sábado, 30 de diciembre de 2017

“SHALLUCO”, FLORENTINO AMEGHINO Y VERONIKA MENDOZA

“—Pero ¿cómo es posible? —exclamó K—, no he emprendido un viaje larguísimo para ahora ser mandado de vuelta.”  De El castillo.-  Franz Kafka. 

Una mañana, probablemente de un crudo invierno de abril, mientras me recuperaba de una turca de meditación de Semana Santa, escucho desde mi cama de célibe unos golpes de llamada en mi puerta. Como Uds. Saben en Chacas nadie o casi nadie, salvo alguna honrosa excepción monasterial, cuenta con un timbre para anunciar la búsqueda de alguien en alguna casa. En algunas ocasiones las casas son tan grandes que quien requiera la atención del propietario de algún domicilio, como es natural y práctico, tiene que coger una piedra ligeramente grande de la pedregosa calle y golpear la puerta para hacerse escuchar en la profundidad de las casas.

Resulta que Shalluco, más conocido así por su parecido con un añejo profesor del mismo nombre de pila, aunque su nombre sea Antonio Amez, me requería desde la puerta para un asunto “especial”. Reconocí desde mi lecho su voz aflautada y de barítono de madrugadas de serenata. Haciendo de tripas corazón tuve que dejar las sabanas encubridoras para atender su llamado. Sucede que en su condición de Gerente General Ad Honorem del Hostal Pilar había tenido la honorable visita de un alto dignatario de la Fuerza Aérea del Perú. Se trataba del teniente general FAP en retiro Jorge Kisic. Mientras Shalluco me hacia un preámbulo de presentación veía desde la puerta de mi casa a través del parabrisas un “fierrazo”, como diría alguno, a un caballero de nariz respingada con apariencia de extranjero quien intercambiaba comentarios con otro que fungía de piloto. Luego me presentó al militar, quien, una vez hecha la presentación, me refirió que su hermano Drago venía formando un partido político denominado Coordinadora Nacional de Independientes. Algo había escuchado con relación a Drago Kisic; de su aparatoso apartamiento del PPC y que era Director de Seguros Manfre Perú. Más por liberarme de tan inoportuna visita en una mañana de resaca en tratamiento, dije sí a todo y le proporcioné mis datos mientras soportaba un dolor de cabeza infernal. Saludos, entre el ex militar desde el vehículo y yo desde el piso, de por medio terminó pronto la visita.
            Muchos años después cuando la tecnología nos permitió la posibilidad de acercarnos al lejano estado, aunque esos acercamientos nos produzcan arcadas, a través de una página web llamada Infogob me enteré que estaba inscrito y además era dirigente en el partido Todos por el Perú que mutatis mutandis había mutado desde la rimbombante denominación de Coordinadora Nacional de Independientes a Todos por el Perú. Entonces recordé de aquella mañana en que me despertó Shalluco para presentarme al teniente general Kisic. ¿Pero, este no es el partido que se había aliado con Castañeda Lossio y luego pretendía catapultar a Julio Guzmán a la presidencia de la república? Claro, el mismo y en el que Gonzalo Aguirre el yerno de Belmont aquel multimillonario dueño de Yanbal y Unique, era socio fundador junto a Drago Kisic. Pardiez ¿qué coño (como diría mi compadre de quien no quiero decir su nombre para no delatar su nacionalidad española) hacía yo, un pobre preceptor, de partidario junto con multimillonarios políticos?. Y más aún cuando juntito a mi pecho latía ya buen tiempo la dulce e inspiradora silueta de Vero Mendoza. “Ah noooo, esta vez que voy de vacaciones a la capital renuncio irrevocablemente al bendito Todos por el Perú”, diciendo me encomendé al señor.

Una vez en la capital luego de ubicar en el plano el lugar del local partidario de “Todos por el Perú”, preparé mi carta de renuncia, lo leí una y varias veces y enrumbé una madrugada de noviembre con fiambre incluido, pues el viaje era largo, desde San Diego de Alcalá hasta San Isidro, dos horas y media de camino entre un santo y otro, casi como viajar de Chacas a Huaraz; aunque eso del fiambre era una precaución inútil porque los venezolanos te llevan el mini Marquet al bus. ¡Como ha progresado Lima!.  Así que llego a la primera pascana, cruce de Javier Prado con Salaverry, y me dispongo a encontrar la calle que me sabía a fruta, “Las Moreras”. Pero no, es un árbol cuyas hojas sirven de alimento a los gusanos de seda. Mientras buscaba el número de la casa fui abordado por un vigilante con cara de buen samaritano quien me interroga “¿Qué número está buscando?”; “283 de Moreras local de Todos por el Perú”, respondo. El vigilante me da una mirada de compasión y dice: “Uuuuuu eso ya no existe; como cinco años, ya no funciona.” Otra vez me acordé de Shalluco. “¿Y ahora?”. Busco en mi teléfono el número que consignan como teléfono del local, marco el número ¡y milagro! me responde una voz amable y frente a mi requerimiento me dice: “Este ya no es el teléfono de Todos por el Perú; pero, le voy a dar un número para que se comunique”. Inmediatamente marco el número y me contesta una señora, probablemente muy encopetada ella; y con un tono autoritario me indica que debo escanear mi carta de renuncia y remitírselo a un correo que me dicta. No me da tiempo de reclamar de cómo es que el partido al que he pertenecido y que podría haber ganado las elecciones con Julio Guzmán a la cabeza no tiene ni siquiera un local partidario en la capital del país. “¡Ah! me dice: dirija la carta a la Sra. Rosario Bustamante French”. Anoto el correo y presuroso envío un mensaje con un texto trivial solo para no olvidarme. A la hora recibo un correo indicándome el procedimiento de presentación de la carta de renuncia que debo presentar en la Calle Ameghino, Urb. Calera de la Merced, Surquillo. Pacientemente trato de disfrutar el viaje de retorno, me como una “bomba” venezolana de esas que ofrece un veneco en el bus, que me cae bomba.

Apenas me apeo del bus voy hilvanando las ideas de mi carta de renuncia. Llego a mi casa, redacto la carta, imprimo y tengo que esperar hasta el viernes porque la Sra. secretaria no sé de qué solo atiende los lunes, miércoles y viernes de 9 a 12 del día y hoy día es miércoles. El viernes nuevamente de viaje, a Surquillo, espero sean no más de tres horas de las que he calculado. Con la ayuda de Google Maps casi tengo segura la ruta y en efecto llego en el tiempo previsto, tres horas. La calle se llama Ameghino supongo en memoria del paleontólogo argentino que pensaba que el hombre americano había evolucionado independientemente de las otras especies de homínidos. Con el dedo índice rígido estoy a punto de presionar el timbre y desde dentro de la reja me interpela el vigilante: “¿A quién busca señor?”; y yo: “A la Sra. Rosario Bustamante French vengo a presentar una carta de renuncia al partido Todos por el Perú”; entre sorprendido y solícito me ofrece comunicarse con la doña para que me pueda atender. Se comunica a través de un celular y le informa mi presencia en la puerta. Luego de un rato me informa que está en la ducha y que tan pronto termine de ducharse bajará para atenderme; es un edificio moderno al que acceden a cada departamento a través de un ascensor exclusivo, según me cuenta el vigilante.  El vigilante trata de ocuparse de mi impaciencia hablándome del tiempo raro que se ha alojado en estos días en Lima. Después de media a hora a instancias mías el vigilante nuevamente llama a la doña momento en el que le indica le suba el documento. En los últimos minutos de mi militancia en ese extraño partido tengo que esperar parado en la puerta que la secretaria haya terminado su baño y por fin selle el cargo de entrega de la carta y poder presentarlo en la ROP (Registro de Organizaciones Políticas) en la Av. Nicolás de Pierola en el centro de Lima. El vigilante luego de una larga espera baja con el cargo, me despido y pongo a buen recaudo el documento, cual título de mi libertad. No vaya ser que me roben o se extravíe después de tanto sacrificio.


Luego paso por el ROP y presento otra solicitud adjuntando el documento anterior, luego de soportar la amena conversación telefónica que ha sostenido la señorita que atiende. Salgo de las oficinas del ROP como si me hubiera liberado de un lastre y camino nostálgico por la calle Quilca, calle del que un tiempo era asiduo visitante en busca de libros de segunda mano. Paso por la calle Rufino Torrico y veo lo que un día fue el Cine Club Santa Elisa en donde una noche mientras veíamos la película “Moscú no cree en lágrimas” le robe un dulce beso a la esquiva e irreverente Zoraida. Y luego resulto nuevamente en la Av. Nicolás de Pierola y recuerdo aquella noche en la discoteca Mokambo que por cuatro botellas de Champagne que me bebí con las anfitrionas (putas)*; por negarse a pagar los Champagnes que me bebi, cuatro fornidos negros despojaron de su sueldo al primo Pepe.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

¿HISTORIA DE AMOR?


Tú no eres tus personajes pero tus personajes si son tú  .- Raymond Carver.

Ríchar no me puedes hacer esto. Pausa.  Mira, ahorita me voy a tu trabajo y me lo dices en mi cara. Pausa. ¿O sea, tú te acuestas conmigo luego me llamas y así nomás me dices que terminamos? Pausa. Mira Ríchar yo no tengo mujeres como tú, mis amigas lo saben. Pausa larga.  No, ahorita mismo voy a tu trabajo y tienes que decirme que terminamos, me lo dices en mi cara. Pausa. ¿Tú sabes cómo me siento en este instante? Pausa. 
Susana intenta contener las lágrimas sentada en el último asiento del bus que la traslada. Ahora ni ella sabe adónde va.  Es joven, ligeramente abultada de carnes, envuelta en una chaqueta negra que disimula su incipiente robustez. Tiene la mirada desubicada de quienes han perdido el sentido y la razón de vivir. No entiende cómo un par de palabras pueden destruir una ilusión. Quiere bajarse del bus, pero, luego cae en la cuenta que el curso de su historia no cambiará por que se baje del bus. Mientras, una bebé a quien su madre intenta calmarla llora en el asiento del lado. Entonces piensa que la vida es así; todos tienen una razón para llorar, puede que la razón de la bebé sea más esencial que la de ella.
Ese ambiente gris de la gran urbe intensifica por momentos su pesadumbre, recuerda por instantes cada momento feliz que ha vivido por capítulos discontinuos con Ríchar. Cada gesto de ternura que le ha entregado, cada tarde robada a la vida para aislarse en ese cuartucho de hotel donde han retozado con pasión; para luego bajar al mundo real por esa estrecha escalera con la cabellera a medio secar que ondeaba ante el ligero aire y que tanto le gustaba a Ríchar; hace que la tarde en ese viejo bus sea más insoportable.
Mientras recuerda los pocos momentos felices que ha tenido al lado de quien ahora no es sino una evocación de frustración, el tráfico se detiene interminable y en la radio un sujeto cacarea sobre el semidiós   en que se ha convertido el bendito Paolo Guerrero. Piensa, ¿tanto rollo sobre un tema cuando uno está con un paso a la inmolación?. Hay un tipo en el asiento delantero que le da la impresión   que ha escuchado su conversación con Ríchar y ahora sospecha que anda siguiendo sus pensamientos. Tiene la tentación de reclamarle; pero, total que mierda.
Abre su teléfono, entra al Facebook. Está harta de los laiks por cada estupidez que publica la gente, como si el mundo fuera un nido de rosas perfumadas. Mirar a la Rosa con su cara de estúpida alentando a la selección peruana cuando, ella, se está muriendo de desamor. Aunque, claro, cada loco con su tema. Pero, Susana nuevamente vuelve sobre el Ríchar y su cobardía de terminar por teléfono; peor aun cuando está sentada en este viejo micro, con un tráfico para morirse y junto a una bebé que berrea como una endemoniada. Llamarla para terminar en esas circunstancias ha sido una doble crueldad.
Por un instante su vida le parece como las vidas de los personajes de los cuentos que le ha dado Raquel de ese tal Carver, vidas que son demasiadas irrelevantes como para estar escritas. En otro momento piensa que tal vez solo es la imaginación de alguien que en sus momentos de ocio la está imaginando para cumplir con esa bendita obsesión de escribir vidas paralelas. Entonces cae en la cuenta de ese riesgo y decide bajarse del bus antes de convertirse en un personaje de algún cuento.    Intempestivamente se incorpora del asiento y exclama: ¡Bajo en jábich! Recién, ese rostro que ha estado oculto detrás del que sospechaba que lo escuchaba muestra con claridad su dimensión, baja del bus y se pierde entre el gentío, el ruido y el humo.

miércoles, 25 de octubre de 2017

RESEÑA DE UN ANHELO TANTAS VECES POSTERGADO

(Artículo escrito para la revista El Pregonero - 2017 que por falta de espacio no Fue publicado).





Amauta Atusparia: infraestructura que podríamos haber inaugurado para celebrar las “Bodas de Oro”.
“La individualidad, concebida como un desarrollo temporal implica incertidumbre, indeterminación o contingencia. La individualidad es la fuente de todo lo que es impredecible en el mundo”, decía John Dewey. Si eso ocurre con el desarrollo de la individualidad imaginémonos que sucede con el desarrollo colectivo; es decir con el desarrollo de nuestra sociedad.
Empiezo esta nota citando a este extraordinario filósofo norteamericano para poner en contexto, lo que viene sucediendo con un deseo, una aspiración y reto que nos planteamos como comunidad educativa, me refiero a la Comunidad Educativa Atusparina, para mejorar el servicio educativo desde la perspectiva de la mejora de la infraestructura educativa y de cuan impredecible pueden ser el hecho de conseguir nuestros objetivos como colectivo.
Como es de conocimiento de cualquier chacasino medianamente informado, allá por los años 2008 y 2009 nos planteamos como objetivo mejorar los servicios educativos de nuestra institución, objetivo que fuera planteado como objetivo institucional, lo que obviamente implica la participación de toda la comunidad; es decir padres, profesores, trabajadores en general y estudiantes.  Se logró en aquella ocasión reunir una cantidad de dinero a través de aportes y donaciones; y mandar elaborar el perfil de inversión pública por un monto de 5 000 soles, expediente que fue elaborado por la empresa del amigo y ex alumno atusparino José Ayala Falcón, un precio simbólico que solo cubrió, entiendo, los honorarios de sus técnicos.  
Con el expediente elaborado y presentado al GR de Ancash pensamos, en nuestra ingenuidad, que la obra la tendríamos concretada el año siguiente de presentado el perfil; es decir, el año 2010. Pero, como entenderán en este país, reino de lo impredecible, no sucedió como pensábamos, y tuvimos que esperar que ese perfil modificado por temas de costos y diseño fuera viabilizado recién el 2013. En esta tarea, de gestionar la aprobación de la pre inversión, hay una serie de esfuerzos y sacrificios de parte de toda la comunidad educativa que es necesario poner en relieve, como dije líneas arriba; no obstante, es necesario destacar la intervención gravitante del entonces consejero regional por nuestra provincia Wilfredo Ramírez Padilla. Ese año, 2013, gracias nuevamente a las gestiones del consejero en el mes de diciembre, 30 de diciembre como el aniversario de nuestra provincia, se da la adjudicación de la obra por un monto de 3,618,915.94; sin embargo, el tiempo no alcanza para que el empresario y el GR de Ancash firmen el contrato durante esa gestión que finalizaba el 31 de diciembre.
El año 2014, la nueva agrupación política ganadora de las elecciones regionales, Puro Ancash, encabezado por el Sr. Waldo Ríos, inicia a gestionar el Gobierno Regional de Ancash; sin embargo, este, no puede asumir la presidencia por temas legales, siendo investido su vicegobernador, Enrique Vargas, como eventual Gobernador Regional. El Sr. Vargas aconsejado por su asesor legal, se trae abajo 18 procesos de selección con adjudicación otorgada, entre ellos el nuestro, con el argumento de que existían inconsistencias legales en los procedimientos. Luego de idas y contra marchas, de convocatorias desiertas, y de una larga espera para activar la viabilidad que ya había vencido y gracias al aporte del actual alcalde provincial Elias Quiroz Aguirre y consejero regional Eduardo Bello Maquin, se logró que el GR de Ancash y el Consorcio Atusparia firmaran finalmente el contrato de construcción el 18 de agosto de 2016. 
Finalmente, recién en el mes de enero de 2017 se inician los trabajos de construcción de la obra con una serie de dificultades producto de la inestabilidad política en el Gobierno Regional de Ancash y problemas inherentes a la informalidad y la cultura “chicha” que cunde en nuestro país, incluso en las empresas de diverso tipo.  Hubiéramos esperado que la obra pudiera ser inaugurada el 16 de agosto fecha en que celebramos nuestro aniversario institucional; sin embargo, veo que tendremos que posponer nuestro deseo de ver concretada la obra para unas semanas luego.
A la postre quiero hacer una digresión a partir de mi experiencia de por lo menos por tramos haber encabezado esta aspiración y deseo tantas veces evocadas líneas arriba, sobre aquellos “guerreros” que surgen al final de las batallas. Pienso que en Chacas y supongo en nuestro país estamos construyendo una cultura de la sospecha, cuya lógica es el pensamiento de que “nadie es honesto excepto uno”, “nadie es capaz excepto uno”. Lo cual es realmente enternecedor y denota un complejo que los psicólogos han denominado “Complejo de Adán” que no es otra cosa que inmadurez.  Esa ansiedad que las cosas salgan mal para luego culpar a los otros, o que solo salgan mal para disfrutar del fracaso ajeno.  Pero, aun dentro de lo impredecible podemos predecir que para los que tenemos optimismo y para fortuna nuestra, la aspiración insana de felizmente pocos no tendrá espacio en esta historia. A nombre de nuestros estudiantes nuestro agradecimiento a los profesores, padres, autoridades y funcionarios del GR de Áncash que desplegaron su esfuerzo para que este sueño tantas veces soñado pueda, en poco, hacerse realidad.

viernes, 28 de julio de 2017

EL HIJO DEL SACRISTAN


“Y es que cuando uno sacude el cajón de los recuerdos, son los recuerdos los que terminan sacudiéndolo a uno” .- Andrés Castuera  Miche.
Desafiando la gravedad, un muchacho cuelga de la soga de la vieja y cuarteada campana, que a su vez cuelga de un pescante que sale de la torre a medio derruir. El muchacho completa un péndulo que se ha formado entre el badajo, la soga y él, que se mueve de un lado para otro en su afán de hacer tañer la campana y divertirse. Es el hijo del sacristán que todas las noches puntualmente llega al pórtico de la iglesia para cumplir lo que debiera cumplir su padre, el sacristán, tocar la campana a tiempo para el rezo de la Virgen Patrona del pueblo. El muchacho debe esperar todas las noches a que todos los feligreses devotos y viejas beatas desocupen la iglesia para entornar las pesadas y casi desvencijadas puertas de la iglesia, y asegurarlas para garantizar que las alhajas de la Virgen Patrona estén a buen recaudo.
Mientras espera que la beatería concluya su oficio de orar con la finalidad de derrotar el afán demoníaco en la vida de las personas, el joven hijo del sacristán acomete una serie de lances junto a sus amigos en su avidez de distraerse. Así, corretea descalzo sobre el verde manto que cubre la inmensa plaza frente a la iglesia intentando alcanzar a los quiméricos rufianes que con sus amigos ha ideado, para hacer él, el papel de policía. En alguna ocasión se ha defecado en el calzado de alguno de sus compañeros mientras arriba una luna llena alumbra a los chicos que distraídos corretean persiguiendo a los trúhanes que han ideado. La victima de sus apuros excrementicios solo se dará cuenta del agravio cuando se calce el zapato con un relleno de mierda.
Un día, subido en el andamio, que los obreros han instalado para reparar el atrio de la iglesia, a diez metros que lo distancia del suelo hace el amago de lanzarse generando zozobra entre los concurrentes que se han reunido para ver la función de gala de un número acrobático nunca visto en Chacas. Encaramado entre las tablas del andamio anuncia que saltará a la cuenta de tres. Y la cuenta progresiva inicia: a la una, a la dos y laaas treees y la tabla se rompe. El mozalbete cae por entre los palos, junto a las tablas y los residuos de yeso al ríspido piso de concreto.  La concurrencia al improvisado acto acrobático, atolondrada no atina que decisión tomar frente al hecho del muchacho inconsciente tirado en el piso, de cuya nariz fluye un fino hilo de sangre.   Luego de una breve, pero eterna deliberación los espectadores conducen al acróbata siniestrado a la flamante posta medica recientemente inaugurada. Luego de algunos días el hijo del sacristán saldrá ileso de hueso y polvo para celebrar su frustrada osadía de saltar al vacío.
Otro día, desde los balaustres del malecón, escondido en la oscuridad lanza terrones a “Churchill” el mastín aristocrático de la rancia beata chupacirio que sale junto sus hermanas y al jamelgo envuelta en un tul negro luego de dirigir el rezo en honor a la virgen patrona. Mientras el pobre perro chilla de dolor la hermana de la anciana religiosa pregunta: “Pitata sajmaricayamusha” (1) y la beata replica: “Churchiltacha peru” (2), generando la hilaridad del hijo del sacristán y sus camaradas. Esa misma noche mientras el hijo del sacristán luego de cerrar las pesadas jambas de las puertas de la iglesia se dirige a su casa junto a sus amigos, les lleva la delantera un mozuelo menor que camina hacía su casa abstraído en sus inquietudes de niño. Al hijo del sacristán a quien está a punto de reventarle la vejiga   no se le ocurre mejor idea que regar su orina sobre las piernas del mozuelo que adelantas sus pasos. Cuando el menor siente el contacto de aquella corriente caliente en sus piernas exclama: “Pita alambriwan tzepiapaycaman? (3), sin caer en la cuenta que alguien le hace pis en las piernas desde la oscuridad de la calle.
(1)    ¿A quién apedrean?
(2)    A Churchill pues.
(3)    ¿Quién me da látigos con un alambre?

jueves, 26 de enero de 2017

GUILLERMO, MI PADRE



"Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre”.
Por Manuel Roca Falcón.

Ver a mi padre sacar un pañuelo marrón arrugado del bolsillo posterior del  pantalón e iniciar   la primera pieza de cualquier baile es pensar en la proeza que yo, un individuo tímido salvo con unas copas encima, no me atrevería a acometer.  Mi padre, quien se auto infligió, el mote de “Waktza Garaku”, producto del reclamo a la autoridad materna de mi abuela quien precisaba de su diligencia para atrapar, llevar y ensillar los caballos en las frías madrugadas para el uso de la familia , es un bailarín por antonomasia como diría él, después de unas copas de más. Claro, no concebía, que siendo de una familia relativamente acomodada  hiciera los mandados que en ese entonces lo podía hacer otro a cambio de una paga; y entonces frente a las constantes órdenes imperativas de mi abuela expresó: “¿Entonces yo seré  Waktza Garaku para ser el mandadero de la casa?.
Probablemente a esa época se remonta el nacimiento de su afición por la doma y el jineteo de caballos que sin duda se afianzó en la temporada que hizo de domador en la hacienda de Paramonga. Aun cuando mi valoración es de hecho subjetiva por mi condición de hijo, mi padre es uno de los más destacados domadores de caballos de Chacas y de estos lares, el más temerario, de los que tenga memoria y conocimiento. Un día por ejemplo, mi primo Venshi le trajo un caballo para que lo domara; caballo que tenía la fama de haber matado arrojando por los aires en caminos estrechos, al despeñadero, a los dos domadores que intentaron amansarlo.  Ese caballo, un día, en su intento de despedir a su jinete; mi padre, se encabritó y partió desbocado por entre las chacras del barrio de San Martin y saltó por sobre las pencas varios metros de pendiente resultando en el campo de Huaychopampa, pero el jinete siguió ahí prendido de su lomo.
Mi padre, fue y es lo que se diría un mil oficios. Desde que tengo memoria fue el amansador de caballos. Fue el herrero al que recurrían los caballeros como cuando ahora recurren los conductores a una llantería por la avería de una llanta. Mi padre fue el capador del pueblo, aunque el más memorable será de hecho don Factor “cuchi capador”.
Mi abuelo Próspero fue un hombre inquieto, así que un día dijo que se haga la luz eléctrica en Chacas, montó una hidroeléctrica (casa fuerza lo llamábamos) y dio el servicio de luz eléctrica a los pocos vecinos que, en ese entonces,  éramos en Chacas. Así que mi padre, en esas circunstancias aprendió también el oficio de electricista. Cuando la  hidroeléctrica del abuelo fue desmontada en un desvarío febril  de mi tío Estenio;  mi padre siguió siendo electricista al servicio de sus eventuales parroquianos. Ya lo veía entonces con la escalera a cuestas en plena fiesta patronal cambiando los fusibles quemados del trasformador por la sobrecarga eléctrica, efecto del sobreconsumo de los visitantes.
Hasta ahora se dedica a la chacra, y no he visto un hombre tan leal al campo, que aun cuando puede cosechar menos de lo que siembra siempre está pegado a la tierra, a Chucpín, lugar de profusas recordaciones, del que sube con la persuasión de que sus 81 años le dan la experiencia necesaria para superar la cuesta que siempre ha remontado.

Este es un intento de homenaje, a mi padre, padre del que no hubiera pretendido que fuera diferente, tal vez solo que sus borracheras sean menos festivas.   Un padre, aunque yo lo pretendía evitar, que postergaba el desayuno para atender la descompostura de una silla de algún vecino o pariente que se lo requería o para atender cualquier otra exigencia.  Aunque yo reniegue siempre, ahí en el patio de la casa vieja está sentado escuchando los lejanos huaynos quien sabe para estrenar pañuelos de arrugas añejas.

Articulo publicado en El Pregonero del año 2015.

jueves, 19 de enero de 2017

CADA VEZ QUE TE SUEÑO.


El tío Federico Vidal, habitual rocamborero y la tía Meche, su esposa, apadrinado un matrimonio. Pasaremos en la casa de los padrinos  

Chacas plazacho tincurillapte Puentipiedraman gaticaycaman, Puentipiedracho tzincacuycullá Chacasplazacho canan ricayco… 

El alcalde reparte los naipes de tres en tres, y en su plato tiene monedas de nueve décimos para cobrar y pagar a los jugadores que son sus más entrañables amigos. Ubicados en la mesa circular cuyo lugar ha sido previamente sorteado por el viejo de mostachos oblongos que hace de alcalde esperan impacientes los naipes. De rato en rato el viejo repartidor adereza la tarde con alguna broma referida a su hermano que en su bodega está atento a las carcajadas que provienen de la tienda de la esquina.
Desde la puerta un joven desgarbado con el rostro picado fisgonea con curiosidad obsesiva el juego de los viejos quienes diariamente se reúnen para jugar ese extraño juego con unas cartas que le han contado que son de uso de las brujas. Recostado en la puerta verde apolillada gana centímetro a centímetro territorio en la tienda para tener una mejor ubicación y optimizar su observación. A ratos se empina para esquivar la cabeza del viejo alcalde que por momentos le impide ver el juego. 
El juego sigue su curso interminablemente mientras de la mesa emanan volutas de humo como desvaneciéndose de los   puros de tabaco que los jugadores aprietan entre sus labios. Conforme el juego fluye, el alcalde; a quien a veces también llaman zángano, reparte monedas entre los ganadores y cobra a los perdedores con fruición perversa. 
A lo lejos se puede observar desde la tienda el apuro de una mujer que con mucho esfuerzo arrastra un pesado balde cuyo contenido se puede adivinar por el fétido olor que disemina. En un descanso de su esforzado afán levanta la cabeza   y divisa allende en el postigo de una puerta verde, recostado al joven desgarbado. Inmediatamente reconoce al hijo que ha desaparecido después del almuerzo. No puede reprimir su furia al advertir el ocio del hijo mientras ella se afana por acarrear el alimento en el balde para los cerdos que cría y que pronto los venderá en la fiesta en trocitos de asado.
Entonces alista el aparato fonador y a todo pulmón grita: “Jaaacintooo imata tzaycho huancaranqui, yanapamajllasi shamuy” (1). En ese preciso momento aquella madre acuñó para su hijo el mote de “Huanca Jacinto” que lo acompañará el resto de sus días.
Entre los contertulios de Don Enrique con quienes comparte aquel viejo juego que los españoles llamaban tresillo, frecuenta don Benigno. Hombre imperturbable, a veces guasón cuando anda de humor. Este juego que practican sabe Dios desde cuando los viejos notables de Chacas, que ellos denominan Rocambor se ha convertido en un verdadero vicio y una ocasión para chancear. A menudo los viejos hasta se olvidan de cenar empecinados en recuperar la pérdida monetaria que muchas veces significa. Las mujeres sospechan que es un juego del demonio y no descuidan una oración en favor del esposo extraviado.
Un día Paula, la criada de don Benigno enviada por la esposa de este para recordar al viejo hidalgo la hora de la cena, observa desde la puerta entre azorada y tímida la partida de rocambor que acaban de iniciar los viejos amigos. Mientras observa duda entre contar o no su secreto mejor guardado, ahora que don Benigno se encuentra inerme lejos de la mirada protectora de su mujer. Finalmente rompiendo reparos considera que esta es la oportunidad. Entonces rompiendo el silencio sepulcral de la tienda con su característica voz chillona espeta: “Don Benigno jukta willaycoman, pero pengacocha” (2). Entonces todos volteán al escucharla y esperan con supina curiosidad la segunda parte  de la revelación. Exigien a la timorata Paula el íntegro de la revelación. Alentada por la exigencia, Paula, termina de contar: “Don Benigno, gayan sueñuycuro, ma abrazarcamar mutzaycamana canqui” (3); provocando la hilaridad de los viejos jugadores. Se levanta indignado profiriendo: “Chola de mierda, mejor me voy a comer”; mientras es despedido por desagradables risotadas.

(1)  “Jaaacintoo que haces ahí como una piedra, ven por lo menos a ayudarme”
(2)  “Don Benigno, quiero contarle algo pero me da vergüenza”

(3)  “Don Benigno, ayer le he soñado, luego de abrazarme Ud. Me había besado”

viernes, 14 de octubre de 2016

PARA EL AMIGO AUSENTE

PARA EL AMIGO AUSENTE


Hoy estuve esperando tu llamada que no llegó. Hoy estuve recordando lo que hubiera sido recibir tu llamada si no te hubieras ido, pero la realidad es contundente, no estás. Quién sabe, como las veces pasadas me hubieras llamado para decirme “Curito” te estoy llamando para que me saludes. Y sin duda nos hubiéramos cagado de risa de la vida, de nuestras arrugas, de los años, de las canas, de nuestras tragedias, de nuestras risas, de los amigos, en fin.
En el patio trasero de los “Libios” construyendo aquel castillo de fuegos de artificio de fósforos amarrados con pabilo mojado en una latita de kerosene y paquetitos de azufre junto a los pocos amigos que éramos, porque casi todos se habían ido a Lima. Los fósforos provenían de la tienda de mi papá, el azufre de la tienda de tu papá, el pabilo y el kerosene de la tienda de los “Libios”. Los que no tenían tienda de donde hurtar los “ingredientes” para el castillo, traían el carrizo en los que se iban instalando pacientemente los fósforos, los paquetitos de azufre para encenderlos y disfrutar de ese precario castillo después de la corrida de toros con los feroces toros a los que el “Ismu” controlaba con la cuerda, amarre de los cerdos liberados para ese fin. Eran días posteriores a la fiesta patronal en la que replicábamos en nuestra mente infantil al máximo de todo aquello que sucediera en Chacas.
Nuestro universo que era Chacas  y todo cuanto se produjera en él, se replicaba luego como en una maqueta. En aquel patio trasero de la casa doña Celinda, que a veces nos increpaba por el desorden que producíamos en su no tan apacible corral de cerdos.
Llegaban los carnavales a Chacas y en el traspatio también se erigía un madero de sauco, orlado con serpentinas, talco, escazas frutas; pero, en el patio trasero también tenía su  chiwalo.
Luego llegó a nuestras vidas ese periodo en el que espíritu angustioso y enmarañado se apodera de cuanto nos sucede. Entonces empezaron los bailes, empezaron a tomar vida las chicas. Por ese embelesamiento que producen las mujeres alguien se cayó del muro de don “Mañumariluz” de tanto mirar a las nietas.
Empezaron las “janaras” como dijera un día el chino Jorge, un día como hoy en la sala grande de la antigua casa de tus abuelos. Teníamos que empaquetar quién sabe un jaboncillo o tal vez un par de docenas de caramelos para obsequiarnos como regalo de cumpleaños. Después vinieron las fiestas en la casa del “Barrio Alto” como te gustaba llamarlo, barrio donde vivian los “Moishes”  también,  en aquella casita que hubieras querido que fuera de resipol. En ella se reunían la crema y nata de la belleza que inspiraba decir “Chacas que lindura”. En ella al son de una cumbia, talvez “Cariñito”, torneando los brazos de manera sincronizada, o un zapateo de un anodino huayno o quién sabe de un ritmo loco de “The Queen and Revolution” empezábamos a cortejar a aquellas chiquillas en quiénes también empezaba a despertar ese no sé qué las inquieta.
De esa época, como no recordar que enfundado en un poncho habano mientras intentabas deslizarte por la ventana de la casa de la gordita que quitaba tus sueños, te atascaste entre los barrotes de fierro de la ventana y tuvimos que jalarte de los pies y a duras penas liberarte pero el pánico ya había cundido entre la vecindad del frente. Cómo olvidar que el día de tu “matri” esa misma chiquilla la de la ventana, acompañada de un joven delgado espigado y barbón salía a contemplar la hermosa luna; fue sorprendida por la madre de esta en la puerta, y el joven no tuvo otra alternativa que pedir permiso: “Señora, puedo salir con su hija a dar un paseo” a lo que la vieja media ebria replicó: “Anda no más, barbón de mierda.”
Como olvidar tu sencillez, tu fidelidad a todo, tu pasión por Chacas y tus amigos, tu amor por tus padres, tu mujer, tus hijos; como olvidar que se te iba la babita por tus nietos, tu vocación de imitador. Tu increíble paciencia para escuchar y no amargarte ante nada.
Hoy no me has llamado, “hoy estoy en el poyo de la casa, donde nos haces una falta sin fondo” como diría Vallejo, tal vez sería pertinente agregar que hoy también te estamos esperando con un vaso de chela Pilsen helada en algún patio de una casa antigua esperando tu sonrisa franca, entrando con una anécdota entre manos y un abrazo fuerte en ciernes.

Feliz cumpleaños Coñito. No te hemos olvidado,  sigues viviendo entre nosotros. Solo has cambiado la forma de existir.

jueves, 11 de agosto de 2016

PARA COÑITO, IN MEMORIAM - "APREMIOS DE PELUQUERÍA."

APREMIOS DE PELUQUERÍA.


"Quien vive en el recuerdo de los demás nunca muere"

Por Manuel Roca Falcón.

El viernes 22 de julio mientras viajaba rumbo a Lima, a través del Whatsapp iba conversando con Coñi quien siempre encontraba el humor en cualquier lado de la vida y lo usaba como  mejunje de la amistad y en esa conversación me contó de casualidad parte de este relato que yo andaba buscando para cumplir el compromiso con los editores de "El Pregonero" de escribir un artículo.  Cuando le dije que había encontrado el argumento de mi próximo artículo;  en son de broma y, presumo, premonitoriamente me dijo: “Ni lo publiques, soy hombre muerto”, haciendo alusión a que Yango, su cuñado, protagonista de la anécdota  le encararía que me hubiera contado.

Coñito: amigo, hermano, compañero de tantas aventuras para tener la memoria viva de tu recuerdo, para que donde estés no pierdas la costumbre de reír te cuento esta anécdota que me contaste, y no me reclames: “Curito, ¡escribe pe!, que queremos matarnos de risa”.

(Ver el vídeo)


Uno de los momentos de la vida más vacíos, soporíferos e inactivos debe ser aquel en que te sientas en una poltrona de peluquería. Y si sobre ello se agrega el roce deliberado de la palma de la mano del peluquero sobre tu rostro o alguna parte sensible de tu cuerpo el suplicio se acrecienta, salvo que quien te esquilme la melena sea una fémina de buen talle; entonces sí, sentir la proximidad de sus pezones sobre tu rostro, aun cuando la blusa nos separe de su contacto, prontamente te pasma de entusiasmo.

Un día Pepelucho concertó una cita con un par de jóvenes peluqueras que de buen talle no estaban lejos de la perfección; pechos turgentes, muslos torneados, ojos juguetones y cintura hechicera hasta por  el trasluz  de sus ceñidas blusas. La cita fue concertada en la peluquería “Las Rositas” para después de una larga jornada de esquilaje apremiante y de sábado febril. Pepelucho llegó puntual, peinadito después de un laborioso trabajo de sometimiento  de sus rebeldes mechones que se resistían a la orientación que intentaba delinear el peine con la ayuda de un suavizador aceite de almendras para bebés. Su rostro obscuro, su mirada ingenua y su sonrisa ansiosa de apremios no satisfechos ingresaron por el postigo abierto al medio de una puerta metálica desenrollada debajo de un anuncio luminoso de neón con dos rositas en los extremos. En una mano la sonrisa ansiosa llevaba una bolsa de supermercados con media docena de botellas de ron y en la otra mano el sudor irrefrenable de un deseo reprimido. Saludó a las chicas con un beso en la mejilla y un lacónico “hola”.  Al rato las botellas fueron una a una destapadas y escanciadas en copas dispuestas entre los frascos de talco, cremas y otros cacharros en una de las mesitas de la peluquería. Después de un largo trajinar de las copas y cuando sintió el vaho del licor subir desde los dobleces de su estómago hasta los aledaños de su cabeza entró en la cuenta que su metas afrodisiacas tendrían que ser postergadas, pues pronto quedó postrado ebrio de amor, deseo y alcohol sobre el sillón de peluquería. Las chicas mientras tanto apenas achispadas por las copas de ron, en su intento de agradecer a tanto galanteo y atenciones de su amigo  Pepelucho pensaron que tal vez a ese rostro moreno  le iría a la perfección un enrulado a lo Africa Look. Presurosas le pusieron los rulos, los bigudíes, los químicos ondulantes, el gorro térmico y esperaron los resultados de su trabajo casi hasta el amanecer. Cuando al día siguiente Pepelucho despertó   y se vio en el espejo se asustó tanto de su nuevo look que se escapó hasta Acochaca, su tierra natal, para que nadie lo viera. Cuando transpuso el viejo portón de la casa , Cori sorprendida no dejaba de decir: “yu?”, “yu?”, “yu?”,…

No muy lejos ni en el tiempo ni en el espacio, Robin entró  a la peluquería donde era parroquiano habitual. Solicitó al estilista de su preferencia que le alisara el rubio cabello que  había crecido desmesuradamente y que distorsionaba su cuidado y deliberado porte de militar. Se sentó en la poltrona rosada del centro de estética “Yensi Coffiure”, el estilista empezó su trabajo poniéndole la capa de corte rosándole el cuello con sus delicados dedos lo que le produjo cierto escalofrío lacerante. Mientras Robin ojeaba una revista de modas Yensi, el estilista, ejecutaba su trabajo tarareando entre dientes una canción de moda. A Robin le pareció que inhabitualmente Yensi esta vez se demoraba mucho para concluir un corte que siempre había sido relativamente sencillo; sin embargo, esperó pacientemente mientras escuchaba bisbisear el ritmo anodino que el estilista ensayaba. Tuvo que soportar el roce de sus dedos, por momentos algún jalón de cabellos, la gélida punta de una tijera y eventualmente, sobre su nuca, el frio y la humedad de un  pulverizado líquido fragante que salía de un chisguete. Cuando finalmente Yensi empezó a desabrochar la capa de corte y a pasar sobre sus hombros y cuello el cepillo de talco sintió alivio; pues, era el anuncio de que el corte iba concluyendo. Finalmente el peluquero haciendo una pirueta de valet le puso un espejo al frente anunciándole: “¡Mira esta obra de arte!”. En el espejo se proyectó una imagen que no encajaba en su memoria, era su rostro pero con cabellos ensortijados, hasta cierto punto era una imagen híbrida,   la suya  y la  de su mamá. Recién cayó en la cuenta entonces que la demora obedecía a que Yensi  se había afanado en ensortijar sus rebeldes cabellos rubios  teutones. Una vez repuesto de la impresión inicial se enfureció y exigió  al estilista: “Córtame carajo”; pero, el estilista no podía estropear su obra maestra así que se negó. A los pocos minutos la obra de arte caía entre los dientes romos de una vieja y oxidada máquina de peluquear de un antiguo peluquero.


martes, 2 de agosto de 2016

CANNABIS SATIVA.

CANNABIS SATIVA.


Para mi entrañable amigo, Coñi Aguire; con el único afán de seguir cagandonos de risa.

Una tarde cuando el sol se ocultaba entre los empinados cerros cubiertos de nieve, el “Che” acababa de lanzar las ultimas bocanadas de humo de su pitillo de mariguana. En esas circunstancias, abruptamente, su  embelesamiento  de pavesas de humo  fue interrumpido por unos golpes en la puerta de entrada de la primera planta de la casa. Con el cabello enmarañado  y la barba larga traspuso su cabeza por el hueco de la ventana y vio al flaco Waldo. Waldo levantó la vista y las miradas se encontraron traduciéndose en una señal de visita. “Habla huevón”, dijo el “Che”;  “Acá pues vengo a hacer hora”  dijo Waldo.  “En un toque bajo” replicó  el “Che” y bajó a abrir le la puerta a su entrañable amigo.
Se sentaron en los muebles dispuestos en la sala y se pusieron a charlar  durante largo rato de cómo les iba en la universidad,   de bonsáis, de minerales,  y no cayeron en la cuenta que aun cuando la charla estaba aburrida había pasado ya un buen tiempo; hasta que el “Che” propuso llamar a Lewis, Reynaldo y otros amigos para hacer más llevadera la tarde. La tecnología y las ganas de reencontrase entre paisanos en una ciudad foránea hacían esa maravilla de reunir a los amigos. Dentro de poco, mientras la charla empezaba a desfallecer, empezaron a aparecer los amigos. Primero llego Aldo flamante ingeniero, con una bolsa de supermercado donde tintineaban unas botellas de algún licor que hizo a más de uno evocar algún recuerdo vomitivo. Dejando la bolsa en el piso de la sala dio a cada uno un esforzado abrazo para restañar la distancia y el tiempo, luego se dio a recorrer la sala viendo las fotos en blanco y negro pegadas en las paredes cubiertas de yeso de la sala.
La algarabía del encuentro se tradujo en copas de ron con Cocacola que iban y venían trazando rutas geométricas de ángulos agudos entre la boca  y la mano mientras recordaban   vivencias de la secundaria y los maestros que habían jodido durante la época de escolar. El “Che” se emocionó tanto que no pudo contener su emoción sino sacando un paquete de “yerba” de una vieja cajuela de  metal que un día envasaba algún confite. Arrancó una hoja  del Deuteronomio de una vieja Biblia que tenía a su alcance  y con una porción de mariguana de su paquete empezó  a enrollar un cigarrillo que lo coronó con una línea de saliva con la punta de la lengua sobre el papel para sellarlo; y finalmente  para destacar lo recordado dijo: “¡Qué loco huevón!”.
El pitillo fue transitando como una herida inestable de la tenue penumbra, preparada intencionalmente para emular un ambiente mágico,  sostenido a ratos entre los dedos y  los labios de los concurrentes. Mientras el “Che” iba instruyendo como retener el humo sagrado de la yerba para que hiciera efecto en las mentes vírgenes de los novicios. Luego de unos momentos algunos cantaban en inglés “Yesterday” de los Beatles, otros quedaron con los ojos mirando al infinito, otros se tiraron al piso emulando a Cristo en Getsemaní y oraban ardientemente, mientras “El Poeta” Joshua recitaba cinco metros de versos endecasílabos. Solo Ronaldiño entró en trance casi diabólico que se iba incrementando conforme pasaban los minutos. Botaba babas, se contorsionaba como un poseído mientras el “Che” trataba de calmarlo diciendo: “Vamo a calmarno, Diño”.
El trance de endemoniamiento en que entró Ronaldiño extrajo a todos de su propio trance y los preocupó porque no había quien y ni nada que pudiera calmarlo. Entonces  el “Che”  en su desesperación dijo: “Pónganle la Biblia en el pecho y recemos carajo”. Entonces el poseso del humo empezó a hablar idiomas desconocidos, a hablar en reversa y botar babas verdes que asustó aún más a los contertulios. En eso entró a la sala, con cierto apuro, la hermana del “Che” y viendo al poseso en ese trance expresó: “Ronaldiño pórtate bien carajo”;  y entonces el  energúmeno como si hubiera oído a la Virgen María se calmó en el acto; sin embargo, apenas la joven se retiró luego de sacar algo de su dormitorio, nuevamente empezaron las contracciones, las babas y los idiomas desconocidos.
Luego de muchas oraciones, agua ligeramente bendita sobre el poseso y unas biblias más sobre el pecho; los vómitos calmaron. El poseso pudo ser exorcizado mientras los concurrentes iban saliendo del sahumerio; así, el gringo Lewis cogido del brazo por “El Poeta” bajaba los peldaños diciendo “¡Que bestia, que altura carajo!” sobredimensionando en su ensueño los peldaños de la escalera.

domingo, 19 de junio de 2016

JAQUE MATE CON MANGUERA


“Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 
            ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 
             de polvo y tiempo y sueño y agonía?
J. L. B.

El postigo de la puerta ligeramente entornada intenta impedir el ingreso del crudo frío  de una noche de junio. De rato en rato se escucha el crepitar de una polilla en su afán de dar los últimos mordiscos en la puerta agujereada  por millares de sus cofrades que han hecho una zaranda de ella y que a duras penas se sostiene. Dentro, en la chicheria, dos jóvenes disputan una partida de ajedrez sobre un tablero que funge de mosaico de marfil colocado  sobre el mostrador apolillado también. Cada cuando un sorbo de chicha mezclado con alcohol discurre por el garguero de alguno de los contrincantes para apaciguar la tensión  luego de pensar el movimiento de alguna ficha.
El reto mudo planteado sobre las casillas blancas y negras es observado por otro joven que sostiene la mandíbula sobre los nudillos de los dedos que hacen contacto con sus dientes cariados. El imparcial observador no  descuida remojar con  un chorro de chicha la garganta mientras concentra su mirada en el desplazamiento del ladino alfil en el que puede sospechar un inminente y velado ataque contra la reyna blanca.
Mientras, afuera el frio arrecia y el aire se arremolina en torno a la puerta apolillada insuflando, de rato en rato,  un gélido hálito sobre las piezas dispuestas en las casillas. Manfre saca del bolsillo del pecho de su camisa un cigarrillo con un cintillo dorado entre el pucho y el cuerpo del cigarrillo. Lo ajusta entre los labios para luego alisar la cajilla de fósforos y encenderlo mientras piensa como neutralizar el ataque que le ha asestado  su entrañable amigo y eventual contendor, Manolo.
El joven observador, a quien sus cariados dientes han ayudado a bautizarlo, con el “grandilocuente” mote de “Ismu”, es el anfitrión,  proveyendo  la chicha, los pitillos y el tablero de ajedrez obviamente bajo la contrapartida de las monedas sustraídas por los contrincantes del cajón de recaudos de la tienda de sus respectivos padres.
Luego de neutralizar el ataque negro contra la reyna,  Manfre quien sabe aliviado del ataque ordena: “Ismu, una tanda más de chicha”. A lo que “Ismu” replica: “¿Con o sin?”. “No te hagas el huevón y sirve rápido”, termina diciendo Manfre y nuevamente se vuelve a concentrar con la idea de contratacar para  ganar.
La noche avanza y la partida no  tiene visos de concluir, se perfila un final intrincado, cuidadoso, lento y de muerte a cuentagotas y con posibilidades para ambos bandos.

En la casa vecina una madre preocupada se apresura a develar entre la penumbra y ayudada por la luz mortecina de una cerilla el mensaje cifrado del tic tac del reloj sobre la cabecera del catre. Son las dos de la mañana y el hijo estudiante aún no ha llegado. Se viste con premura ayudada de la luz de una vela que ha encendido, se dirige al caño de la casa, agarra una manguera y sale rauda y furiosa a la calle. No bien ha traspuesto la puerta de su casa escucha una discusión cercana. Se acerca cautelosa al lugar de donde proviene el ruido y por la puerta ligeramente entornada ve los rayos de la luz ambarina de un “chiuchi”. Cuando  aguaita por una de las tantas rendijas de la puerta puede ver a su Manfre, gesticulando y discutiendo, en un estado de beodez la posición de un peón.  Su furia se va incrementando y Manfre, dentro,  moviendo un caballo anuncia a su contrincante: “¡Jaque!”, en ese instante la madre empuja la puerta y chilla: “Maaanfreee que haces ahí. ¿Creo que estas tomando?”. “ Noo mamá, solo estamos jugando ajedrez”. Y la mamá: “ A ver tu alientoooo! Y Manfre: “jaaaaaa” y la madre: “ya ves sinvergüenza! Y con la manguera en ristre da el mayor jaque mate a un ajedrecista nunca visto en todos los tiempos.

sábado, 5 de septiembre de 2015

MI MURO ERA UNA HOJA DE PENCA DE PIRUSHTU.






“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente.”- Ludwig Wittgenstein


Mucho tiempo hace, treinta años quizás, cuando  salía uno de las escazas y estrechas calles de Chacas y confluía en un estrecho camino flanqueado por puntiagudas hojas en cuyos bordes podía uno observar, con temor, una hilera de torvas espinas que remataban su ascenso en una mayor que señalaba el cielo.  Entre estas desafiantes hojas a menudo presurosas se ocultaban lagartijas y salamandras poniéndose a buen recaudo de la amenazante presencia humana. Claro, muchas de ellas murieron entre retortijones de dolor, devoradas sobre un nido de hormigas voraces gracias a  las perversas manos de algún crío protervo. Estas eran las pencas, que por doquier prosperaban en la periferia de Chacas, habitáculo de alimañas  y bichos. En esas hojas de uso público cualquiera podía quebrar una espina para herir a la gente escribiendo a su gusto teoremas y dicterios de diversa laya.

Desde noticias de furtivos romances hasta inculpaciones mayores eran el argumento de la narrativa secreta de la injuria y el odio. Nada está escrito para siempre, salvo para quien lo lea, pues esos viejos pergaminos,  enseres del antiguo e infame oficio de  la injuria  fueron cediendo al crecimiento lento e incesante del pequeño pueblo que era Chacas. Quien no haya herido una hoja de penca con un punzó hecho de la misma espina  en su vano intento de perennizar un furtivo amor dibujando con trazos temblorosos un corazón flechado con las iniciales de su nombre y la manceba, no puede decirse chacasino.

Sucede que los conjuros y los hábitos de la gente con relación a los otros casí no ha cambiado; solo, ha cambiado la tecnología. Así hemos pasado del papiro que era para nosotros de la penca, a las redes sociales. Es decir las redes sociales de nuestro pueblo eran las indefensas pencas - a pesar de sus gruesas espinas- que hacían de precarios "muros", "coveres" y otros rudimentos tecnológicos. De modo que con toda certeza podemos decir que el Facebook lo inventamos nosotros en las pencas que circundaban Jirca y Pirushtu, cuando pregonábamos el romance de alguien con la vecinita del frente o cuando, como ahora, desde el más estricto anonimato alguien se ensañaba a punta de insultos y diatribas contra el honor de alguien; la gente no ha cambiado solo la tecnología.

Claro, ahora la tecnología es más versátil puedes “colgar” una foto, hasta del momento menos insospechado, para decir a la gente: “mira yo soy”, “aquí estoy”, “existo”, “hago lo que tú no puedes, jojolete”. Hasta se puede agradecer a Dios, a la Virgen María y todos los santos por algún milagrito a nuestro favor (pásenme la cuenta de Dios, por favor).  O saludar a mamá por su onomástico aunque no sepa  ni por asomo que es un “like”.

Nuestra pobre penca la que era hogar cálido de las lagartijas y otros bichos se ha virtualizado, ha cedido su paso al mundo digital; nuestros corazones flechados se han convertido en “emotions”, nuestros trazos zigzagueantes se han convertido en “caracteres” y otras jerigonzas intraducibles para el común de los mortales.

En fin nuestras posibilidades de expresión se han repotenciado solo que hay que tener mesura  en nuestras expresiones porque corremos el riesgo de convertirnos en lo que Umberto Eco* ha denominado, “legión de idiotas”, porque en realidad la consistencia de nuestro lenguaje es la medida de lo que somos.


Umberto Eco.- Semiólogo y escritor italiano, considerado el ateo mas culto del mundo. Quien desee leer las declaraciones, respecto de la "legion de idiotas" puede hacer click  aquí.

martes, 12 de mayo de 2015

HISTORIA DE LA CREACION DEL COLEGIO NACIONAL AMAUTA ATUSPARIA


(Artículo escrito por don Rolando Leon Melgarejo, en la revista Aspirando, publicada con ocasion de las Bodas de Plata del Colegio)

HISTORIA DE LA CREACION DEL COLEGIO NACIONAL AMAUTA ATUSPARIA

Entregamos tres versiones de la creación del CN DE Chacas tienen el mismo objetivo, el mismo criterio, las mismas aspiraciones vistas desde Chacas a Lima, y justamente escriben sus protagonistas los señores: Rolando León, Aníbal Melgarejo y Pedro Rodríguez.
ROLANDO LEÓN MELGAREJO
Hace 25 años, al crearse el Colegio Amauta Atusparia se hizo realidad el anhelado sueño de los padres de familia del entonces distrito de Chacas, y ahora flamante provincia de asunción
Fue realmente un sueño de muchos años convertido en realidad para este pueblo trasandino, cuyos jóvenes años tras años emigraban a diferentes planteles secundarios, tanto del departamento como Lima. El nacimiento de un plantel añorado,  sin embargo, planteaba un reto para los padres de familia y autoridades, quienes sacando fuerzas de flaqueza comenzaron a trabajar armoniosamente para implementarlo y ponerlo en funcionamiento.
Después de reiteradas gestiones ante el Congreso de la República por intermedio del Diputado Dr. Arcadio Alfaro Cueva, autoridades de Chacas y Centro Representativo Chacas con sede en Lima,  se logró poner en marcha su funcionamiento.
Es así que providencialmente, es nombrado como director del flamante plantel  el profesor Román Gonzales,  natural de Huari, pero de corazón chacasino .Gracias a la acertada gestión del profesor Gonzales,  el Colegio Amauta Atusparia comienza a convertirse en un verdadero plantel  de nivel secundario a nivel de Conchucos.
El Centro Representativo de Chacas con sede en Lima,   bajo la presidencia del señor Marco Díaz Cerna, en coordinación con el Comité Pro Colegio Secundario, el Sr. Pedro Rodríguez y autoridades de Chacas, libró una dura batalla con las autoridades del distrito de San Luis,  quienes presentando argumentos incoherentes  pretendían llevar la sede  del nuevo plantel al pueblo de San Luis .
Ante la férrea gestión del Centro Representativo de Chacas, autoridades y padres de familia, el Ministerio de Educación mediante un decreto supremo crea el colegio secundario en San Luis .
Con esta disposición se dio por terminado el nuevo capítulo de discordia entre sanluisinos y chacasinos .
La inauguración oficial del Colegio Amauta Atusparia se llevó a cabo el 16  de agosto de 1965,  en acto solemne realizado  en el marco de la fiesta patronal que se realiza en homenaje a la Virgen de Asunción.
A la inauguración del plantel asistieron entre otros, representantes parlamentarios por Ancash, autoridades educativas de Huari y Huaraz, delegación del Centro Representativo de Chacas y numerosos chacasinos residentes en Lima y demás ciudades del país . La solemne misa de inauguración estaba a cargo del R.P Aquiles Leon M., quien en su homilía relievó la trascendencia del acto para la juventud estudiosa del pueblo. Estos actos alcanzaron éxito gracias a la decidida participación de las siguientes personas: profesor Román Gonzales (Director), Pedro Rodríguez Cunza (Presidente del Comité Pro Colegio), Cornelio Aguirre Arteaga (Alcalde), R.P. Aquiles Leon M. (Párroco) Federico Vidal A. (Comandante del Puesto), Luis Cafferata Simic (Gobernador), Enrique Amez del Castillo (Presidente de APAFA) y Manuel Mendoza (Secretario del Comité) .
Después del profesor Román Gonzales, vino la gestión del joven profesor Antonio Noriega Vizcarra, quien siguiendo los pasos de su antecesor realizó una fructífera labor en el engrandecimiento del colegio. Fue durante su mandato que se compró un terreno de 5000m2 ubicado en el barrio de San Juan Cruz de propiedad de la Beneficencia Pública de Huari; Esta compra se cristalizo con la donación de 5 mil soles que hizo nuestro recordado benefactor de Chacas, don Cornelio Aguirre Briceño. Este inmueble se encuentra registrado en el Margesí de bienes del Ministerio de Educación.
Posteriormente, el Centro Representativo de Chacas, realizó gestiones ante los dirigentes del Club Deportivo de Chacas con sede en Lima, para que un terreno de su propiedad ubicado en Huaychopampa sea utilizado como campo deportivo del colegio.

En los últimos cinco años, la ayuda del Centro Representativo de Chacas en beneficio del Amauta Atusparia ha sido muy relativa debido a factores que tendrían que ser analizados. Este año el director del colegio profesor Godofredo Montoya y el Alcalde provincial Máximo Vidal, han comenzado a buscar soluciones a las diferentes necesidades que requiere el colegio. Es encomiable que en esta gestión viene participando activamente la asociación de ex alumnos del colegio, quienes ahora ya en su mayoría son profesionales que anhelan convertir a su alma mater en el crisol de la juventud chacasina.

martes, 31 de marzo de 2015

AL SUR DE MI RECUERDO HAY UNA CANCIÓN.



Cuando aquel bulto forrado con un talego, venía bamboleándose  sobre el anca del caballo que mi padre bebido  venía cabalgando;  tuve la extraña certeza que aquel bulto se iba a caer. El caballo se detuvo junto a la puerta de la casa, mientras mi padre gesticulaba y desataba un discurso  ininteligible para el común de los mortales. Con mucho esfuerzo, ayudamos  a mi padre a apearse mientras remataba su deshilvanado discurso con un contundente ¡carajo!.  El bulto fue desatado con premura y mucha curiosidad. La envoltura era un talego de harina sol que soberbio lucía un radiante sol verde dentro de un círculo rojo.

En la sala de la casa el bulto fue descubierto de la tela que un día fuera blanca. Era una caja  roja por la parte superior, por donde  aparentemente era la tapa; y por la parte inferior más amplia, verde. Tenía un pestillo dorado con una curvatura barroca que sujetaba la aparente tapa. Con mucho cuidado desenganchamos el pestillo de lo que en efecto era la tapa, lo levantamos y apareció frente a mí un espejo que reflejaba mi abobada mirada de quien no sabe que ha descubierto. El develamiento de la tapa no solo hizo aparecer el espejo en su dorso que reflejaba ahora mi sonrisa, sino también sobre la base superior de la caja ahora descubierta, un artilugio incomprensible para mí, compuesto por un disco y un brazo de plástico negro con una punta de metal en su extremo libre.

Cuando mamá abrió las puertitas de la caja, encontró un paquete de discos, sacó y colocó uno de ellos sobre el disco de metal que la caja tenía; luego cogió el brazo de plástico negro y lo colocó sobre el disco y entonces empezó a fluir desde la caja una melodía que nos maravilló.  Y papá en el patio continuaba su sempiterno discurso sobre amanuenses y cuatreros.

La melodía era la cumbia “La Momposina” que hasta ahora resuena en mis oídos como recordándome  aquel momento de encantamiento y magia. En ese bodoque de discos que traía  en su vientre de tripley aquel tocadiscos encontré géneros de diversa laya; desde los Bee Gees hasta el plañidero género de Lucio Pacheco. Toda esa colección sin duda competía con creces con los ritmos y géneros que don Miguel Flores, “El chino Flores”,  regalaba en sus audiciones radiales al pueblo a  través de sus altoparlantes colocados en las ventanas circulares de su casa en la plaza cada vez que su ansioso  corazón le inspiraba escuchar música junto con sus ariscos vecinos.

Aquel tocadiscos que un día había llegado a nuestra casa para distraer a veces nuestras tardes melancólicas; nos enteramos luego que, había sido producto de un trueque entre la Gringa Margaret y mi padre. El tocadiscos, que en el documento de trueque, tomaba vida como “un artefacto denominado Pick Up”,  había sido canjeado por una casa propiedad de mi padre en el balneario de Upacasha. Luego de un tiempo; el tocadiscos icolor, así como un día llegó  inusitadamente desapareció como por encanto.  

sábado, 7 de febrero de 2015

REMINISCENCIAS DE CHUCPIN


Al tío Raúl Melgarejo, que vivirá sin fin en cada párrafo, en cada recodo, en cada respiro de sus entrañables historias.

Hoy me he levantado con ganas de escribir. De escribir para vivir lo que no pude, para recordar lo que pudo ser, para poner en evidencia que solo somos recuerdo e historia y que más allá del presente todo es incierto.  Hoy me he acordado de aquella vez, que metido entre la paja despojo del  trigo triturada por la pisada de los caballos, dormía bajo una manta y la luna llena que  pintaba de plateado el pequeño mundo que era Chucpin. Más allá, el Gotu Félix mascullaba algunas palabras ininteligibles, sin duda aporreado por la chicha con punto que había bebido durante la tarde mientras arreaba la recua de caballos sobre la parva de trigo.  Solo el penetrante frío ingresando por algún resquicio de la manta perturbaba por momentos ese encantamiento nocturno de estrellas fugaces y de plenilunio. Al fondo bajo el molle mortecino se observaban perfectos dos cantaros de chicha esperando el amanecer para derramar  por sus bocas desportilladas su espumoso contenido.
Más tarde a la luz del sol y el impulso del viento la paja que había servido de improvisado lecho sería separada de los dorados granos de trigo que luego se convertirían, en el viejo molino, en la harina para el pan de cada mañana. Viento, anhelado por manos apuradas y ansiosas que lanzaban el barajo  de espigas trituradas, que a veces no llegaba. Luego, después de tanta espera, con un ímpetu inusitado se llevaba por los aires el pajal dejando caer por entre la horqueta la preciada cosecha al ríspido suelo de arcilla. Viento, que de cuando en cuando traía una extraña melodía de paz y quietud que solo era perturbado por algún conjuro  quechua de la campesina que barría con cuidado para no llevarse los granos de trigo junto a la paja en su  improvisada escoba de tallos de wisllaco. De esas experiencias está poblada mi infancia, producto de esa especie de exilio bucólico obligado, pues no había forma de convencer a mamá que podía quedarme  solo en la casa del pueblo. Claro, había la ligera sospecha, fundada por cierto, que mientras mamá se afanaban  en las correrías agrícolas nosotros nos distraíamos en las aventuras  dipsómanas. Probablemente las circunstancias ingratas de la chacra por ejemplo una torrencial lluvia en plena parva o  la espera interminable del retorno de la recua en el horizonte que insinuaba nuestro pronto retorno a Chacas; alejaron de mí el  encantamiento que en otros provoca  ser agricultor.
Ya mayor tuve la oportunidad de sembrar a medias con mi inolvidable amigo Oriol Amez una chacra con papas. Ligera tarea la de sembrar papas y lidiar con los campesinos, que en lejanos claustros llamarían administración de recursos humanos.  En esas circunstancias de falencias en erudiciones en temas laborales recibo el generoso ofrecimiento de mi primo Délmar. “Primo- me dice- vamos un día a Potaca para que veas cómo se maneja a esta gente”. En efecto,  después de algunos días, enjaezamos  los caballos: el Ratón y Tornado, y apertrechados de un talego de coca, un bidón de alcohol y un suculento fiambre partimos presurosos hacia las altas punas donde se respira el gélido aire de la cordillera, con el objeto por lo menos por mi parte, de recibir  una lección magistral en manejo de personal. Al trote de los caballos que vaporosos subían el camino pedregoso llegamos a la vaquería a cuyo costado se podía ver los tallos de la papa que aguaitaban por entre el  hierbajo. Cuando llegamos estaban ya los peones a la vera del sembrío sentados en fila chacchando coca.
No bien nos vieron llegar los  jornaleros expresaron su entusiasmo con una franca sonrisa al ver el bidón sobre anca de caballo y que suponían era de alcohol. Délmar improviso un saludo en quechua que fue respondido con un retahíla desordenada de inclinaciones. Una vez que hubimos descargado nuestras vituallas y demás enseres procedió a repartir la coca en las amplias manos hechas cuencos y el alcohol en una taza enlosada blanca de borde azul. Después de media hora de concentración los campesinos empezaron a desperezarse y atacar la tarea de deshierbar el papal.  Cuando el sol traspuso la cuarta parte de su recorrido en el cielo Délmar anunció un descanso de quince minutos y nuevamente la coca y el alcohol para el deleite de los operarios.

Hasta ahí todo la lección estaba siendo rigurosamente aprendida y anotada en un pequeño cuaderno con la discreción debida tras un arbusto. Los jornaleros trabajaban infatigables  habían avanzado la tarea por sobre mis cálculos. Luego del almuerzo se reanudo la tarea con el mismo entusiasmo de la mañana;  claro la coca y el alcohol habían corrido a raudales, ahí estaba el secreto de esta nueva ciencia de manejo de los jornaleros. Eran las dos de la tarde y Délmar me propuso ir a la casa rústica construida de piedras y paja que tenía junto al puente, que servía de depósito, a guardar algunos trastos agrícolas. Luego de un tiempo cuando retornamos a la chacra inmediatamente entre en la cuenta que la lección de administración de recursos humanos había fracasado. Los  jornaleros yacían tendidos totalmente ebrios por entre los surcos mientras Délmar entraba en cólera, pues definitivamente  la lección había fracasado. Frente a ese fracaso ensillamos los caballos y retornamos en silencio hasta Chacas, porque no cabía más que el silencio.