo a sorbo en el entretiempo e increíblemente el despliegue físico de ambos fue espectacular aunque Delmar se lució mucho más anotando varios goles. Tomaco aunque correteo como un becerro cerril tuvo una participación ineficaz. Haciendo luego  el análisis del por qué de esa diferencia en el desempeño, nos dimos cuenta que ello había sucedido por que Delmar bebió la Formula 44 con expectorante y Tomaco la Formula 44 con silencium que lo silenció.

Fue una hazaña sin lugar a dudas y el trofeo ahora luce empolvado en la sala de sesiones del municipio cual cordero degollado colgado de una pita.

sábado, 2 de noviembre de 2013

NOS ESTAMOS QUEDANDO SOLOS

El tio Alejadro Bazan Pittman.


“Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa
 queda disminuida, como si fuera un promontorio, 
o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.”  
John Donne
Una noticia aciaga nos sorprendió en el cementerio, mientras conmemorábamos un año del fallecimiento de doña Vitalia Luna, la muerte del tío Alicho (Bazán). Inescrutable configuración de circunstancias que el destino se afana a veces en brindarnos.
Una palabra es -a veces- suficiente para definir a un hombre y en el caso del tío Alicho qué duda cabe que él término que lo define es “acomedido”* en toda la  extensión su significado. Siempre  lo recordaré como el gordito bonachón envuelto en un poncho habano que recorría cada grupo que se formaba en torno a la plaza y en el que encajaba mejor era entre los jóvenes  sin duda por su espíritu juguetón. Su hablar atropellado, su correa para la broma, su acuciosidad para el festejo y la colaboración eran un rastro indisoluble de su humanidad.
                Como olvidar sus monsergas, en su calidad de director de la escuela, cuando alumnos allá en la escuela junto a la iglesia, en la que cada mañana nos instaba a todos a bañarnos en las aguas “calentitas de Hurahuanca”, que “un pantalón parchado pero limpio es más digno que un traje sin parches pero sucio”. Como olvidar su bonhomía y complicidad con sus pupilos, que tenía por legiones, para ponerles el mote preciso.
                La imagen más nítida que fluye de mi memoria cada vez que escucho al Conjunto Musical Ancashino Atusparia  es aquella en la el tío Alicho, con su pañuelo blanco flameando y con una mano sobre la espalda, disfrutaba del huayno “Huarcinita” con su característico siseo y sonrisa a flor de piel, frente al imperturbable escrutinio de rostro ceñudo de sus tres hijos rubios que miraban desde el cuadro que colgada en la pared de la sala.  
                Como olvidar que, quien sabe por él llegue a aprender a disfrutar de la lectura, pues cada vez que compraba un  comic para sus hijos (mis primos) los leía también yo, convirtiéndome un lector pirata. Como olvidar de su biblioteca en la que estaban colocados en fila los seis tomos impolutos de las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma que me las fui devorando poquito a poco gracias a que me los fue prestando uno a uno.
                Jhon Donne decía: “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Por ello cuando muere alguien muere una parte de nosotros. Por esa parte de nosotros que vivía en él es que ya no será posible la chacota entre el tío Alicho y ese otro gordo entrañable, Uruchi, en ninguna tarde de invierno. Pero el hombre no muere del todo y más aún cuando es bueno, pues su bondad se extiende más allá de la vida.
                Finalmente como un homenaje al tío ausente, a quien le gustaba tanto bromear, os contaré una anécdota del día de los muertos.
Sucede que un día como hoy, “día de los muertos”, Meche preparaba una serie de delicias y bocadillos recordando a su madre doña Virginia fallecida hace algunos años. En realidad se había preparado desde el día anterior amasando los panes, cortando el repollo y fileteando el tocino pensado homenajear el recuerdo de su madre a quien la parca se la había arrebatado.
Mientras su esposo, Jishu, a quien la suegra en vida había rebautizado con el grotesco mote de “Hornupa santun”** bebía unas cervezas con sus amigos en los arrabales del pueblo. La tarde avanzaba y el debate sobre la política local y las trapacerías del alcalde  se tornaba por momentos candente. Llegó un momentos en que Jishu vio el momento oportuno para escabullirse con el truco del baño. Con su caminar sinuoso que evidenciaba que había bebido más de la cuenta bajó por sobre el empedrado descuidado que terminaba en unos profundos charcos frente a su casa, y llegó a su hogar e inmediatamente se sorprendió al ver la luz encendida del comedor, pues la noche estaba muy avanzada. Y más sorpresa aun le causó que Meche, quien sabía que cuando no llegaba a casa temprano estaba bebiendo, nunca le dejaba siquiera una sopa fría, ahora le había dejado sobre la mesa un buen plato de puchero con buen trozo de tocino y unos deliciosos panes alrededor. Sin perder tiempo le metió diente a tan exquisito majar que lo reanimó. Cuando de pronto de entre la cocina apareció Meche con un tazón conteniendo un dulce de duraznos entre las manos y en el rostro una furia contenida.  Jishu, que percibió la furia, pensó que era por su embriaguez; sin embargo, no cabía en su razonamiento tantas atenciones como el dulce de durazno. Solo cuando Meche pudo hacer estallar su furia para decir: “Oye so cojudo, te estas comiendo el “Tatzikuy”*** para mi mamá”, se dio cuenta que se había devorado el “puchero” de su suegra.

* Servicial, oficioso, obsequioso.
** En Chacas como en muchos lugares de la serranía hay la costumbre supersticiosa de hacer esculpir un rústico rostro sobre la puerta del horno, y se supone que es el rostro de quien uno odia o ama, es ese rostro al que denomina “Hornupa santun”.

*** “Tatzikuy”, merienda que se ofrece a los muertos en la noche del día  de los muertos (Primero de noviembre).

jueves, 10 de octubre de 2013

EL BARBERO DE CACHCA


Sobre los avatares de un oficio



Estar sentado atendido en la peluquería no es solo un momento de peculiar cuidado de la presentación personal, sino también ocasión propicia para confesiones de toda laya con inesperadas y divertidas consecuencias.


Por Manuel Roca Falcón

Uno de los artesanos más cotizados en los pueblos de nuestra serranía ha sido, es y será el peluquero. Es un oficio que implica cierta pericia para esquilar el cabello de los seres humanos cuyo propósito tiene que ver con la higiene, básicamente, y la estética, eventualmente. En Chacas hemos tenido peluqueros de diversa laya; como aquellos herederos de la estética nazi, dentro de los cuales podemos encontrar al peluquero errante a quien llamábamos “Bok, Bok alemán”, dentro de los cuales estaban también mi padre y el tío homónimo de mi padre. Había también aquellos que traían la onda moderna, y de ellos es inevitable recordar la efímera existencia de la peluquería Baber Shop, de nuestro finado amigo Rigoberto Amez, que en sus correrías por la costa había aprendido aquel oficio riguroso de barbero. Dentro de esa onda existió, durante mi época escolar, la peluquería de don Samuel Pajuelo, viejo oficioso de quien decían tenía siete oficios. (Un paréntesis: como su esposa apellidaba Villachia, a sus hijos los bromeaban en la escuela con la frase: “Ya se jodió Pajuelo, se perdió mi billa chica”).

Durante mi época escolar, el peluquero más requerido era don Samuel Pajuelo, hombre curioso y emprendedor que instaló una peluquería en los predios de Cachca en cuyas instalaciones uno podía ver un inmenso espejo que reflejaba el cuerpo entero de sus eventuales clientes y un inmenso sillón giratorio, más parecido a una silla de dentista, que a primera impresión inspiraba temor. En aquel paquidérmico sillón soportando eventualmente un jalón de mechas producto de un diente roto de su roída máquina de peluquear, esperamos la ejecución de aquel corte cuadrado que había traído como novísima moda a estos alejados dominios olvidados hasta por Dios. Al frente estaba, como recordándonos el pago inmediato de las monedas que tintineaban en el bolsillo, aquel antiguo cartel colgado de un clavo donde se leía: “Yo vendí al crédito, yo vendí al contado” mostrando a un hombre delgado derrotado frente a otro rechoncho que, con las manos en el tirante, se mostraba pletórico de éxito.

Las peluquerías en cualquier lugar son y han sido si no el centro neurálgico del rumor y el chisme, por lo menos del comentario y la sana recomendación. Un día, un parroquiano de Vizcas se hacía esquilar la crecida cabellera mientras intercambiaba comentarios sobre la escuela y el rendimiento escolar. Le comentaba el preocupado vizcasino de las frustraciones que le ocasionaba su menor hijo estudiante del colegio con notas desaprobatorias. Ante lo cual el peluquero le comentaba la importancia de una buena alimentación para el buen desempeño de los alumnos. Sobre esa aseveración, el descontento campesino le replicó: “Don Samuel, alimentación  no creo que sea, porque imagínese, este año ya nos hemos comido dos portolas”, provocando una hilaridad contenida del viejo peluquero, que solo atinó a arquear el entrecejo. 
(Publicado en "El Pregonero" del año 2013)

sábado, 5 de octubre de 2013

CASHA WALTO, EL MINERO DEL INFORTUNIO

El Maestro Celso Vidal Villanueva, mi tío, en la Plaza de Chacas. Un recuerdo de las largas charlas, luego del lonche, bajo la intensa mirada de sus ojos azules, apurando su interminable anecdotario.

  
Una tarde cercana al anochecer, el maestro Celso, recibió la visita de Casha Walto, cuyo nombre verdadero era Heriberto Cerna Egúsquiza, su amigo vocinglero  y soñador que vivía en Ichic Colpa cerca al río, contándole al viento sus sueños de esplendor.  Colgadas por sobre el somier del catre, las cuerdas  que sostenían las piedras para mantener el  tobillo recto, provocaban un hormigueo en las piernas del maestro Celso; quien yacía en el camastro que le habían improvisado en un cuarto de la planta baja de la casa. Pues curaba la fractura del tobillo producto de un pie vengador puesto  en el momento y el escenario preciso para disimular la venganza de un marido humillado. No tenía otra alternativa que soportar el suplicio de permanecer tirado en la cama durante los tres meses que había recomendado el huesero para que soldaran los huesos de la tibia izquierda fracturada. Solo la lectura de algún libro de Vargas Vila era su distracción durante esos días fríos de invierno en el que permaneció sobre la cama. El artero golpe que recibió en el tobillo durante un partido de fútbol le dejó la imborrable imagen de acometida bestial que le provocaba una sensación de asco. De hecho, el recuerdo de aquel acto cobarde, producto de la imputación de infidelidad, no se alejaba ni con las historias licenciosas de Vargas Vila, menos se quedaban ocultas cuando intentaba dejarlas escondidas entre las hendiduras de las vigas de la bóveda.  Esporádicamente recibía la visita de algún colega o algún familiar cuyos lamentos por el incidente, no hacían más que exacerbar su rabia y frustración por estar impedido de salir al portón de la casa, mirar el pasto verde de la plaza por donde caminara algún transeúnte y fumarse un cigarrillo mientras entre las ramas del ciprés del frente trinara imparable un zorzal.
Casha Walto era un viejo minero, con el rostro arrugado por los años y el trajín entre los farallones de las alturas de Chacas, que dilapidó su fortuna y su vida en busca de la legendaria mina de los Llashag, que según cuenta la gente; a la que sus dueños iban la escarbaban y cargaban un costal lleno de oro,  lo que les duraba para mantenerse un largo tiempo. Luego, estos pobladores originarios de Chacas, en agradecimiento por su suerte, heredaron la mina a Mama Ashu, la Patrona del Pueblo. Sin embargo, cuando murieron no tuvieron el cuidado de avisar la ubicación exacta de la mina. Solo quedó de su fama el rumor, además de su prodigalidad,  que estaba ubicada en las alturas de Mácuash, en la dirección de Pachan Puncu (La puerta lateral) de la Iglesia de Chacas.  
Casha Walto acabó su vida buscando aquella fabulosa mina, descuidando incluso la búsqueda que para muchos sería la más importante, la búsqueda de consorte que le ayudara a sobrellevar  los aciagos días de desilusión y fatiga de su eterna exploración minera. Nunca pensó en dejar heredad, todo lo que tuvo lo usó para alimentar aquel sueño quimérico. O quien sabe si no ideó la farragosa pesquisa de esa fábula, sabiendo  que nunca la encontraría; sino para olvidar alguna desilusión amorosa.
Ese día, ingresó al dormitorio del maestro Celso encasquetado de un sombrero habano, recién hormado en la sombrerería de don Crecencio Amez. Se lo quitó para saludar a su amigo y lo puso sobre la silla colocada contigua a la mesa, en la que flameaba una vela a medio consumir; que alumbraba la menuda letra del libro de Vargas Vila cuya lectura ababa de ser interrumpida por el maestro  para recibir al amigo. Llevaba además consigo un trasto desconocido para el maestro, el cual le motivó una intriga que se cuidó en no manifestar.
Apenas se sentó en la silla que le ofreció el maestro; luego del saludo y de apenarse de la dolencia del amigo, se desaforó en un extenso y épico relato de sus aventuras y exploraciones por cada uno de los centímetros cuadrados de los cerros que había caminado en busca de el "Dorado Chacasino", la mina que los Llashag dejaron a la virgen  del que solo había que llenar oro en un par de talegos para asegurar toda su existencia y de sus generaciones venideras. Le contó además que todas las alhajas de la Virgen; candelabros y diademas  habían sido hechos con el oro de esa  mina. Solamente lamentaba que hasta ese momento no había tenido la suerte de encontrar aquella bendita mina que le sacaría de la pobreza y del infortunio. “La Virgen está poniendo a prueba mi paciencia, pero un día la encontraré”, decía con esperanza. “Sabe maestro Celso, me he comprado este detector de minerales”, dijo señalando el trasto extraño con el cual había ingresado. “Me ha costado un poco caro; pero; vale la pena porque con esto encontraré si no es esa mina, cualquier otra”. Luego, lo encendió para mostrar al maestro su funcionamiento; y el detector casi inmediatamente empezó a chillar, y conforme lo movía hacia a la cama donde yacía el maestro se intensificaba el chillido. “¡Maestro Celso!, ¡acá debe haber un entierro!”, le espetó emocionado. Creyendo haber encontrado el tesoro que la Virgen le había reservado pretendió levantar el entablado del dormitorio, totalmente descontrolado. Ante tal alboroto los cuñados del maestro lo redujeron y a empellones lo hicieron desistir de su desenfrenado intento de desentablar el piso.

Ya calmado, en su casa,  en un  retazo del saco de papel de azúcar, premunido de un lápiz de carpintero, diseñó un croquis del tesoro escondido, con descripciones precisas que con el tiempo los ratones se encargarían de cifrarlos. Ese vetusto papel con el croquis, que remedaba el mapa de un pirata loco, un día llegó a las manos de un comandante del puesto policial... pero… esa historia será objeto de otro relato.

UNA CARTA DEL RECUERDO


Corrían los infaustos días del año 1998 en la que la dictadura Fujimontesinta hacía estragos de moral nacional y tal parece que la realidad de nuestros pueblos no ha cambiado. La carta que a continuación revelo tiene tan solo  fines terapéuticos y la suscribimos en ese entonces con la intención de recuperar la política para la decencia. Sin embargo, parece que estuviéramos hablando del presente, la realidad patéticamente no ha cambiado.
Lamentablemente nuestra invitación no tuvo la suerte de hacer cuerpo, no obstante vale la pena imaginarse que hubiera sucedido  si el profesor Antonio Noriega hubiera aceptado nuestra invitación, quien sabe si la historia de Chacas no sería diferente, porque qué duda cabe que es en ese periodo que se firmó la partida de nacimiento de la actual política de la dádiva.

Chacas, 27 de abril de 1998.
Señor:
Antonio Noriega Vizcarra.
Por intermedio de estas líneas, un grupo de exalumnos y amigos suyos le hacemos llegar nuestro afectuoso saludo. A pesar que han trascurrido muchos años de su inolvidable labor docente y social en nuestro pueblo, consideramos como si esto hubiese pasado hace poco.
Recordamos como si fuera ayer, cuando profesores y juventud,  de la mano, preocupados por el desarrollo de nuestro pueblo emprendíamos grandes jornadas de trabajo y gestión bajo la acertada dirección y dinamismo de su persona. Por eso al ver hoy la preocupante realidad de la actual gestión municipal que se caracteriza por un arraigado personalismo y figuración en desmedro de la institucionalidad democrática, con el agravante del desprecio de nuestra gente humilde y pasiva, ha venido y viene practicando una administración a espaldas del pueblo. Por esta situación como hijos propios de nuestro pueblo nos hemos inquietado por buscar un camino de reivindicación de las buenas costumbres y el respeto que cada uno de nosotros nos merecemos.
Por estas razón, evaluando y buscando nuevas alternativas y posibilidades, en el entendido que en su persona sigue aún latente las mejores aspiraciones de servicio y nada más que eso, para nuestro pueblo, este grupo de ciudadanos hemos visto en  usted la persona idónea y capaz, para revertir las pésimas gestiones, de esta década, que solo han traído atraso y frustraciones para nuestro pueblo. Acudimos por ello, a su intachable conducta moral y capacidad profesional, para proponerle sea usted el abanderado de estas aspiraciones, encabezando una lista independiente para el municipio provincial de Asunción, con miras a las próximas elecciones municipales.
Esta propuesta se la hacemos teniendo en cuenta, que quienes detentan el poder municipal, hacen uso y abuso de las maniobras políticas, aprovechándose de las urgentes necesidades e inocencia de nuestros campesinos;  por lo que vemos en usted una persona ideal para contrarrestar y anular estas insanas acciones.
Bajo este marco, los que al final suscribimos, muy seguros que lo hacemos a nombre de muchos más ciudadanos, nos comprometemos a trabajar junto a Ud. En este importante empeño cívico de manera incondicional.
Con la seguridad de que este anhelo no se nos será negado, nos despedimos reiterándole nuestro reconocimiento y más alta estimación.
Atentamente;

Delamar Conroy Melagarejo.
Rigoberto Balmaceda Cerda.
Edmundo Egusquiza del Rio.
Gustavo Conroy Solis.
Severo Arana Falcón.
Nemesio Minaya Cerda.
Francisco Huertas Handavaka.
Manuel Roca Falcón.
Orompelio Alva Cerna.
Aldo Cueva Domiguez.
Guillermo Roca Saavedra.
Irma Espinoza Cueva.
Asucena Portella Saavedra.


     

miércoles, 25 de septiembre de 2013

ENTRE BUCANEROS, QUIÉN NOS SALVA DE LOS ALCALDES


Botines y promesas en política

Entre bucaneros

El botín entre bucaneros era el reparto de lo desvalijado a los barcos que comerciaban entre América y Europa. El termino proviene del escandinavo byti (intercambio, trueque, compartir, distribuir). Y vaya que el término aún tiene vigencia, por lo menos en nuestra política local. Esta nota da cuenta de ello.


Por Manuel Roca Falcón*



Asistimos, en nuestra zona, a circunstancias sumamente críticas del ejercicio de la política, que gráfica de manera palmaria la falta de ética y de capacidad de nuestros funcionarios ediles, que se traduce en la inoperancia y esquilme del erario público. Por ello no es casual que tengamos en cada jornada electoral una cuadrilla de aventureros que, cual bucaneros de otros tiempos, van tentado suerte en el Mare Mágnum de nuestra política. Ellos trafican con la esperanza del pueblo, con la aspiración de una vida mejor, con la ilusión de alcanzar el progreso y el desarrollo. Llegan de todos lares desempolvando recuerdos, resucitando linajes olvidados, improvisando artes que no tienen, esperando sentarse en el preciado sillón del que un día tal vez edificarán la desdicha del pueblo.

En tiempos en que la generosidad es una virtud casi en extinción, es absolutamente inverosímil como estos, cual especie de novísimos miembros de la orden medieval de los mendicantes, han exhumado los viejos hábitos y hacen votos de pobreza renunciando a propiedades y poniéndolas a disposición de los miembros de la comunidad. Cada cuatro años aparecen peregrinos a poner en práctica su fingida caridad, su cortesía, su cordialidad y, sobre todo, su preocupación profética de un futuro mejor para el prójimo.

Luego de una dura disputa donde la inquina, la maledicencia, la intriga y el engaño han surtido efecto, alguien será catapultado a ser el reyezuelo; aquel que extenderá su gobierno con el único criterio del cálculo y la ventaja. La gestión pública, entonces, se habrá convertido en un cronograma de atención de recompensa de favores a quienes han sufragado los gastos del triunfo, obviamente previo pago del diezmo de la nueva religión del dinero. De modo tal que el botín estará merced de los filibusteros cuyo único objetivo es alimentar las voraces fauces de la codicia, mientras el pueblo no tendrá servicios básicos, las carreteas vecinales estarán abandonadas, las calles semejarán a un paisaje desolador de posguerra y, de cuando en cuando, una taza de chocolate y un pedazo de panetón serán el paliativo al hambre eterno.


Al margen de la metáfora de piratas, es necesario repensar nuestra atribulada condición de ciudadanos permanentemente defraudada y, a partir de ella, articular acciones que nos permitan revertir esta mala práctica del ejercicio de la política y recuperar la capacidad de indignarse para, a su vez, ejercitar una práctica política activa y militante en favor de una gestión concordada, planificada, informada y que tenga visos de legitimidad.

Los dos grandes eventos históricos de nuestro pueblo: la elevación a categoría de provincia, gracias al esfuerzo de nuestros abuelos, y la construcción de la carretera Carhuaz-Chacas-San Luis, gracias a la voluntad política del presidente regional Cesar Álvarez Aguilar y el esfuerzo de muchos chacasinos, habrán sido esfuerzos vanos si esos dos factores no están unidos a una gestión municipal que los vea como oportunidad para el desarrollo de capacidades de sus ciudadanos. Tenemos que entender que las actividades económicas a desarrollar tienen que ser debidamente planificadas y concordadas con los actores; no creemos en iluminados que piensan que el antojo de alguien es nuestro futuro. El turismo, la agropecuaria, la artesanía son las bases sobre las que tenemos que construir nuestro futuro porque ellas han delineado ya las rutas por donde caminar.


Así que, para no arrepentirnos, tenemos que definir el perfil del próximo alcalde con responsabilidad y, sobre todo, despojándonos de prejuicios estúpidos y de pasiones perversas, cuyos resultados sufrimos ya patéticamente. Yo, por mi parte, ya alcancé a través de otros medios mi propuesta: nuestro candidato debe ser alguien que viva en Chacas porque sabe y sufre con nosotros nuestros problemas, porque no creo en vocaciones de servicio que levitan solo en tiempos electorales, porque siendo de Chacas no será un alcalde de miércoles. Nuestro candidato debe tener probada condición ética y moral porque ya no podemos permitir que nos roben el futuro. Nuestro candidato tiene que ser alguien con experiencia probada de gestión pública, porque para aprendices ya hemos tenido suficiente.

sábado, 29 de junio de 2013

“TANQUE SUA SANLUISINA, SUPREFECTA CHUCRA”

Doña Eulalia Saavedra

"El poder nace del bastón"

Cada vez que entro a la sala y levanto el mentón veo el rostro deliberamente emblanquecido, con una nariz aguileña que tal vez no tuvo, la trenza que descansa sobre la espalda, el collar de oro ornando el menudo cuello que emerge ligero por entre el lienzo  verde del traje que quien sabe nunca existió. Es la imagrn de mi abuela Eulalia Saavedra pintada por algún pintor desconocido de aquellos que pintaban novios recién casados suponiendo joyas, vestidos y linajes   como intentando suplir lo que hacia falta para eternizarlos en la posteridad.
Mi abuela, fue originaria de Ochco Colpa, un poblado de San Luis, donde crece el cactus que produce las tunas. Desde allí, un recio peón a lomo de burro, cada temporada de verano traía para  la tía Rebeca, nuera de  mi difunta abuela, media docena de cestos con las preciadas tunas. Cada vez que el recio peón pasaba airoso  por Sequia Calle* sabíamos que esos días el almuerzo tendría postre. En efecto en la tarde una joven rolliza ingresaba a mi casa con un ceso de tunas, era el envío generoso de la tía Rebeca. De la condición de productor de tunas de Ochco Colpa mi abuela heredó  el mote de “Shuca Pupu”** que tal vez nunca escuchó; pero, que con intensión de denostarla algunas personas la zaherían secretamente con tal epíteto.
Pues, entonces debo confesar, para beneplácito de mis muchos amigos sanluisinos quienes tienen un bastón como adminículo disuasivo, que tengo sangre saluisina. Chacas y San Luis son dos pueblos cuyas rivalidades han dado lugar a que ambos se desarrollen como consecuencia de la competencia exacerbada de entre ambos. Cuando San Luis se convirtió en provincia Chacas no se podía quedar, suplicó, lloró y llegó a ser provincia; cuando Chacas consiguió colegio los saluisinos jamás vendrían a estudiar al colegio de Chacas; entonces lloraron, suplicaron y gestionaron su propio colegio.  De esta rivalidad irrenunciable de ambos pueblos tenemos muchas anécdotas; pero, solo quiero contarles dos que siempre han estado latentes en mi recuerdo desde niño.
Eran los años en que teníamos una pequeña hidroeléctrica construida por la Confederación Luterana para ambos pueblos, que fue instalada por los holandeses, y que conforme crecieron ambos pueblos, su potencia ya no abastecía la demanda de electricidad. De modo que la solución salomónica para que tuvieran energía eléctrica fue que el suministro fuera alternado: un día para Chacas y otro para San Luis. Así permanecimos, resignados a la alternancia  por un buen tiempo, hasta que una noche en que se celebraba una fiesta en Chacas, en medio de la parranda,  la luz intempestivamente se fue. Al rato llegó la noticia que una incursión de pobladores sanlusinos había consumado la sustracción todos los fusibles de la hidroeléctrica y trasladado a San Luis dejandonos en tinieblas, como venganza por una equivocación en la alternancia. Incursión, además, que había sido encabezada por una chacasina, casada con un  distinguido sanluisino, que huyó luego de la sustracción hacia San Luis junto a sus seguidores y su preciado botín en una camioneta. De ese modo que nos quedamos sin luz por más de una semana hasta que se aclararon los hechos y se dieron las disculpas correspondientes.
Otra ocasión durante  el mantenimiento de la carretera Chacas Carhuaz  trajeron un tanque de combustible, que luego de los trabajos de mantenimiento quedó abandonado a la vera de la carretera. A la sazón tenía San Luis, como adelantándose a los tiempos,  una subprefecta, quien viendo la inutilidad de tener un tanque abandonado había previsto mejor destino en su tierra, San Luis, para aquel tanque. Así que un día secundada por sus más leales colaboradores trasmontó la Punta Olímpica en un vetusto volquete alemán con la intensión de trasladar a San Luis el abandonado tanque. Mientras en Chacas enterados de lo que según ellos era una de intensión de  latrocinio de la suprefecta; el alcalde y las autoridades en una especie de blitzkrieg,*** con una capacidad de  reacción inaudita, le tendieron una barricada en la salida Chacas.   De modo que cuando la subprefecta pasó e intentó salir de Chacas se encontró con las autoridades detrás de la barricada en estado de guerra. Así que no le quedó otra cosa que descargar el tanque en el mercado de Chacas dónde con el tiempo se evaporó.
Este hecho le dio nombre a una curva de carretera que está ubicada al otro lado de la cordillera. El tío “Nene”, un día llevó una lata de pintura y escribió, en una roca cerca de donde estuvo el tanque, lo siguiente: “Tanque sua sanluisina, suprefecta chucra**** y desde esa fecha la curva se llama Tanque sua.
Chacas, 29 de junio de 2013.

* La calle de la asequia.
** Shuca: la espinilla de la tuna ; Pupú: ombligo
*** Guerra relámpago
**** Sanluisina ladrona de tanques, subprefecta flaca reseca.

martes, 21 de mayo de 2013

DON PUSHPI, EL PISHTACO.

Don Prospero Roca Vidal

              En el flanco oeste del rectangular patio de la casa en que vivo y que fuera de mi abuelo don Prospero Roca Vidal, cuando niño recuerdo, había una habitación cuya puerta marrón era custodiada por dos macizos candados corroídos por el tiempo y el olvido. Solo por la rendija de la puerta, atisbando en la oscuridad de la habitación, se podía adivinar la tosca silueta de fierros con formas extrañas  para nuestro impúber entender. En las paredes, ayudados por la débil luz del día que se filtraba por las hendiduras de la puerta, se podían ver colgados en las paredes teléfonos y otros trastos desconocidos para nuestro entendimiento.
                Cuando el tiempo inherente a los días pasaban y nuestra curiosidad traspuso la rendija de la puerta  pretendiendo descubrir que escondía esa misteriosa habitación iríamos a comprender que esos fierros mohosos que permanecían como monstruos en reposo fueron la admiración de los chacasinos y el orgullo de la familia. Eran la turbina pelton y el generador  fabricado por la Siemens Alemena y que el abuelo había comprado para iluminar el pueblo y que un día fortachones cholos trajeron cargándolos en kirma1 y a lomo de mula desde Casma bajo el mando de Clemente, ese cholo recio e indómito que murió desamparado y empiojado en su lecho de pellejos de oveja.
Pero  esos monstruos metálicos que un tiempo iluminaron las noches tristes y lúgubres chacasinas originarían la fama de pishtaco de mi abuelo don Pushpi, fama que se extendió a sus hijos  de los que se decía que andaban degollando gente, salteando en los caminos inhóspitos, para extraer la grasa a sus pobres victimas  que luego servirían para lubricar las delicadas piezas que las maquinas tenían en sus panzas. En mi ingenuidad no cabía como un viejo bonachón, casi  semejante al viejo Papa Noel que la maestra nos había dibujado en la pizarra, podía andar despanzurrando gente y luego repartir golosinas entre la rapacería que se reunía en la plaza del pueblo atraídos los confites que el abuelo repartía  como a polluelos que reparte maíz llamándolos: “chipa, chipa, chipa2…..” mientras ellos se revolcaban  en torno suyo tratando de coger un caramelo.
Cuando el abuelo con fama de pishtaco tenía varios años de finado, estimulado por la curiosidad hurgué, con la ingenuidad de mi niñez, cada resquicio, cada rincón oculto, cada aljarafe de la inmensa casa que nos legó  buscando algún indicio, alguna evidencia de ese oficio infame que la gente le había endilgado. Sin embargo, no hallé nada que me condujera a tener la certeza de lo que la gente circulaba con afán maledicente contra ese viejo que casi no tuve tiempo de conocer y cuyo retrato colgado en la sala de la casa hablaba más bien de un espíritu dulce y generoso.
Un día, después muchos años de muerto  mi abuelo, mi madre hacia trabajar a un bracero en el patio trasero de la casa recolectando el estiércol de las ovejas para regarlas luego en la huerto.  El hombre luego de ver las catacumbas que hay en los cimientos de las casa entró en pánico y se quejaba  de su desventura al estar en ese patio a merced del filoso cuchillo  de los pishtacos que su imaginación le hacía ver: “Cuncatzura shejshimaran cayman yaykaskamunapa? Kairachi imaykaga, kayllanachar  ora karan ari3se lamentaba. Mi madre, desde la terraza de donde lo observábamos le dijo: “Au Eloy, imananquita4”. “Mamay keytatzura ruraycamanqui au, kaychoga kunkatachar pishtakayamanga5replicó Eloy.  Mi madre inmediatamente preocupada por las inaudita reacción, le abrió la puerta por donde Eloy despavorido corrió como alma aburrida, raudo al que no lo vimos más.
Y ahora después de tanto tiempo el pueblo casi no ha cambiado las conjeturas y los odios ahí están latentes y gobiernan los espíritus ruines.


1 Kirma.- Camilla
2 Chipa.- Expresión onomatopéyica para llamar a los pollitos o gallinas.
3 “¿Me habrá cosquilleado el cuello para entrar aquí? ¿Esta es mi última hora de vida pues?”
4 “¿Oye Eloy que es lo que tienes?”
5 “Mamita ¿por qué me has hecho esto?, pues aquí me van a cortar el cuello.

viernes, 3 de mayo de 2013

ALLAU MARCALLÁ


Quiero antes de iniciar esta nota declarar de manera categórica que no tengo, ni tendré, ningúna aspiración política por razones obvias. Siendo así,  las reflexiones que a continuación expongo son las de un ciudadano decepcionado de las  pésimas gestiones ediles que durante ya mucho tiempo sufre muestro pueblo.
Parafraseando al poeta español Jorge Manrique podríamos decir que, con honradas excepciones, todo alcalde pasado fue mejor porque el siguiente será peor. Claro, esto si nuestros ciudadanos continúan con la bendita manía de escoger al peor, a aquel que no respeta el séptimo mandamiento, a aquel que le interesa un bledo el interés público. Y toda esta manía tiene  como sustrato algunos  elementos  y mitos que a continuación describo.
EN CHACAS SE VOTA CONTRA ALGUIEN.- En todas las elecciones se vota contra alguien favoreciendo a quien sea, con tal que no sea elegido ese contra quien se vota. Y se está en contra de alguien  no porque tenga malas ideas, porque sea deshonesto  sino simplemente porque no es complaciente, solicito a la dádiva y la sobonería. Cabe destacar, para esta ocasión, los términos buena gente y servicial, aquel que rompe las reglas para favorecer a alguien.
EL VOTO TIENE VALOR DE TRUEQUE.- En Chacas como en cualquier lugar del  país se ha establecido un valor de trueque para el voto. Se vota a favor de alguien no por sus ideas, sus planes, su credibilidad, su solvencia moral; si no por una dádiva  una chupeta o un ofrecimiento laboral. De este modo se anula uno de los elementos básicos de la democracia representativa cual es, el escrutinio elemental de las propuestas y planes para un futuro mejor.
CANDIDATO JOVEN MEJOR ALCALDE.- Se cree que la juventud per se es una virtud que viene asociada al  voluntarismo y la idoneidad. La juventud no es excluyente de la capacidad; pero, no siempre vienen juntos, si no piedras al canto.
ROBA PERO HACE.- Es la expresión superlativa de la deshonestidad pasiva. Validar que alguien haga y robe es de alguna forma afirmar que el robo se justifica por las obras que hace quien roba. Es de alguna forma decir que yo haría lo mismo y estaría bien porque estoy haciendo y si hago, el robo como categoría  nociva se diluye.
En una nota anterior plantee algunas ideas que para mí son básicas si queremos que nuestro próximo alcalde no sea peor que su antecesor.
Primero, tiene que ser alguien con solvencia moral, profesional, y experiencia en el campo de la gestión pública. Que entienda que el presupuesto público es público y por lo tanto debe manejarse con transparencia y con la participación de sus beneficiarios.
Segundo, tiene que ser alguien que viva en nuestra provincia, que haya sufrido, por ejemplo, igual que el resto de los ciudadanos la insalubridad del agua, que haya sufrido la desilusión de una gestión que se sustenta que el personalismo y la autosuficiencia en desmedro de la participación ciudadana.
Tercero, tiene que ser alguien  que propicie una gestión convocante, que provoque una sinergia orientada a focalizar los problemas para solucionarlos desde todos los frentes. Alguien que entienda que la educación es la mejor obra sostenible y largo aliento que pueda construir.
Sospecho que no podré influir en muchos; pero, si he influido en uno no habrá sido una tarea vana. Hacer entender que se elige entre ideas, planes y programas para vivir mejor y no para tragar saliva de impotencia y coraje mientras un Bertoldino divaga en sandeces, es una cuestión vital.

sábado, 9 de febrero de 2013

A PROPÓSITO DE MANCACARGAS


LA MALDICIÓN DEL INCA

Por Santiago Márquez  Zorrilla
Publicado en el Diario el Comercio de Lima el 25 de agosto de 1946
Una clara mañana de abril subíamos por la cuesta que remata en la punta de Katín, yo y el regidor de Chinlla, Tomas Calero.
Indio ladino, sabia entretener al compañero de viaje, disimulando así el afán de la subida.
-¿Cómo se llama este cerro, donde existen ruinas de  fortaleza antigua?
-Es Katín, taita. Es hermano de aquel otro cerro, donde también hay paredes de gentiles. Ese otro se llama Rihuay. Entre ambos cerros está Chinlla, mi pueblo. En Chinlla, taita, fabricamos las ollas de mayor fama en toda nuestra Provincia.
-Y ¿Cuál es el material que usan Uds.?
-Es el shashall, taita, y la tierra que acarreamos desde Allpabamba (pampa de la tierra) A propósito, taita, ¿sabe cómo aparecieron en esta región el shashall y la tierra de hacer  ollas?
-No sé, Tomás. A ver cuéntamelo.
El indio tercia el poncho amarillo con rayas negras. Modera el andar. A trechos se para, apoyando el robusto cuerpo en su vara de regidor. Recoge la bola de coca en uno de sus carrillos, y dice:
-El Inca, gran Señor del Cuzco, desde Maraicalle, que desde aquí se ve, por allá, por las alturas de Yauya, al divisar por estos lados y contemplar las verdes praderas de Chinlla, Sapchá, Colpa y Cunya y tantas pintorescas poblaciones, envió emisarios a pedir a Katín y Rihuay se sometieran a su imperio y en señal de vasallaje le enviaran doce jovencitas ñustas para su séquito. Entonces, taita, los muy valientes Katín y Rihuay contestaron al Inca con palabras bravas y se negaron a obedecerle. El Inca, que era soberbio y que venía desde el Cuzco sujetando a los pueblos, tomó muy mal esta desobediencia. Subiose a lo más alto de Maraicalle y desde allí tiró con su poderosa honda, primero un puñado de tierra, que cayó en Allpabamba, y después otro puñado de shashall, que cayó sobre Chinlla. ¡Que si mandan lo que el Inca pedía, habría tirado oro y plata, en lugar de shashall y allpa. Por eso aquí en Chinlla estamos condenados a trabajar toda la vida con estos viles materiales, sin conseguir oro ni plata, sino solo sufrimiento y pobreza! ¡Es la maldición del Inca! En cambio Llamallín recibió la bendición del Inca! Porque mandó el tributo que pedía.
¡Por eso sus tierras son tan buenas, que nunca sus cosechas se pierden como entre nosotros!.
Así, melancólicamente, termino Tomas Calero su reseña. Entre tanto llegamos a la cumbre de Katín y extendíamos la vista hacia un panorama delicioso: las alturas de Yauya, las verdes praderas de San Luis, los maizales de Uchusquillo y en la lejanía las cumbres de Piscobamba y Llama.
Desde entonces he venido meditando una y otra vez para desentrañar el contenido histórico de esta leyenda. Lo que me parece probable, helo aquí.
Los Yunpanquis, Kapak el grande y Tupaj el Glorioso, después de rendir por el hambre a las tribus de Chavín y Huari, al llegar a las alturas de Yauya, por donde pasa el camino del Inca, enviaron a sus emisarios a persuadir, según tenían costumbre, con razones de conveniencia política, a las tribus de Chacas, cuyos Curacas  eran entonces Katín y Rihuay (sus nombres han quedado inmortalizados en las cumbres y fortificaciones ya mencionadas) a rendirse voluntariamente al empuje victorioso del Inca y que en señal del vasallaje le mandaran las doce doncellas.
Como todas las demás tribus de la Nación de los Conchucos, las de Chacas se negaron también a entregar las armas sin pelear, Katín y Rihuay, a pesar de sus escazas fuerzas militares, rechazaron la propuestas del Inca invasor, el que envió una expedición militar para reducir a los indómitas tribus de Chacas.
Seguramente lucharon desde sus altas fortalezas hasta agotarse y no se rindieron sino al ver a sus hijos y mujeres morir de hambre y sed.
Hasta ahora la empinadas cumbres de Katín y Rihuay exhiben soberbias sus crestas circundadas de inexpugnables murallones, frente a las opacas alturas de Maraicalle.

jueves, 7 de febrero de 2013

UBACHU, EL MANCACARGA DEL PINO

Ubachu, en su casa de Ichic Chinlla
Foto tomada de la cuenta de Facebook del Sr. Miguel Padilla Blas.


Un hombre alto, con un pesado  bulto de ollas envuelto  en un  poncho raído por el tiempo y el uso, terminaba con esfuerzo sus últimos pasos  para llegar a la sombra del vetusto ciprés que siempre encontraba frente a mi casa. Desenvolvía su pesada carga desentrañando las ollas de los pliegues de su viejo poncho, colocaba cada una de ellas en el flanco norte de la base del ciprés que todos llamábamos “El Pino de Alameda” y se sentaba junto a su mercancía esperando a sus eventuales clientes por muchos dias.
 Mientras tanto a lo lejos, como surgiendo de lo inesperado, por entre las tejas coloradas de las casas se filtraba el tañer de la vieja campana de la escuela del frente. Casi al instante los niños corríamos presurosos a la escuela para evitar  ser conducidos al proscenio y contar, decir una adivinanza, hacer una pregunta, o simplemente sollozar de timidez frente a todo el alumnado, pues era el castigo para quienes llegaban tarde. Y siempre habían alumnos osados que hacían preguntas “capciosas” como aquella que hizo Henry: “Queridos compañeros les voy a hacer una pregunta:  Largo lanudo como para tu culo”. Por unos segundos un silencio sepulcral  sucedió a la pregunta , mientras el profesor Mishanko se recuperaba del desconcierto. “¿Qué has dicho?. A ver repite” y Henry ni corto ni perezoso: “Largo y lanudo como para tu culo”. “A su casa por una semana por malcriado” replicó el indignado profesor mientras Henry trataba de aclarar el malentendido exclamando: “es alfombra profesor, es alfombra profesor”.
Pasado el incidente como corderitos en fila india íbamos directo al salón y el primer comentario de esa mañana, además de la adivinanza de Henry, fue la llegada de Ubachu, el alfarero, que de vez en cuando con sus ollas y sus habilidades de lanzafuegos era el único circo que disfrutábamos los niños del pueblo en las tardes tristes de invierno. Decían que venía de Chinlla, donde incluso había fabricado un reloj que un funcionaba tan perfectamente con el goteo del agua; sin embargo, en Chacas lo estimábamos por sus ollas y sobre todo porque  cada vez que terminaba de vender sus ollas despilfarraba sus magros ingresos en cigarrillos Inca y su "cuarto de botella de compuesto de alcohol". El “Pino” era su hotel, la coca su merienda, y quien sabe el cigarrillo y  alcohol su único consuelo. Cuando estaba de humor nos ofrecía un espectáculo de lanza llamas ingiriendo querosene   y cuando no estaba de humor desde su garguero nos lanzaba alcohol pulverizado con partículas de coca masticada al rostro de los descuidados a quienes nos llegaba como un torbellino fresco de niebla.
Y un día cuando habíamos crecido, Ubachu, desapareció pero dicen que sigue burilando sus ollas en su modesta casa de Ichic Chinlla, sin que nadie se acuerde que tal vez es el último artesano que a través de sus manos da forma al barro y que ese arte durante mucho tiempo nos dio, nos da y nos dará la condición de mankacargas.

jueves, 10 de enero de 2013

RECUERDOS DE ESCOLAR



 He intentado escribir esta nota varias veces, evocando el encanto que producía  en mí la oscuridad develada por los cómplices rayos de la luna en una noche de fines de mayo. Recordar ese terreno misterioso  entre la niñez y la adolescencia, en que la pequeña  compañera de carita sucia, de mocos distendidos  – tajra, como diríamos en quechua- casi por encanto había mutado en una chiquilla lozana y grácil, fragante como una fruta, ligera como el viento y furtiva como el sol de invierno. Aquellas noches diáfanas y tersas gracias a la luna; el bullicio  de nuestra niñez se iba convirtiendo en la inquietud soñadora del enamorado, en que los inocentes  juegos nocturnos eran suspendidos para hurtar un furtivo y dulce beso a aquella que de día solo era una estrella distante.
 Algunas de ellas como en una carrera imparable de florecimiento despertaban otros sobresaltos y ansiedades. Aquellas eran de habilidad liberal, habían redondeado la cintura, fortificado los muslos y burilado sus pechos turgentes a pico de aporrearse en  labores rudas en apoyo a la mamá abandonada. Y de esos tiempos recuerdo a una joven  de falda  de tafetán verde raído, de zapato de jebe, de chompa blanca con botones multicolor; atuendo que contrastaba con su imponente gracia. Se llamaba Antuka. No era rusa como podría pensar cualquiera a partir de su nombre. No, era una humilde muchacha chacasina que alborotaba la gallera a su rítmico paso.
 Con ella soñábamos casi todos los muchachos; poniendo a buen recaudo, eso sí, el recuerdo de los furtivos besos inocentes. Los más atrevidos  contaban historias de amor y locura incrementando nuestras ansias y sueños impúdicos. Pero la imagen más contundente para soliviantar nuestros impulsos hormonales era aquella en que cruzaba el verde pasto de nuestra inmensa plaza con su canasta en el brazo jugueteando con nuestras miradas mientras iba a comprar pan.
 Un atardecer ambarino  revelándome a mi habitual timidez decidí buscarla con la intención de hacer realidad mis sueños de tantas noches en vela. Previamente robé un  par de chocolates de la tienda de mi padre los que los envolví en un pedazo de papel periódico para entregarle como seña de mi amor.  Con  el paquete entre mi abdomen salí por el portón trasero, rodee el pueblo por el camino que llamábamos “Tramposo Nani”*  y llegué a Urahuanca para ultimar los planes de  mi proeza. La agitación no me dejaba pensar y en un arranque de arrojo me dirigí a la puerta verde desvencijada de su casa y con una piedra que cogí del camino golpeé el postigo. Salió ella con aquellas piernas  color canela que tanto me gustaba y me pasmé. Ahí estaba en carne y hueso, intentando una sonrisa de sorpresa como burlándose de mi abrumadora turbación. Solo conseguí entregarle el paquete robado, no supe explicar nada y huí.
 En un tiempo corto la linda Antuka desapareció del pueblo, casi estuve convencido por un buen tiempo que se fue porque no  quería avergonzarme  con su presencia  mi prematura cobardía.

*Camino de Tramposos.