viernes, 28 de julio de 2017

EL HIJO DEL SACRISTAN


“Y es que cuando uno sacude el cajón de los recuerdos, son los recuerdos los que terminan sacudiéndolo a uno” .- Andrés Castuera  Miche.
Desafiando la gravedad, un muchacho cuelga de la soga de la vieja y cuarteada campana, que a su vez cuelga de un pescante que sale de la torre a medio derruir. El muchacho completa un péndulo que se ha formado entre el badajo, la soga y él, que se mueve de un lado para otro en su afán de hacer tañer la campana y divertirse. Es el hijo del sacristán que todas las noches puntualmente llega al pórtico de la iglesia para cumplir lo que debiera cumplir su padre, el sacristán, tocar la campana a tiempo para el rezo de la Virgen Patrona del pueblo. El muchacho debe esperar todas las noches a que todos los feligreses devotos y viejas beatas desocupen la iglesia para entornar las pesadas y casi desvencijadas puertas de la iglesia, y asegurarlas para garantizar que las alhajas de la Virgen Patrona estén a buen recaudo.
Mientras espera que la beatería concluya su oficio de orar con la finalidad de derrotar el afán demoníaco en la vida de las personas, el joven hijo del sacristán acomete una serie de lances junto a sus amigos en su avidez de distraerse. Así, corretea descalzo sobre el verde manto que cubre la inmensa plaza frente a la iglesia intentando alcanzar a los quiméricos rufianes que con sus amigos ha ideado, para hacer él, el papel de policía. En alguna ocasión se ha defecado en el calzado de alguno de sus compañeros mientras arriba una luna llena alumbra a los chicos que distraídos corretean persiguiendo a los trúhanes que han ideado. La victima de sus apuros excrementicios solo se dará cuenta del agravio cuando se calce el zapato con un relleno de mierda.
Un día, subido en el andamio, que los obreros han instalado para reparar el atrio de la iglesia, a diez metros que lo distancia del suelo hace el amago de lanzarse generando zozobra entre los concurrentes que se han reunido para ver la función de gala de un número acrobático nunca visto en Chacas. Encaramado entre las tablas del andamio anuncia que saltará a la cuenta de tres. Y la cuenta progresiva inicia: a la una, a la dos y laaas treees y la tabla se rompe. El mozalbete cae por entre los palos, junto a las tablas y los residuos de yeso al ríspido piso de concreto.  La concurrencia al improvisado acto acrobático, atolondrada no atina que decisión tomar frente al hecho del muchacho inconsciente tirado en el piso, de cuya nariz fluye un fino hilo de sangre.   Luego de una breve, pero eterna deliberación los espectadores conducen al acróbata siniestrado a la flamante posta medica recientemente inaugurada. Luego de algunos días el hijo del sacristán saldrá ileso de hueso y polvo para celebrar su frustrada osadía de saltar al vacío.
Otro día, desde los balaustres del malecón, escondido en la oscuridad lanza terrones a “Churchill” el mastín aristocrático de la rancia beata chupacirio que sale junto sus hermanas y al jamelgo envuelta en un tul negro luego de dirigir el rezo en honor a la virgen patrona. Mientras el pobre perro chilla de dolor la hermana de la anciana religiosa pregunta: “Pitata sajmaricayamusha” (1) y la beata replica: “Churchiltacha peru” (2), generando la hilaridad del hijo del sacristán y sus camaradas. Esa misma noche mientras el hijo del sacristán luego de cerrar las pesadas jambas de las puertas de la iglesia se dirige a su casa junto a sus amigos, les lleva la delantera un mozuelo menor que camina hacía su casa abstraído en sus inquietudes de niño. Al hijo del sacristán a quien está a punto de reventarle la vejiga   no se le ocurre mejor idea que regar su orina sobre las piernas del mozuelo que adelantas sus pasos. Cuando el menor siente el contacto de aquella corriente caliente en sus piernas exclama: “Pita alambriwan tzepiapaycaman? (3), sin caer en la cuenta que alguien le hace pis en las piernas desde la oscuridad de la calle.
(1)    ¿A quién apedrean?
(2)    A Churchill pues.
(3)    ¿Quién me da látigos con un alambre?

jueves, 26 de enero de 2017

GUILLERMO, MI PADRE



"Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre”.
Por Manuel Roca Falcón.

Ver a mi padre sacar un pañuelo marrón arrugado del bolsillo posterior del  pantalón e iniciar   la primera pieza de cualquier baile es pensar en la proeza que yo, un individuo tímido salvo con unas copas encima, no me atrevería a acometer.  Mi padre, quien se auto infligió, el mote de “Waktza Garaku”, producto del reclamo a la autoridad materna de mi abuela quien precisaba de su diligencia para atrapar, llevar y ensillar los caballos en las frías madrugadas para el uso de la familia , es un bailarín por antonomasia como diría él, después de unas copas de más. Claro, no concebía, que siendo de una familia relativamente acomodada  hiciera los mandados que en ese entonces lo podía hacer otro a cambio de una paga; y entonces frente a las constantes órdenes imperativas de mi abuela expresó: “¿Entonces yo seré  Waktza Garaku para ser el mandadero de la casa?.
Probablemente a esa época se remonta el nacimiento de su afición por la doma y el jineteo de caballos que sin duda se afianzó en la temporada que hizo de domador en la hacienda de Paramonga. Aun cuando mi valoración es de hecho subjetiva por mi condición de hijo, mi padre es uno de los más destacados domadores de caballos de Chacas y de estos lares, el más temerario, de los que tenga memoria y conocimiento. Un día por ejemplo, mi primo Venshi le trajo un caballo para que lo domara; caballo que tenía la fama de haber matado arrojando por los aires en caminos estrechos, al despeñadero, a los dos domadores que intentaron amansarlo.  Ese caballo, un día, en su intento de despedir a su jinete; mi padre, se encabritó y partió desbocado por entre las chacras del barrio de San Martin y saltó por sobre las pencas varios metros de pendiente resultando en el campo de Huaychopampa, pero el jinete siguió ahí prendido de su lomo.
Mi padre, fue y es lo que se diría un mil oficios. Desde que tengo memoria fue el amansador de caballos. Fue el herrero al que recurrían los caballeros como cuando ahora recurren los conductores a una llantería por la avería de una llanta. Mi padre fue el capador del pueblo, aunque el más memorable será de hecho don Factor “cuchi capador”.
Mi abuelo Próspero fue un hombre inquieto, así que un día dijo que se haga la luz eléctrica en Chacas, montó una hidroeléctrica (casa fuerza lo llamábamos) y dio el servicio de luz eléctrica a los pocos vecinos que, en ese entonces,  éramos en Chacas. Así que mi padre, en esas circunstancias aprendió también el oficio de electricista. Cuando la  hidroeléctrica del abuelo fue desmontada en un desvarío febril  de mi tío Estenio;  mi padre siguió siendo electricista al servicio de sus eventuales parroquianos. Ya lo veía entonces con la escalera a cuestas en plena fiesta patronal cambiando los fusibles quemados del trasformador por la sobrecarga eléctrica, efecto del sobreconsumo de los visitantes.
Hasta ahora se dedica a la chacra, y no he visto un hombre tan leal al campo, que aun cuando puede cosechar menos de lo que siembra siempre está pegado a la tierra, a Chucpín, lugar de profusas recordaciones, del que sube con la persuasión de que sus 81 años le dan la experiencia necesaria para superar la cuesta que siempre ha remontado.

Este es un intento de homenaje, a mi padre, padre del que no hubiera pretendido que fuera diferente, tal vez solo que sus borracheras sean menos festivas.   Un padre, aunque yo lo pretendía evitar, que postergaba el desayuno para atender la descompostura de una silla de algún vecino o pariente que se lo requería o para atender cualquier otra exigencia.  Aunque yo reniegue siempre, ahí en el patio de la casa vieja está sentado escuchando los lejanos huaynos quien sabe para estrenar pañuelos de arrugas añejas.

Articulo publicado en El Pregonero del año 2015.

jueves, 19 de enero de 2017

CADA VEZ QUE TE SUEÑO.


El tío Federico Vidal, habitual rocamborero y la tía Meche, su esposa, apadrinado un matrimonio. Pasaremos en la casa de los padrinos  

Chacas plazacho tincurillapte Puentipiedraman gaticaycaman, Puentipiedracho tzincacuycullá Chacasplazacho canan ricayco… 

El alcalde reparte los naipes de tres en tres, y en su plato tiene monedas de nueve décimos para cobrar y pagar a los jugadores que son sus más entrañables amigos. Ubicados en la mesa circular cuyo lugar ha sido previamente sorteado por el viejo de mostachos oblongos que hace de alcalde esperan impacientes los naipes. De rato en rato el viejo repartidor adereza la tarde con alguna broma referida a su hermano que en su bodega está atento a las carcajadas que provienen de la tienda de la esquina.
Desde la puerta un joven desgarbado con el rostro picado fisgonea con curiosidad obsesiva el juego de los viejos quienes diariamente se reúnen para jugar ese extraño juego con unas cartas que le han contado que son de uso de las brujas. Recostado en la puerta verde apolillada gana centímetro a centímetro territorio en la tienda para tener una mejor ubicación y optimizar su observación. A ratos se empina para esquivar la cabeza del viejo alcalde que por momentos le impide ver el juego. 
El juego sigue su curso interminablemente mientras de la mesa emanan volutas de humo como desvaneciéndose de los   puros de tabaco que los jugadores aprietan entre sus labios. Conforme el juego fluye, el alcalde; a quien a veces también llaman zángano, reparte monedas entre los ganadores y cobra a los perdedores con fruición perversa. 
A lo lejos se puede observar desde la tienda el apuro de una mujer que con mucho esfuerzo arrastra un pesado balde cuyo contenido se puede adivinar por el fétido olor que disemina. En un descanso de su esforzado afán levanta la cabeza   y divisa allende en el postigo de una puerta verde, recostado al joven desgarbado. Inmediatamente reconoce al hijo que ha desaparecido después del almuerzo. No puede reprimir su furia al advertir el ocio del hijo mientras ella se afana por acarrear el alimento en el balde para los cerdos que cría y que pronto los venderá en la fiesta en trocitos de asado.
Entonces alista el aparato fonador y a todo pulmón grita: “Jaaacintooo imata tzaycho huancaranqui, yanapamajllasi shamuy” (1). En ese preciso momento aquella madre acuñó para su hijo el mote de “Huanca Jacinto” que lo acompañará el resto de sus días.
Entre los contertulios de Don Enrique con quienes comparte aquel viejo juego que los españoles llamaban tresillo, frecuenta don Benigno. Hombre imperturbable, a veces guasón cuando anda de humor. Este juego que practican sabe Dios desde cuando los viejos notables de Chacas, que ellos denominan Rocambor se ha convertido en un verdadero vicio y una ocasión para chancear. A menudo los viejos hasta se olvidan de cenar empecinados en recuperar la pérdida monetaria que muchas veces significa. Las mujeres sospechan que es un juego del demonio y no descuidan una oración en favor del esposo extraviado.
Un día Paula, la criada de don Benigno enviada por la esposa de este para recordar al viejo hidalgo la hora de la cena, observa desde la puerta entre azorada y tímida la partida de rocambor que acaban de iniciar los viejos amigos. Mientras observa duda entre contar o no su secreto mejor guardado, ahora que don Benigno se encuentra inerme lejos de la mirada protectora de su mujer. Finalmente rompiendo reparos considera que esta es la oportunidad. Entonces rompiendo el silencio sepulcral de la tienda con su característica voz chillona espeta: “Don Benigno jukta willaycoman, pero pengacocha” (2). Entonces todos volteán al escucharla y esperan con supina curiosidad la segunda parte  de la revelación. Exigien a la timorata Paula el íntegro de la revelación. Alentada por la exigencia, Paula, termina de contar: “Don Benigno, gayan sueñuycuro, ma abrazarcamar mutzaycamana canqui” (3); provocando la hilaridad de los viejos jugadores. Se levanta indignado profiriendo: “Chola de mierda, mejor me voy a comer”; mientras es despedido por desagradables risotadas.

(1)  “Jaaacintoo que haces ahí como una piedra, ven por lo menos a ayudarme”
(2)  “Don Benigno, quiero contarle algo pero me da vergüenza”

(3)  “Don Benigno, ayer le he soñado, luego de abrazarme Ud. Me había besado”

viernes, 14 de octubre de 2016

PARA EL AMIGO AUSENTE

PARA EL AMIGO AUSENTE


Hoy estuve esperando tu llamada que no llegó. Hoy estuve recordando lo que hubiera sido recibir tu llamada si no te hubieras ido, pero la realidad es contundente, no estás. Quién sabe, como las veces pasadas me hubieras llamado para decirme “Curito” te estoy llamando para que me saludes. Y sin duda nos hubiéramos cagado de risa de la vida, de nuestras arrugas, de los años, de las canas, de nuestras tragedias, de nuestras risas, de los amigos, en fin.
En el patio trasero de los “Libios” construyendo aquel castillo de fuegos de artificio de fósforos amarrados con pabilo mojado en una latita de kerosene y paquetitos de azufre junto a los pocos amigos que éramos, porque casi todos se habían ido a Lima. Los fósforos provenían de la tienda de mi papá, el azufre de la tienda de tu papá, el pabilo y el kerosene de la tienda de los “Libios”. Los que no tenían tienda de donde hurtar los “ingredientes” para el castillo, traían el carrizo en los que se iban instalando pacientemente los fósforos, los paquetitos de azufre para encenderlos y disfrutar de ese precario castillo después de la corrida de toros con los feroces toros a los que el “Ismu” controlaba con la cuerda, amarre de los cerdos liberados para ese fin. Eran días posteriores a la fiesta patronal en la que replicábamos en nuestra mente infantil al máximo de todo aquello que sucediera en Chacas.
Nuestro universo que era Chacas  y todo cuanto se produjera en él, se replicaba luego como en una maqueta. En aquel patio trasero de la casa doña Celinda, que a veces nos increpaba por el desorden que producíamos en su no tan apacible corral de cerdos.
Llegaban los carnavales a Chacas y en el traspatio también se erigía un madero de sauco, orlado con serpentinas, talco, escazas frutas; pero, en el patio trasero también tenía su  chiwalo.
Luego llegó a nuestras vidas ese periodo en el que espíritu angustioso y enmarañado se apodera de cuanto nos sucede. Entonces empezaron los bailes, empezaron a tomar vida las chicas. Por ese embelesamiento que producen las mujeres alguien se cayó del muro de don “Mañumariluz” de tanto mirar a las nietas.
Empezaron las “janaras” como dijera un día el chino Jorge, un día como hoy en la sala grande de la antigua casa de tus abuelos. Teníamos que empaquetar quién sabe un jaboncillo o tal vez un par de docenas de caramelos para obsequiarnos como regalo de cumpleaños. Después vinieron las fiestas en la casa del “Barrio Alto” como te gustaba llamarlo, barrio donde vivian los “Moishes”  también,  en aquella casita que hubieras querido que fuera de resipol. En ella se reunían la crema y nata de la belleza que inspiraba decir “Chacas que lindura”. En ella al son de una cumbia, talvez “Cariñito”, torneando los brazos de manera sincronizada, o un zapateo de un anodino huayno o quién sabe de un ritmo loco de “The Queen and Revolution” empezábamos a cortejar a aquellas chiquillas en quiénes también empezaba a despertar ese no sé qué las inquieta.
De esa época, como no recordar que enfundado en un poncho habano mientras intentabas deslizarte por la ventana de la casa de la gordita que quitaba tus sueños, te atascaste entre los barrotes de fierro de la ventana y tuvimos que jalarte de los pies y a duras penas liberarte pero el pánico ya había cundido entre la vecindad del frente. Cómo olvidar que el día de tu “matri” esa misma chiquilla la de la ventana, acompañada de un joven delgado espigado y barbón salía a contemplar la hermosa luna; fue sorprendida por la madre de esta en la puerta, y el joven no tuvo otra alternativa que pedir permiso: “Señora, puedo salir con su hija a dar un paseo” a lo que la vieja media ebria replicó: “Anda no más, barbón de mierda.”
Como olvidar tu sencillez, tu fidelidad a todo, tu pasión por Chacas y tus amigos, tu amor por tus padres, tu mujer, tus hijos; como olvidar que se te iba la babita por tus nietos, tu vocación de imitador. Tu increíble paciencia para escuchar y no amargarte ante nada.
Hoy no me has llamado, “hoy estoy en el poyo de la casa, donde nos haces una falta sin fondo” como diría Vallejo, tal vez sería pertinente agregar que hoy también te estamos esperando con un vaso de chela Pilsen helada en algún patio de una casa antigua esperando tu sonrisa franca, entrando con una anécdota entre manos y un abrazo fuerte en ciernes.

Feliz cumpleaños Coñito. No te hemos olvidado,  sigues viviendo entre nosotros. Solo has cambiado la forma de existir.

jueves, 11 de agosto de 2016

PARA COÑITO, IN MEMORIAM - "APREMIOS DE PELUQUERÍA."

APREMIOS DE PELUQUERÍA.


"Quien vive en el recuerdo de los demás nunca muere"

Por Manuel Roca Falcón.

El viernes 22 de julio mientras viajaba rumbo a Lima, a través del Whatsapp iba conversando con Coñi quien siempre encontraba el humor en cualquier lado de la vida y lo usaba como  mejunje de la amistad y en esa conversación me contó de casualidad parte de este relato que yo andaba buscando para cumplir el compromiso con los editores de "El Pregonero" de escribir un artículo.  Cuando le dije que había encontrado el argumento de mi próximo artículo;  en son de broma y, presumo, premonitoriamente me dijo: “Ni lo publiques, soy hombre muerto”, haciendo alusión a que Yango, su cuñado, protagonista de la anécdota  le encararía que me hubiera contado.

Coñito: amigo, hermano, compañero de tantas aventuras para tener la memoria viva de tu recuerdo, para que donde estés no pierdas la costumbre de reír te cuento esta anécdota que me contaste, y no me reclames: “Curito, ¡escribe pe!, que queremos matarnos de risa”.

(Ver el vídeo)


Uno de los momentos de la vida más vacíos, soporíferos e inactivos debe ser aquel en que te sientas en una poltrona de peluquería. Y si sobre ello se agrega el roce deliberado de la palma de la mano del peluquero sobre tu rostro o alguna parte sensible de tu cuerpo el suplicio se acrecienta, salvo que quien te esquilme la melena sea una fémina de buen talle; entonces sí, sentir la proximidad de sus pezones sobre tu rostro, aun cuando la blusa nos separe de su contacto, prontamente te pasma de entusiasmo.

Un día Pepelucho concertó una cita con un par de jóvenes peluqueras que de buen talle no estaban lejos de la perfección; pechos turgentes, muslos torneados, ojos juguetones y cintura hechicera hasta por  el trasluz  de sus ceñidas blusas. La cita fue concertada en la peluquería “Las Rositas” para después de una larga jornada de esquilaje apremiante y de sábado febril. Pepelucho llegó puntual, peinadito después de un laborioso trabajo de sometimiento  de sus rebeldes mechones que se resistían a la orientación que intentaba delinear el peine con la ayuda de un suavizador aceite de almendras para bebés. Su rostro obscuro, su mirada ingenua y su sonrisa ansiosa de apremios no satisfechos ingresaron por el postigo abierto al medio de una puerta metálica desenrollada debajo de un anuncio luminoso de neón con dos rositas en los extremos. En una mano la sonrisa ansiosa llevaba una bolsa de supermercados con media docena de botellas de ron y en la otra mano el sudor irrefrenable de un deseo reprimido. Saludó a las chicas con un beso en la mejilla y un lacónico “hola”.  Al rato las botellas fueron una a una destapadas y escanciadas en copas dispuestas entre los frascos de talco, cremas y otros cacharros en una de las mesitas de la peluquería. Después de un largo trajinar de las copas y cuando sintió el vaho del licor subir desde los dobleces de su estómago hasta los aledaños de su cabeza entró en la cuenta que su metas afrodisiacas tendrían que ser postergadas, pues pronto quedó postrado ebrio de amor, deseo y alcohol sobre el sillón de peluquería. Las chicas mientras tanto apenas achispadas por las copas de ron, en su intento de agradecer a tanto galanteo y atenciones de su amigo  Pepelucho pensaron que tal vez a ese rostro moreno  le iría a la perfección un enrulado a lo Africa Look. Presurosas le pusieron los rulos, los bigudíes, los químicos ondulantes, el gorro térmico y esperaron los resultados de su trabajo casi hasta el amanecer. Cuando al día siguiente Pepelucho despertó   y se vio en el espejo se asustó tanto de su nuevo look que se escapó hasta Acochaca, su tierra natal, para que nadie lo viera. Cuando transpuso el viejo portón de la casa , Cori sorprendida no dejaba de decir: “yu?”, “yu?”, “yu?”,…

No muy lejos ni en el tiempo ni en el espacio, Robin entró  a la peluquería donde era parroquiano habitual. Solicitó al estilista de su preferencia que le alisara el rubio cabello que  había crecido desmesuradamente y que distorsionaba su cuidado y deliberado porte de militar. Se sentó en la poltrona rosada del centro de estética “Yensi Coffiure”, el estilista empezó su trabajo poniéndole la capa de corte rosándole el cuello con sus delicados dedos lo que le produjo cierto escalofrío lacerante. Mientras Robin ojeaba una revista de modas Yensi, el estilista, ejecutaba su trabajo tarareando entre dientes una canción de moda. A Robin le pareció que inhabitualmente Yensi esta vez se demoraba mucho para concluir un corte que siempre había sido relativamente sencillo; sin embargo, esperó pacientemente mientras escuchaba bisbisear el ritmo anodino que el estilista ensayaba. Tuvo que soportar el roce de sus dedos, por momentos algún jalón de cabellos, la gélida punta de una tijera y eventualmente, sobre su nuca, el frio y la humedad de un  pulverizado líquido fragante que salía de un chisguete. Cuando finalmente Yensi empezó a desabrochar la capa de corte y a pasar sobre sus hombros y cuello el cepillo de talco sintió alivio; pues, era el anuncio de que el corte iba concluyendo. Finalmente el peluquero haciendo una pirueta de valet le puso un espejo al frente anunciándole: “¡Mira esta obra de arte!”. En el espejo se proyectó una imagen que no encajaba en su memoria, era su rostro pero con cabellos ensortijados, hasta cierto punto era una imagen híbrida,   la suya  y la  de su mamá. Recién cayó en la cuenta entonces que la demora obedecía a que Yensi  se había afanado en ensortijar sus rebeldes cabellos rubios  teutones. Una vez repuesto de la impresión inicial se enfureció y exigió  al estilista: “Córtame carajo”; pero, el estilista no podía estropear su obra maestra así que se negó. A los pocos minutos la obra de arte caía entre los dientes romos de una vieja y oxidada máquina de peluquear de un antiguo peluquero.


martes, 2 de agosto de 2016

CANNABIS SATIVA.

CANNABIS SATIVA.


Para mi entrañable amigo, Coñi Aguire; con el único afán de seguir cagandonos de risa.

Una tarde cuando el sol se ocultaba entre los empinados cerros cubiertos de nieve, el “Che” acababa de lanzar las ultimas bocanadas de humo de su pitillo de mariguana. En esas circunstancias, abruptamente, su  embelesamiento  de pavesas de humo  fue interrumpido por unos golpes en la puerta de entrada de la primera planta de la casa. Con el cabello enmarañado  y la barba larga traspuso su cabeza por el hueco de la ventana y vio al flaco Waldo. Waldo levantó la vista y las miradas se encontraron traduciéndose en una señal de visita. “Habla huevón”, dijo el “Che”;  “Acá pues vengo a hacer hora”  dijo Waldo.  “En un toque bajo” replicó  el “Che” y bajó a abrir le la puerta a su entrañable amigo.
Se sentaron en los muebles dispuestos en la sala y se pusieron a charlar  durante largo rato de cómo les iba en la universidad,   de bonsáis, de minerales,  y no cayeron en la cuenta que aun cuando la charla estaba aburrida había pasado ya un buen tiempo; hasta que el “Che” propuso llamar a Lewis, Reynaldo y otros amigos para hacer más llevadera la tarde. La tecnología y las ganas de reencontrase entre paisanos en una ciudad foránea hacían esa maravilla de reunir a los amigos. Dentro de poco, mientras la charla empezaba a desfallecer, empezaron a aparecer los amigos. Primero llego Aldo flamante ingeniero, con una bolsa de supermercado donde tintineaban unas botellas de algún licor que hizo a más de uno evocar algún recuerdo vomitivo. Dejando la bolsa en el piso de la sala dio a cada uno un esforzado abrazo para restañar la distancia y el tiempo, luego se dio a recorrer la sala viendo las fotos en blanco y negro pegadas en las paredes cubiertas de yeso de la sala.
La algarabía del encuentro se tradujo en copas de ron con Cocacola que iban y venían trazando rutas geométricas de ángulos agudos entre la boca  y la mano mientras recordaban   vivencias de la secundaria y los maestros que habían jodido durante la época de escolar. El “Che” se emocionó tanto que no pudo contener su emoción sino sacando un paquete de “yerba” de una vieja cajuela de  metal que un día envasaba algún confite. Arrancó una hoja  del Deuteronomio de una vieja Biblia que tenía a su alcance  y con una porción de mariguana de su paquete empezó  a enrollar un cigarrillo que lo coronó con una línea de saliva con la punta de la lengua sobre el papel para sellarlo; y finalmente  para destacar lo recordado dijo: “¡Qué loco huevón!”.
El pitillo fue transitando como una herida inestable de la tenue penumbra, preparada intencionalmente para emular un ambiente mágico,  sostenido a ratos entre los dedos y  los labios de los concurrentes. Mientras el “Che” iba instruyendo como retener el humo sagrado de la yerba para que hiciera efecto en las mentes vírgenes de los novicios. Luego de unos momentos algunos cantaban en inglés “Yesterday” de los Beatles, otros quedaron con los ojos mirando al infinito, otros se tiraron al piso emulando a Cristo en Getsemaní y oraban ardientemente, mientras “El Poeta” Joshua recitaba cinco metros de versos endecasílabos. Solo Ronaldiño entró en trance casi diabólico que se iba incrementando conforme pasaban los minutos. Botaba babas, se contorsionaba como un poseído mientras el “Che” trataba de calmarlo diciendo: “Vamo a calmarno, Diño”.
El trance de endemoniamiento en que entró Ronaldiño extrajo a todos de su propio trance y los preocupó porque no había quien y ni nada que pudiera calmarlo. Entonces  el “Che”  en su desesperación dijo: “Pónganle la Biblia en el pecho y recemos carajo”. Entonces el poseso del humo empezó a hablar idiomas desconocidos, a hablar en reversa y botar babas verdes que asustó aún más a los contertulios. En eso entró a la sala, con cierto apuro, la hermana del “Che” y viendo al poseso en ese trance expresó: “Ronaldiño pórtate bien carajo”;  y entonces el  energúmeno como si hubiera oído a la Virgen María se calmó en el acto; sin embargo, apenas la joven se retiró luego de sacar algo de su dormitorio, nuevamente empezaron las contracciones, las babas y los idiomas desconocidos.
Luego de muchas oraciones, agua ligeramente bendita sobre el poseso y unas biblias más sobre el pecho; los vómitos calmaron. El poseso pudo ser exorcizado mientras los concurrentes iban saliendo del sahumerio; así, el gringo Lewis cogido del brazo por “El Poeta” bajaba los peldaños diciendo “¡Que bestia, que altura carajo!” sobredimensionando en su ensueño los peldaños de la escalera.

domingo, 19 de junio de 2016

JAQUE MATE CON MANGUERA


“Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 
            ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 
             de polvo y tiempo y sueño y agonía?
J. L. B.

El postigo de la puerta ligeramente entornada intenta impedir el ingreso del crudo frío  de una noche de junio. De rato en rato se escucha el crepitar de una polilla en su afán de dar los últimos mordiscos en la puerta agujereada  por millares de sus cofrades que han hecho una zaranda de ella y que a duras penas se sostiene. Dentro, en la chicheria, dos jóvenes disputan una partida de ajedrez sobre un tablero que funge de mosaico de marfil colocado  sobre el mostrador apolillado también. Cada cuando un sorbo de chicha mezclado con alcohol discurre por el garguero de alguno de los contrincantes para apaciguar la tensión  luego de pensar el movimiento de alguna ficha.
El reto mudo planteado sobre las casillas blancas y negras es observado por otro joven que sostiene la mandíbula sobre los nudillos de los dedos que hacen contacto con sus dientes cariados. El imparcial observador no  descuida remojar con  un chorro de chicha la garganta mientras concentra su mirada en el desplazamiento del ladino alfil en el que puede sospechar un inminente y velado ataque contra la reyna blanca.
Mientras, afuera el frio arrecia y el aire se arremolina en torno a la puerta apolillada insuflando, de rato en rato,  un gélido hálito sobre las piezas dispuestas en las casillas. Manfre saca del bolsillo del pecho de su camisa un cigarrillo con un cintillo dorado entre el pucho y el cuerpo del cigarrillo. Lo ajusta entre los labios para luego alisar la cajilla de fósforos y encenderlo mientras piensa como neutralizar el ataque que le ha asestado  su entrañable amigo y eventual contendor, Manolo.
El joven observador, a quien sus cariados dientes han ayudado a bautizarlo, con el “grandilocuente” mote de “Ismu”, es el anfitrión,  proveyendo  la chicha, los pitillos y el tablero de ajedrez obviamente bajo la contrapartida de las monedas sustraídas por los contrincantes del cajón de recaudos de la tienda de sus respectivos padres.
Luego de neutralizar el ataque negro contra la reyna,  Manfre quien sabe aliviado del ataque ordena: “Ismu, una tanda más de chicha”. A lo que “Ismu” replica: “¿Con o sin?”. “No te hagas el huevón y sirve rápido”, termina diciendo Manfre y nuevamente se vuelve a concentrar con la idea de contratacar para  ganar.
La noche avanza y la partida no  tiene visos de concluir, se perfila un final intrincado, cuidadoso, lento y de muerte a cuentagotas y con posibilidades para ambos bandos.

En la casa vecina una madre preocupada se apresura a develar entre la penumbra y ayudada por la luz mortecina de una cerilla el mensaje cifrado del tic tac del reloj sobre la cabecera del catre. Son las dos de la mañana y el hijo estudiante aún no ha llegado. Se viste con premura ayudada de la luz de una vela que ha encendido, se dirige al caño de la casa, agarra una manguera y sale rauda y furiosa a la calle. No bien ha traspuesto la puerta de su casa escucha una discusión cercana. Se acerca cautelosa al lugar de donde proviene el ruido y por la puerta ligeramente entornada ve los rayos de la luz ambarina de un “chiuchi”. Cuando  aguaita por una de las tantas rendijas de la puerta puede ver a su Manfre, gesticulando y discutiendo, en un estado de beodez la posición de un peón.  Su furia se va incrementando y Manfre, dentro,  moviendo un caballo anuncia a su contrincante: “¡Jaque!”, en ese instante la madre empuja la puerta y chilla: “Maaanfreee que haces ahí. ¿Creo que estas tomando?”. “ Noo mamá, solo estamos jugando ajedrez”. Y la mamá: “ A ver tu alientoooo! Y Manfre: “jaaaaaa” y la madre: “ya ves sinvergüenza! Y con la manguera en ristre da el mayor jaque mate a un ajedrecista nunca visto en todos los tiempos.

sábado, 5 de septiembre de 2015

MI MURO ERA UNA HOJA DE PENCA DE PIRUSHTU.






“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente.”- Ludwig Wittgenstein


Mucho tiempo hace, treinta años quizás, cuando  salía uno de las escazas y estrechas calles de Chacas y confluía en un estrecho camino flanqueado por puntiagudas hojas en cuyos bordes podía uno observar, con temor, una hilera de torvas espinas que remataban su ascenso en una mayor que señalaba el cielo.  Entre estas desafiantes hojas a menudo presurosas se ocultaban lagartijas y salamandras poniéndose a buen recaudo de la amenazante presencia humana. Claro, muchas de ellas murieron entre retortijones de dolor, devoradas sobre un nido de hormigas voraces gracias a  las perversas manos de algún crío protervo. Estas eran las pencas, que por doquier prosperaban en la periferia de Chacas, habitáculo de alimañas  y bichos. En esas hojas de uso público cualquiera podía quebrar una espina para herir a la gente escribiendo a su gusto teoremas y dicterios de diversa laya.

Desde noticias de furtivos romances hasta inculpaciones mayores eran el argumento de la narrativa secreta de la injuria y el odio. Nada está escrito para siempre, salvo para quien lo lea, pues esos viejos pergaminos,  enseres del antiguo e infame oficio de  la injuria  fueron cediendo al crecimiento lento e incesante del pequeño pueblo que era Chacas. Quien no haya herido una hoja de penca con un punzó hecho de la misma espina  en su vano intento de perennizar un furtivo amor dibujando con trazos temblorosos un corazón flechado con las iniciales de su nombre y la manceba, no puede decirse chacasino.

Sucede que los conjuros y los hábitos de la gente con relación a los otros casí no ha cambiado; solo, ha cambiado la tecnología. Así hemos pasado del papiro que era para nosotros de la penca, a las redes sociales. Es decir las redes sociales de nuestro pueblo eran las indefensas pencas - a pesar de sus gruesas espinas- que hacían de precarios "muros", "coveres" y otros rudimentos tecnológicos. De modo que con toda certeza podemos decir que el Facebook lo inventamos nosotros en las pencas que circundaban Jirca y Pirushtu, cuando pregonábamos el romance de alguien con la vecinita del frente o cuando, como ahora, desde el más estricto anonimato alguien se ensañaba a punta de insultos y diatribas contra el honor de alguien; la gente no ha cambiado solo la tecnología.

Claro, ahora la tecnología es más versátil puedes “colgar” una foto, hasta del momento menos insospechado, para decir a la gente: “mira yo soy”, “aquí estoy”, “existo”, “hago lo que tú no puedes, jojolete”. Hasta se puede agradecer a Dios, a la Virgen María y todos los santos por algún milagrito a nuestro favor (pásenme la cuenta de Dios, por favor).  O saludar a mamá por su onomástico aunque no sepa  ni por asomo que es un “like”.

Nuestra pobre penca la que era hogar cálido de las lagartijas y otros bichos se ha virtualizado, ha cedido su paso al mundo digital; nuestros corazones flechados se han convertido en “emotions”, nuestros trazos zigzagueantes se han convertido en “caracteres” y otras jerigonzas intraducibles para el común de los mortales.

En fin nuestras posibilidades de expresión se han repotenciado solo que hay que tener mesura  en nuestras expresiones porque corremos el riesgo de convertirnos en lo que Umberto Eco* ha denominado, “legión de idiotas”, porque en realidad la consistencia de nuestro lenguaje es la medida de lo que somos.


Umberto Eco.- Semiólogo y escritor italiano, considerado el ateo mas culto del mundo. Quien desee leer las declaraciones, respecto de la "legion de idiotas" puede hacer click  aquí.

martes, 12 de mayo de 2015

HISTORIA DE LA CREACION DEL COLEGIO NACIONAL AMAUTA ATUSPARIA


(Artículo escrito por don Rolando Leon Melgarejo, en la revista Aspirando, publicada con ocasion de las Bodas de Plata del Colegio)

HISTORIA DE LA CREACION DEL COLEGIO NACIONAL AMAUTA ATUSPARIA

Entregamos tres versiones de la creación del CN DE Chacas tienen el mismo objetivo, el mismo criterio, las mismas aspiraciones vistas desde Chacas a Lima, y justamente escriben sus protagonistas los señores: Rolando León, Aníbal Melgarejo y Pedro Rodríguez.
ROLANDO LEÓN MELGAREJO
Hace 25 años, al crearse el Colegio Amauta Atusparia se hizo realidad el anhelado sueño de los padres de familia del entonces distrito de Chacas, y ahora flamante provincia de asunción
Fue realmente un sueño de muchos años convertido en realidad para este pueblo trasandino, cuyos jóvenes años tras años emigraban a diferentes planteles secundarios, tanto del departamento como Lima. El nacimiento de un plantel añorado,  sin embargo, planteaba un reto para los padres de familia y autoridades, quienes sacando fuerzas de flaqueza comenzaron a trabajar armoniosamente para implementarlo y ponerlo en funcionamiento.
Después de reiteradas gestiones ante el Congreso de la República por intermedio del Diputado Dr. Arcadio Alfaro Cueva, autoridades de Chacas y Centro Representativo Chacas con sede en Lima,  se logró poner en marcha su funcionamiento.
Es así que providencialmente, es nombrado como director del flamante plantel  el profesor Román Gonzales,  natural de Huari, pero de corazón chacasino .Gracias a la acertada gestión del profesor Gonzales,  el Colegio Amauta Atusparia comienza a convertirse en un verdadero plantel  de nivel secundario a nivel de Conchucos.
El Centro Representativo de Chacas con sede en Lima,   bajo la presidencia del señor Marco Díaz Cerna, en coordinación con el Comité Pro Colegio Secundario, el Sr. Pedro Rodríguez y autoridades de Chacas, libró una dura batalla con las autoridades del distrito de San Luis,  quienes presentando argumentos incoherentes  pretendían llevar la sede  del nuevo plantel al pueblo de San Luis .
Ante la férrea gestión del Centro Representativo de Chacas, autoridades y padres de familia, el Ministerio de Educación mediante un decreto supremo crea el colegio secundario en San Luis .
Con esta disposición se dio por terminado el nuevo capítulo de discordia entre sanluisinos y chacasinos .
La inauguración oficial del Colegio Amauta Atusparia se llevó a cabo el 16  de agosto de 1965,  en acto solemne realizado  en el marco de la fiesta patronal que se realiza en homenaje a la Virgen de Asunción.
A la inauguración del plantel asistieron entre otros, representantes parlamentarios por Ancash, autoridades educativas de Huari y Huaraz, delegación del Centro Representativo de Chacas y numerosos chacasinos residentes en Lima y demás ciudades del país . La solemne misa de inauguración estaba a cargo del R.P Aquiles Leon M., quien en su homilía relievó la trascendencia del acto para la juventud estudiosa del pueblo. Estos actos alcanzaron éxito gracias a la decidida participación de las siguientes personas: profesor Román Gonzales (Director), Pedro Rodríguez Cunza (Presidente del Comité Pro Colegio), Cornelio Aguirre Arteaga (Alcalde), R.P. Aquiles Leon M. (Párroco) Federico Vidal A. (Comandante del Puesto), Luis Cafferata Simic (Gobernador), Enrique Amez del Castillo (Presidente de APAFA) y Manuel Mendoza (Secretario del Comité) .
Después del profesor Román Gonzales, vino la gestión del joven profesor Antonio Noriega Vizcarra, quien siguiendo los pasos de su antecesor realizó una fructífera labor en el engrandecimiento del colegio. Fue durante su mandato que se compró un terreno de 5000m2 ubicado en el barrio de San Juan Cruz de propiedad de la Beneficencia Pública de Huari; Esta compra se cristalizo con la donación de 5 mil soles que hizo nuestro recordado benefactor de Chacas, don Cornelio Aguirre Briceño. Este inmueble se encuentra registrado en el Margesí de bienes del Ministerio de Educación.
Posteriormente, el Centro Representativo de Chacas, realizó gestiones ante los dirigentes del Club Deportivo de Chacas con sede en Lima, para que un terreno de su propiedad ubicado en Huaychopampa sea utilizado como campo deportivo del colegio.

En los últimos cinco años, la ayuda del Centro Representativo de Chacas en beneficio del Amauta Atusparia ha sido muy relativa debido a factores que tendrían que ser analizados. Este año el director del colegio profesor Godofredo Montoya y el Alcalde provincial Máximo Vidal, han comenzado a buscar soluciones a las diferentes necesidades que requiere el colegio. Es encomiable que en esta gestión viene participando activamente la asociación de ex alumnos del colegio, quienes ahora ya en su mayoría son profesionales que anhelan convertir a su alma mater en el crisol de la juventud chacasina.

martes, 31 de marzo de 2015

AL SUR DE MI RECUERDO HAY UNA CANCIÓN.



Cuando aquel bulto forrado con un talego, venía bamboleándose  sobre el anca del caballo que mi padre bebido  venía cabalgando;  tuve la extraña certeza que aquel bulto se iba a caer. El caballo se detuvo junto a la puerta de la casa, mientras mi padre gesticulaba y desataba un discurso  ininteligible para el común de los mortales. Con mucho esfuerzo, ayudamos  a mi padre a apearse mientras remataba su deshilvanado discurso con un contundente ¡carajo!.  El bulto fue desatado con premura y mucha curiosidad. La envoltura era un talego de harina sol que soberbio lucía un radiante sol verde dentro de un círculo rojo.

En la sala de la casa el bulto fue descubierto de la tela que un día fuera blanca. Era una caja  roja por la parte superior, por donde  aparentemente era la tapa; y por la parte inferior más amplia, verde. Tenía un pestillo dorado con una curvatura barroca que sujetaba la aparente tapa. Con mucho cuidado desenganchamos el pestillo de lo que en efecto era la tapa, lo levantamos y apareció frente a mí un espejo que reflejaba mi abobada mirada de quien no sabe que ha descubierto. El develamiento de la tapa no solo hizo aparecer el espejo en su dorso que reflejaba ahora mi sonrisa, sino también sobre la base superior de la caja ahora descubierta, un artilugio incomprensible para mí, compuesto por un disco y un brazo de plástico negro con una punta de metal en su extremo libre.

Cuando mamá abrió las puertitas de la caja, encontró un paquete de discos, sacó y colocó uno de ellos sobre el disco de metal que la caja tenía; luego cogió el brazo de plástico negro y lo colocó sobre el disco y entonces empezó a fluir desde la caja una melodía que nos maravilló.  Y papá en el patio continuaba su sempiterno discurso sobre amanuenses y cuatreros.

La melodía era la cumbia “La Momposina” que hasta ahora resuena en mis oídos como recordándome  aquel momento de encantamiento y magia. En ese bodoque de discos que traía  en su vientre de tripley aquel tocadiscos encontré géneros de diversa laya; desde los Bee Gees hasta el plañidero género de Lucio Pacheco. Toda esa colección sin duda competía con creces con los ritmos y géneros que don Miguel Flores, “El chino Flores”,  regalaba en sus audiciones radiales al pueblo a  través de sus altoparlantes colocados en las ventanas circulares de su casa en la plaza cada vez que su ansioso  corazón le inspiraba escuchar música junto con sus ariscos vecinos.

Aquel tocadiscos que un día había llegado a nuestra casa para distraer a veces nuestras tardes melancólicas; nos enteramos luego que, había sido producto de un trueque entre la Gringa Margaret y mi padre. El tocadiscos, que en el documento de trueque, tomaba vida como “un artefacto denominado Pick Up”,  había sido canjeado por una casa propiedad de mi padre en el balneario de Upacasha. Luego de un tiempo; el tocadiscos icolor, así como un día llegó  inusitadamente desapareció como por encanto.  

sábado, 7 de febrero de 2015

REMINISCENCIAS DE CHUCPIN


Al tío Raúl Melgarejo, que vivirá sin fin en cada párrafo, en cada recodo, en cada respiro de sus entrañables historias.

Hoy me he levantado con ganas de escribir. De escribir para vivir lo que no pude, para recordar lo que pudo ser, para poner en evidencia que solo somos recuerdo e historia y que más allá del presente todo es incierto.  Hoy me he acordado de aquella vez, que metido entre la paja despojo del  trigo triturada por la pisada de los caballos, dormía bajo una manta y la luna llena que  pintaba de plateado el pequeño mundo que era Chucpin. Más allá, el Gotu Félix mascullaba algunas palabras ininteligibles, sin duda aporreado por la chicha con punto que había bebido durante la tarde mientras arreaba la recua de caballos sobre la parva de trigo.  Solo el penetrante frío ingresando por algún resquicio de la manta perturbaba por momentos ese encantamiento nocturno de estrellas fugaces y de plenilunio. Al fondo bajo el molle mortecino se observaban perfectos dos cantaros de chicha esperando el amanecer para derramar  por sus bocas desportilladas su espumoso contenido.
Más tarde a la luz del sol y el impulso del viento la paja que había servido de improvisado lecho sería separada de los dorados granos de trigo que luego se convertirían, en el viejo molino, en la harina para el pan de cada mañana. Viento, anhelado por manos apuradas y ansiosas que lanzaban el barajo  de espigas trituradas, que a veces no llegaba. Luego, después de tanta espera, con un ímpetu inusitado se llevaba por los aires el pajal dejando caer por entre la horqueta la preciada cosecha al ríspido suelo de arcilla. Viento, que de cuando en cuando traía una extraña melodía de paz y quietud que solo era perturbado por algún conjuro  quechua de la campesina que barría con cuidado para no llevarse los granos de trigo junto a la paja en su  improvisada escoba de tallos de wisllaco. De esas experiencias está poblada mi infancia, producto de esa especie de exilio bucólico obligado, pues no había forma de convencer a mamá que podía quedarme  solo en la casa del pueblo. Claro, había la ligera sospecha, fundada por cierto, que mientras mamá se afanaban  en las correrías agrícolas nosotros nos distraíamos en las aventuras  dipsómanas. Probablemente las circunstancias ingratas de la chacra por ejemplo una torrencial lluvia en plena parva o  la espera interminable del retorno de la recua en el horizonte que insinuaba nuestro pronto retorno a Chacas; alejaron de mí el  encantamiento que en otros provoca  ser agricultor.
Ya mayor tuve la oportunidad de sembrar a medias con mi inolvidable amigo Oriol Amez una chacra con papas. Ligera tarea la de sembrar papas y lidiar con los campesinos, que en lejanos claustros llamarían administración de recursos humanos.  En esas circunstancias de falencias en erudiciones en temas laborales recibo el generoso ofrecimiento de mi primo Délmar. “Primo- me dice- vamos un día a Potaca para que veas cómo se maneja a esta gente”. En efecto,  después de algunos días, enjaezamos  los caballos: el Ratón y Tornado, y apertrechados de un talego de coca, un bidón de alcohol y un suculento fiambre partimos presurosos hacia las altas punas donde se respira el gélido aire de la cordillera, con el objeto por lo menos por mi parte, de recibir  una lección magistral en manejo de personal. Al trote de los caballos que vaporosos subían el camino pedregoso llegamos a la vaquería a cuyo costado se podía ver los tallos de la papa que aguaitaban por entre el  hierbajo. Cuando llegamos estaban ya los peones a la vera del sembrío sentados en fila chacchando coca.
No bien nos vieron llegar los  jornaleros expresaron su entusiasmo con una franca sonrisa al ver el bidón sobre anca de caballo y que suponían era de alcohol. Délmar improviso un saludo en quechua que fue respondido con un retahíla desordenada de inclinaciones. Una vez que hubimos descargado nuestras vituallas y demás enseres procedió a repartir la coca en las amplias manos hechas cuencos y el alcohol en una taza enlosada blanca de borde azul. Después de media hora de concentración los campesinos empezaron a desperezarse y atacar la tarea de deshierbar el papal.  Cuando el sol traspuso la cuarta parte de su recorrido en el cielo Délmar anunció un descanso de quince minutos y nuevamente la coca y el alcohol para el deleite de los operarios.

Hasta ahí todo la lección estaba siendo rigurosamente aprendida y anotada en un pequeño cuaderno con la discreción debida tras un arbusto. Los jornaleros trabajaban infatigables  habían avanzado la tarea por sobre mis cálculos. Luego del almuerzo se reanudo la tarea con el mismo entusiasmo de la mañana;  claro la coca y el alcohol habían corrido a raudales, ahí estaba el secreto de esta nueva ciencia de manejo de los jornaleros. Eran las dos de la tarde y Délmar me propuso ir a la casa rústica construida de piedras y paja que tenía junto al puente, que servía de depósito, a guardar algunos trastos agrícolas. Luego de un tiempo cuando retornamos a la chacra inmediatamente entre en la cuenta que la lección de administración de recursos humanos había fracasado. Los  jornaleros yacían tendidos totalmente ebrios por entre los surcos mientras Délmar entraba en cólera, pues definitivamente  la lección había fracasado. Frente a ese fracaso ensillamos los caballos y retornamos en silencio hasta Chacas, porque no cabía más que el silencio.  

viernes, 17 de octubre de 2014

NUESTROS AMIGOS


Raúl Melgarejo
Lima, Setiembre, 2014

A: Pedro Rodríguez C.
Mi  ex condiscípulo de la Escuela Fiscal “Puquio Calle”  un hombre cabal,
un hombre  comprometido con las causas nobles del pueblo.

NUESTROS AMIGOS II

            En esta distancia que nos agobia, soportando el inapelable embate de los años y sus duras implicancias, regresan tímidos a nuestra mente, borrosos recuerdos que el tiempo había tratado quitarnos, recuerdos de la primera etapa de nuestra infancia. En esos venturosos tiempos sin que nosotros lo sospecháramos la muerte nos seguía a todas partes,  pero la sabiduría natural de  Don Horacio y después de Doña Ishiquita, en muchos casos nos libraban de sus asechanzas, ya con emplastos, infusiones de hierbas curativas, etc. Pero en ciertos casos fue tan cruel e implacable el mandato de la parca, que nuestro médico tradicional no pudo rescatarlo de sus garras a su engreído César, quien raudo sucumbió a las fiebres de la neumonía. Otro doloroso caso fue de Emerenciano, cuando “gala chaqui” corríamos tras una pelota en la plaza; ante nuestro estupor comenzó a convulsionar regurgitando sangre viva, de esta forma se fue el mejor futbolista de ·”tuncush” quien no pudo cobrarle a la muerte. Saliendo de este farragoso tema, nuestra ansia es entregarles recuerdos, que a continuación me permito narrarles.

ESCUELA FISCAL.- El primer día de clases en nuestra Escuelita Fiscal de “Puquio Calle” llegamos al destartalado recinto, luciendo nuestra dominguera vestimenta, con la nota discordante de un “párvulo” que llegó enfundado en un impecable guardapolvo blanco, que blanco de nuestras chanzas, de Godo, Wilbur, Vicente, Pedro, César, Teodorico y el díscolo Justiniano entre otros. Acto seguido recibimos una pizarrita personal con su respectivo aditamento para hacer los primeros trazos de nuestro aprendizaje. En el segundo día de clases, la abusiva presencia de “Wiscu” Jushti                  –con el puño ya loqueado en labores agrícolas- sin móvil de por medio, nos hacía llegar golpes en los intercostales que nos quitaban el resuello, este “bullying” hizo nuestra resistencia de volver a clases, pero fue tan fuerte la contundencia de un correazo de papá, que hizo amainar nuestra rebeldía.

EVANGELISTAS.- El compadre Manuel Rincón, era un lugareño de mediana estatura, siempre encasquetado en un sombrero de paño negro, tenía una acogedora casa en el extramuro del pueblo, era una persona hospitalaria, siempre presto en salir en ayuda del prójimo y como es de suponer era fiel devoto de nuestra “Mama Ashu”, por tanto cercano colaborador del cura. Pero en una ocasión alborotó el sosiego de la beatas, cuando este feligrés alojó en su casa a un grupo de evangelistas y luego en el colmo de la desfachatez los presentó en el quiosco, para que estos seguidores de Jehová, con sus cánticos y proclamas buscaran captar adeptos a su fe, no se duda que este compadrito ganaba indulgencias por angas y mangas.

EL CADETE.- Como suele ocurrir en todo pueblo pequeño, nuestra vida giraba entrelazada con la familia, paisanos y vecinos; en una ocasión el Pasaje Olaya se conmocionó con el arribo de Diómedes –Cadete de la Benemérita Guardia Civil- de tal forma que nuestro pasaje se atiborró de curiosos; Doña María y sus medio hermanos del visitante, no se cansaban de celebrar este acontecimiento; por cierto, se trataba de un joven bien plantado, que en su uniforme relucía su capa de paño color azul en el anverso y rojo en el reverso. En Misa del domingo, todos los feligreses fijaron sus miradas en este ilustre paisano –que pronto sería jefe de los “Huairuros”  -causando la incomodidad del cura Rodríguez, quien remató su sermón tratando el tema de la vanidad.

EL PRESTIDIGITADOR.- No sabemos en qué momento y cómo llegó con los arrieros; el ventrílocuo y prestidigitador Escalante, una persona de rasgos físicos poco comunes entre nosotros; llegó acompañado de Charmot, para que quede claro, éste no era un ser viviente, sino un muñeco cachetón, que nos hacía llegar la alegría con sus hilarantes chascarros salpicados de chismes. Otro acápite merecen los números de prestidigitación de Escalante, que con su consabido “Ajalay Majalay” hacía aparecer y desaparecer objetos. Pero el tiempo siguió su curso, en cada viaje la sonrosada tez de Charmot se fue desaliñando en cada viaje a nuestras alturas andinas.

El Prestidigitador y Ventrílocuo


           Fuente: acuarela de Lorena Bonillo


… llegó acompañado de “Charmot” que no era un ser viviente sino un muñeco cachetón…

VICOSINOS.-  En las vísperas de la fiesta grande de “Mama Ashu” trasmontando las tortuosas cumbres del Portachuelo, aparecían los vicosinos en nuestra plaza, cholas frescas y redondas “con sus polleras soltando carcajadas de colores” y recios cholos de poncho listado, esos “urpos” sin fondo de postín; eran los vicosinos que llegaban a rendirle pleitesía a nuestra tierna patrona, llegaban con su “sargento” estrafalario danzante, ataviado de una gastada levita negra tachonada de “oropeles” que danzaba entonado con las notas de una flauta, flauta que al morir la segunda tarde taurina, desmenuzaba desgarradoras notas de despedida, que ensombrecía el ánimo de la gente y así se iban los vicosinos, ahítos de chicha y comilona anunciando su retorno a nuestra “Marca Fiesta”; pero llegó el día que no regresaron más; dicen que porque una misión de Antropólogos de la Universidad de Cornell de EE. UU llegados a esa comunidad indígena, hizo que se corten esos lazos de amistad que nos ligaban desde tiempos inmemoriales.
Llegada de los Vicosinos
en las Vísperas de “Mama Ashu”




            Bueno, como epílogo de estas narraciones, les decimos que muchos caminos llanos y otros llenos de abrojos habíamos recorrido y en este andar hace algún tiempo, recalábamos en Ancón para la festividad de “Mama Ashu”. Como algunas imágenes dejan huella en uno, a pesar de los largos años transcurridos y usar gafas oscuras para proteger su ojo malogrado, reconocimos a “Wiscu” Jushti y como una forma de refrescar la memoria, le mencionamos de sus bravuconerías en la Escuelita Fiscal y éste muy suelto de huesos –ante la estupefacción de los presentes- nos lanzó la lapidaria sentencia: “Oye she, hoy también te puedo sacar la chochoca”.
            ¡Pobre paisano! para él el tiempo se había congelado, porque seguía siendo el mismo camorrista de “Ranra calle”.


lunes, 4 de agosto de 2014

RECUERDO DE ALGO QUE NO CONOZCO


Por Manuel Cunza Garcia
Gracias al empeño de Misael Noriega( Mishanco) , un gran señor, además un gran amigo, quien hizo que conociera a Rodolfo López, con quien viaje a conocer esa tierra andina, el de mis primeros pasos descalzos , han pasado tantos larguísimos años, durante los cuales, mi tierra –CHACAS- a sufrido un cambio difícil de creer. Por ello, ir a CHACAS, es ir a conocer de nuevo un pueblo ya con pantalones largos, ya poco generoso, dueño de su propio destino. Son las 6.30 de la mañana del día 19 de mayo, Rodolfo, pone las llaves de contacto y pisa el acelerador y arranca a conocer mi pueblo del que tenia el recuerdo. Iniciamos una amena charla que nos llevó, hasta cerca Paramonga, donde un obligado desayuno que es el deseado caldo de gallina, para luego, raudo partir hacia nuestro destino; nos dan las tres de la tarde en Carhuaz, degustando el apetecible helados de lúcuma, lo que nos sirve de refuerzo, al iniciar la cuesta de Shilla, que es motivo de otra forma de conversación, que trata de explicar el por que de esa interrupción para nuestra carretera.
            Un choclito y un pedazo de queso, al ingresar a la quebrada ULTA que es un lugar bien cuidado, incluso para las necesidades fisiológicas. Lo que sigue, es el serpentear de una vía asfaltada, trepando incontenible a la cima de lo que llamamos: Punta Olímpica. Rodolfo, mi compañero de aventura , ataviado tan solo con una camisa de manga corta, a un poco mas de 4,890 Msnm, entonces creí que en Chacas, hasta los hombres  han cambiado hasta la fuerza y calor corporal , para desafiar a la naturaleza. Esto me hizo sentir de nuevo pequeño, porque sin conocerlo es sencillamente increíble. Disimule mi rostro compungido, y algunas gruesas gotas rodaban por mi mejillas; no por algo triste, sino por lo grande que son los chacasinos, para cambiar el rostro de un pueblo, que ayer no mas era envidiable.
            Rodolfo, mi compañero, martillaba mi mente y mi silencio, preguntándome: quien podía imaginarse todo esto, en tiempos actuales; la pregunta sin respuesta se repetía a cada instante, que significaba como subir y bajar los andes vecinos. Recordé a muchos hombres y mujeres que intentaron esa tarea, con solo la idea de una trocha que haría fatigable, pero posible llegar a CHACAS con el traquetear de un vehículo cualquiera. Con sol en la cumbre, en ambos LADOS DEL TUNEL, captando unas fotos para el recuerdo hacen nuevamente mojarse mis mejillas, ya no por conocer el túnel, sino por si se repetirá otro día de felicidad, quizá el lejano mundo del más allá lo impida. Pero ya habíamos llegado a CHACAS, siendo las seis y 35 de la tarde, cuando el sol era aun dueño de la inmensa plaza y los rojizos tejados de las pueblerinas casonas.
            Ese día tan esperado, con los pies sobre una calle empedrada; ahora si, con zapatos. Rodolfo me deja en la puerta de un lujoso Hostal ASUNCION de propiedad de mi compañero de promoción de la querida escuela primaria 346. Es Zelinda, esposa de chamico (así lo llamábamos a Zamuel Zaragoza Portella) y mi vecina en tiempos ya idos, como dice el profesor Manuel Roca, en la calle que burlonamente lo llamaban WAYWASH CUESTA. Primero un duchazo , como nunca lo había hecho en CHACAS, me hace sentir tan grande , a la vez tan pequeño, recordando el poso de aguas turbias en el que nos bañábamos, cuyo dueño Sadoc Amez, a veces nos cobraba algunos centavos , por eso, en ese lugar cuyo nombre ya no recuerdo; luego de un baño reparador , soy presa de una pesadas frazadas, sin percatarme que mi habitación contaba con un aparato de televisión , lo que me dice: que en CHACAS ahora no existe nada que podamos envidiar a las mejores ciudades, por eso me dije a mi mismo, que no conocía CHACAS que casi AYERNOMAS, hace 30 años deje , sin imaginarme , lo grande , lo bello y generoso que es, con su progreso que un sacerdote foráneo lo entrego.
            Como es mi costumbre, dejo las sabanas y fracasadas a las cinco de la mañana, sin antes mover las cortinas de la ventana, queriendo ver a algún orgulloso chacasino, cruzar la extensa plaza, caminando a la chacra, o tal vez a un centro laboral, pero lo que vi fueron carros, en las empedradas  calles circundantes a la PLAZA y uno que otro parroquiano. El alba se acerca, las campanas de la iglesia, lanzan al viento su tañir, llamando al rezo del alba, con la plegaria a Mama Ashu , por el día llevadero para los Chacasinos. 8 de la mañana, Zelinda impone una ordenanza que debo cumplir; en su comedor privado, donde espera una taza de un verdadero café con leche; unas gordas roscas; apetecibles panes; una porción del riquísimo queso de fabricación cacera, que solo chamico y su familia lo disfrutan. Como cuando antaño  despachaba en la tienda de su Sr. Padre don Daniel Zaragoza, chamico es siempre generoso y como tal, ordena que se me repita, algo de lo que casi ha desaparecido del suculento desayuno, lo que también había olvidado, lo acogedor que son las familias chacasinas.
            Para seguir el hilo de nuestra conversación pos desayuno, le cuento a chamico, yerno de doña Chawita, mi vecina en Waywash cuesta, que en nuestro CHACAS soy un desconocido ,ya no hay nadie a quien conozca, ni quien me conozca , analizamos ,a nuestro particular modo, la composición poblacional del área urbana y “ descubrimos” que todos los del pueblo son nuevos, los niños que fueron, son hoy propietarios de los bienes que quedan en el perímetro de la plaza, eso si, que ya no esta ese viejo ciprés, techo de muchos aventureros que , cada 15 de agosto, no solo hacían su tienda, sino también su lecho de cuitas de fiesta grande. Terminada la tarea nutricional, salir a cruzar la extensa plaza, rumbo a la refaccionada iglesia, para presentar el saludo de rigor, a la patrono de todos- Nuestra Mama Ashu.
            Terminado la tarea religiosa, Salí de la iglesia en  busca de Rodolfo mi generoso compañero, a quien le pedí la molestia de ser un pasajero del retorno hacia Lima, donde estaba anclado, junto a mis hermanos de mucho más edad que yo. Teniendo la aceptación de Rodolfo, busque hacer algo ese día y se me ilumino mi ya antigua mente, enrumbe hacia el gran Colegio Amauta Atusparia , en busca de alguien de mente clara, para seguir la charla que inicie con chamico. Opte por el pretexto de hurgar algo en la biblioteca atusparina, atendido por un gentil maestro, creo que debo decir profesor verdad? Soy o sigo siendo ignorante en la materia; creo que habrá alguna diferencia entre ambos vocablos. Pregunte por el Sr. Director, tratando de hablar con propiedad, en la casa del saber; me respondieron que el Sr. Director se encontraba fuera del colegio, realizando gestiones para llevar cabo los juegos deportivos de la provincia .
            El resto del día me sirvió para hacer algunas gestiones en las oficinas del municipio provincial, cumpliendo órdenes de las delicadas empleadas; una y otra vez y en uno y otro sitio, para lo mismo y al Sr. Alcalde no se le encuentra por ninguna parte. Como ya es hora del puntual ritual del comedor. Esta vez, es chamico quien “ordena” Para ocupar el amplio comedor familiar, donde esperaban manjares que nadie, ni siguiera un diabético como yo, puede negarse. Nuevamente, la ineludible conversación sobre nuestro 346 , del que somos al parecer , los únicos sobrevivientes; hablamos de nuestras costumbres alimenticias , de nuestras costumbres estudiantiles; y demás cosas que nuevamente me recuerdan que chacas no es el que conocí en 1935, como alguien lo dijo, que después de nacer en San Luis, tierra de santa madre, llegue a Chacas, o cuando en 1950 deje  mi CHACAS , para emigrar hacia allá , a donde todos salíamos – Huaraz y Lima , en mi caso, al Colegio Nacional La Libertad de Huaraz , donde solo estudie dos años , de los mas duros, aunque no fui mal alumno en el glorioso 346 de CHACAS.
            Hasta aquí, mi vivencia de dos días maravillosos, conociendo mi tierra, del que tuve el recuerdo, pero no lo conocía. Esto tampoco es una respuesta a un generoso e inmerecido homenaje que un Sr. Director del Colegio me regala, realmente una pieza literaria de gran imaginación, sugiriendo como actores a quienes forman parte de la familia Waywash Cunza. El profesor Manuel Roca es pues dueño de una creación literaria costumbrista, que solo lo hace alguien que no oculta su amor por su suelo, que algunos hemos dejado porque luchamos en el tiempo, por la supervivencia familiar (primer gobierno de A. García). Dice Manuel Roca:” Hace poco , una tarde soleada en la plaza de CHACAS, tuve la ocasión de encontrarme con un viejo amigo que no lo conocía, sin embargo, tuve la certeza que nos unía , una vieja amistad, cultivando a través de la distancia y el tiempo, y sobre todo por el afán de querer a CHACAS, se trata de don M.C.G., un apasionado enamorado de CHACAS…..de sus ojos aguaitaban unas lagrimas reprimidas, cada vez que hablaba de CHACAS, de su historia y sus protagonistas. Cada vez que llevaba el vaso de cerveza a mi boca, ideaba y estimulaba mis ganas de recoger nuevamente el lápiz, para darle forma a esta historia que escuche ya algunos años. De modo tal que esta nota es un homenaje a mi querido amigo M.C.G... La historia creo yo es: COMO ESPANTAR UNA COMADREJA.
            Al margen de la generosa intención, repito que la nota es una creación literaria costumbrista e imaginativa de un profesor y como  tal debe recibirse, junto a las gracias a que estoy obligado. Todo esto, me recuerda a un Director de tiempos idos del 346, cuyo pico de oro, pintaba poéticamente a CHACAS, su campo (Camchas); sus bellas mujeres, así como sus bulliciosas fiestas pueblerinas: (Tincu Pampa, San Martin; Carnavales) ese Director, don GUSTAVO CONROY CHENDA, Galopaba siempre sobre sus floridos versos, y su blanco corcel, envidiado por quienes solía imitarlo, y jamás pudieron.
            En aquella seca conversación, tercia Rodolfo López, abundando en elogios a Manuel y a este su compañero de viaje; En la mente de los tres hablantes, flotaba algo que amenizaría la tertulia, y no se por que, ninguno dejaba salir de sub-consiente, algo esperado; hasta que por fin, alguien tomo valor y dijo: ¿podemos tomar una cerveza? Palabra que despertó nuestra conciencia etílica lo que sirve también para hacer interminable cualquier tema; Son las 5 de la tarde y estamos justo casi en la puerta de la tienda que fuera de don Prospero Roca, abuelo del Director del colegio. Con los efectos del licor, la conversación ya no es solo anecdótico, se torna serio y comprometedor, quizá por el licor el “debate” parece que quisiera cambiar el mundo; era una discusión sana y alturada, sobre las posiciones casi antagónicas, privilegiado por la escucha paciente del otro, no hubo tiempo ni turno para hablar todo es tan fluido y respetuoso, como que deba ser la postura de un Director.
            Nos venció la noche y la Sra. Que expende el néctar de cebada se niega a seguir atendiendo. En esta larga y animada conversación de casi ocho horas, entendí de nuevo y con más claridad, lo gratísimo que es servir a CHACAS, aunque el impopular revanchismo asoma ya su mirada en forma de corrupción, en el gobierno de un pueblo generoso, que en algún momento dirá con contundencia: Basta Ya. El Sr. Director, acucioso observador, me descubrió algo que creía tener oculto, mi sensibilidad de viejo que se manifiesta con eso que llamamos lagrimas que mojan nuestras mejillas, cuando ya no es imposible la fuerza viva, al pueblo de mis primeros pasos descalzos, pienso no tener meritos para recibir homenajes, por solo ser mas  viejo; porque para mi la vejes no es merito. Acepto pues, con humildad y gratitud, a nombre de mi pequeña familia, el recuerdo del mote de WAYWASH CUNZA.

            Finalmente, llega el 22 de mayo, cuando Rodolfo “indolente”, estaciona su carro a las 4 de la tarde, es cuando el destino cruel, me empuja fuera del pueblo de mis primeras andanzas sin zapatos, para rectoral al lugar donde mi familia ha adoptado como Patria para separarme de chamco y Zelinda, es necesario un esfuerzo, casi sobrehumano, luego sentarme en lo que corresponde al copiloto en la camioneta de Rodolfo, para dejar nuevamente, ese nuevo CHACAS con toda su generosidad y algunos de su gente conocí, con la alegría de quien conoce a un hermano, o recién conoce un padre. Rodolfo arranca su 4x4 (palabra moderna), siendo las cuatro con quince minutos, sin darme tiempo de pensar , si algún día de los pocos que me quedan, será de nuevo la ocasión de conocer un nuevo CHACAS y sus cuatro barrios. La narración de mi feliz estadía en CHACAS, sea mi homenaje a los profesores del Amauta Atusparia en su 50 aniversario, En la persona de su director don Manuel Roca Falcón. Un nuevo apretón de manos, termina este feliz y triste momento de la despedida. Deseo sobre manera, cuando ya hayan transcurrido los años, alguien saque a luz lo hablado, que es extenso y más importante, como comprometedor.