viernes, 13 de abril de 2012

NO LLORES POR MI POMABAMBA

“En las oficinas de ANTAMINA un emocionado alcalde espera impaciente la llegada del gerente quien le va anunciar que la empresa minera ha dispuesto donar un cargador frontal al municipio de Pomabamba. La impaciencia lo incomoda pero tiene que calmarse. Al fin, después de una larga espera llega un encopetado funcionario de ANTAMINA quien lo saluda cordialmente. Luego de una charla protocolar  el funcionario aborda el tema de la donación. Luego de dar las características de las maquinas que podrían donar interroga al burgomaestre por cuál de ellas decide: ¿por la de 500 o 600 caballos de fuerza?. El alcalde luego de un ligero cálculo replica: Mire en Pomabamba no tenemos mucho pasto así que nos llevaremos la de 500 caballos fuerza nomas.”
El relato anterior me lo refirió un colega profesor en la ciudad de Pomabamba hace una semana. Pues me encontraba prófugo; ante una inminente borrachera por la llegada de unos primos achispados opte por la fuga, por la tranquilidad alejada de la tentación del vaso y el deleite de la meditación balsámica de Semana Santa allá por las tierras que un día vieron nacer a mi abuelo paterno. Intento infructuoso, pues, en todas partes se cuecen habas. Apenas llegué empezó un encierro en el Coliseo de Gallos “Yayno” dónde tres veces nos olvidamos nuevamente de Cristo antes que cantara el gallo. Pues las amistades que un día forjaste están ahí, en todas partes para remojar en un vaso de cerveza los recuerdos de cada pendejada en la que la vida te ha puesto como testigo.
Volviendo al relato inicial, pueda que sea real como dicen, pero más bien creo yo que es una forma de graficar la insolvencia administrativa y de gestión del alcalde de un municipio que tiene solo de ingresos propios una recaudación mensual de 120, 000 soles. Si pues, es notoria la situación de abandono y descuido la que se evidencia en las calles llena huecos, en la Plaza con elementos por decir lo menos de mal gusto. Imagínense un monumento al nevado alrededor de la pileta cuando al frente puedes ver la espectacular belleza de las cadenas montañosas llenas de nieve. Que preferirias ver: el monumento de cemento pintada con esmalte blanco o el nevado natural allá en el horizonte. Pero, el monumento a la ineficiencia es la carretera que une Piscobamba y Pomabamba. Me preguntaba mientras conducía si  Pomabamba una de la ciudades más antiguas y pujantes de los Conchucos merecía una carretera en esas condiciones. Sinceramente  más que carretera parecía un paisaje lunar con cráteres a cada paso.
Creo que esta realidad que no es ajena a muchos de nuestros pueblos debe conducirnos a una reflexión sobre la elección de las autoridades ediles y los funcionarios “de confianza” de estos. Uno de los derechos democráticos es elegir, pero también es un derecho esperar que ese a quien elegimos cumpla con sus ofrecimientos y  solucione nuestros problemas. Para gobernar tienes que vivir en el país que gobiernas, conocer sus problemas y haberlos sufrido. Y no solo eso uno no puede lanzarse al rio si no sabe nadar, la administración y la gestión no pueden ser una jungla desconocida para que un aventurero con machete en mano vaya pasito a paso descubriéndola.   Para gobernar tienes que pensar que construirás tu autoridad con decisiones que crees que podrás harás cumplir y beneficiaran a la mayoría y no necesariamente alimentaran tu ego o criterio. Gobernar implica utilizar el consenso como mecanismo de acuerdo, pensar que la lógica de que la necesidad publica es  prioritaria y no puedes creer que te han elegido para hacer las cosas de acuerdo a tu libre albedrio como en la vieja Francia de los reyes absolutistas en la se creían iluminados por Dios. 

jueves, 15 de marzo de 2012

LAS MAMACHITAS

Ayer he cumplido 16,437 días de vida y no sé si los he vivido todos o por lo menos todos de manera sobria. Sin duda cada uno de esos días están mezclados con la vida de muchos amigos, y que duda cabe parientes, a quienes aprecio sin medida; y hasta cierto punto a partir de ellos es que confió, tengo fe y esperanza que existo. Algunos de ellos me han otorgado el título generoso de “escritor”, cosa que no me lo creo; y otros, mucho más generosos aun, me han hecho entender con diatribas o con un airecito doctoral de una manera muy sutil que no soy lo que los primeros piensan que soy. De modo tal,  que sacando la cuenta debo ser alguien que solo quiere compartir, con ustedes que me leen, algunas historias de nuestro querido Chacas que me cuentan o las escucho a través del recuerdo que me dicta al compás del tenue tañer de la lluvia sobre tejado colorado de mi casa. Una de esas tantas historias que se amotinan en mi mente para salir a través de estas manos perezosas, que por un  mes han estado reacias a escribir, es esta, que quiero compartir con ustedes, con el riesgo que alguien deje de sonreír porque se siente aludido. Pero tranquilo que todo es pura fantasía o invención mía. 
Un muchacho, ex infante de marina con las ilusiones de convertir el verde prado de las propiedades de su padre en productivas tierras de cultivo; donde las papas en floración coquetearan con las frágiles mariposas en vuelo,  los maizales con sus anchas hojas  arroparan las robustas mazorcas del maíz blanco y las espigas de trigo azularan el horizonte en el tenue roce con el viento; llegó de vuelta al pueblo que casi estaba despoblado. Con mucho entusiasmo y poca suerte logró cultivar algunas hectáreas de su heredad. Sin embargo, la poca pero buena producción no calmó sus sueños y siguió, con una tenaz determinación, labrando la tierra que si daba buenos frutos no podía vender y si podía vender no había frutos. Bien dice el dicho: Cuando tengo sed no tienes agua y cuando tienes agua no tengo sed. Así se comporta a veces el destino, pero igual la cosa no iba tal mal.
Sucedió un día que en esta comarca también llegó la ilusión de la democracia en la que todos podemos elegir nuestro alcalde pero pocos tienen cifrado en su destino la gracia de ser elegidos. Casi siempre el pueblo prefiere  al que le hará imprecar por sus desatinos y su soberbia; y casi siempre también el elegido cree que, como le han dicho que la voz del pueblo es la voz de Dios, debe actuar  como Dios; es decir, de acuerdo a su libre albedrío. Pero este no sería el caso de nuestro joven protagonista. El joven ex infante, cuyo padre había sido partidario de una ideología proscrita por la ley y que ahora con los nuevos vientos recuperó su legalidad, casi como otra sucesión paterna adoptó como suya el partido que fuera perseguido por sus ideas de justicia y cambio. En las justas electorales poniendo como portaestandarte su entusiasmo de un destino mejor para todos encandiló a tirios y troyanos con su bizarría, y su facundia que envolvía la ilusión entre letras rimbombantes cual mago que trasforma los sueños en realidades a través de conjuros. Y pues como no podía ser de otra manera ganó las elecciones por un  largo margen a sus opositores que no eran pocos.
Instalado en el sillón edil con el traje ceñido a la medida del tío fallecido hace poco,  empezó a despachar con su inagotable entusiasmo; sin embargo, algunas de sus decisiones se estrellaban contra la dura realidad de la magra finanza de la Alcaldía. Pero no restarían su entusiasmo aquellos trances que el destino a veces nos pone, él seguía adelante con su sueño de justicia que Haya de la Torre  le había heredado a través de su padre.
Un domingo  disfrutaba con los amigos, aprovechando la calma dominical, el amargor portentoso  de unos vasos de cerveza. Estaban allí un policía a quien llamaban “Japallan Cholu”; el gordo “Winshi”; “Wapi”, el ubicuo; “Churu”, el alcalde; un tal Mirko, postulante a voluntario de la “Operazione Matto Groso” y un  primo de este último, una especie de precursor  de rastafari lacio o seguidor de Sanson en estas tierras inhóspitas donde solamente el chisme y de vez en cuando la ventisca levantaban revuelo y polvo. Cuando el sol había traspuesto el meridiano el “Rastafari” vencido por la botella circulando la embriaguez y el sol inclemente se fue a recostar en la cama del burgomaestre.  Casi al instante tocaron las apolilladas y celestes maderas desvencijadas que colocadas en el arco de la entrada de la casa ostentaba el nombre de puerta. Cuando “Wapi” abrió la puerta vio delante suyo a dos primorosas jóvenes que no eran otras que las enfermeras que había conseguido el alcalde que el estado asignara a la Posta Médica de Chacas. Las hizo pasar con un besito en la mejilla y una reverencia interminablemente fingida para ocultar la protuberancia que las hormonas apelotonadas obraban como por arte de magia cada vez que veía a una mujer.
Luego del saludo protocolar, ellas, explicaron al burgomaestre el motivo de tan inusual visita. Sucede que las señoritas venían a exigirle que si quería que se quedaran, el municipio debía brindarles el alojamiento y la alimentación, de lo contrario se irían porque el alcalde de San Luis les estaba ofreciendo dichas gollerías. El alcalde escuchado el petitorio, rompiendo su habitual serenidad, las despacho al quinto infierno con una serie de exquisiteces escatológicas. Las señoritas casi en estado de pánico  y como en estampida huyeron por el empedrado mientras “Wapi” las trataba de retener y “Winshi” exclamaba con desesperación ¡Nooo, a las mamachitas no las botes¡. ¡No por favor a las mamacitas nooo¡. Pero las mamacitas ay siguieron huyendo.
“Winshi” que durante el alboroto de la estampida no se fijó por donde salieron las mamachitas empezó a hurgar en cada uno de los cuartos buscándolas con desesperación y empecinamiento hasta que llegó al cuarto del alcalde en el que vio que un cuerpo grácil con una blonda cabellera yacía en el lecho edil. Sin más apuro que su extraviada búsqueda le producía se recostó junto al cuerpo, que en su delirio creía, de una de las mamachitas.  El rastafari  retornando de un recóndito  sueño despertó cuando notó que un robusto brazo lo ceñía con candor. De un solo codazo el cuerpo que lo apretujaba rodo por el polvoroso suelo. El rastafari se levantó raudo y salió despavorido al patio para anunciar con incredulidad:
“Oye, ese gordo me ha querido friquear”.

jueves, 16 de febrero de 2012

¡RESCÁTAME MAMÁ!


Doña Virginia se había marchado de vacaciones a Lima dejando la administración de su incipiente negocio al pequeño Francesco, es decir; dejando al gato de despensero. Hecho el inventario visual encontramos una botillería de licor de fantasía ralamente acomodados, una docena de latas de sardinas acomodados en forma de triángulo  en el entrastado y bajo el mostrador un par de cantaros de chicha rebosantes de espuma que se escapaba por entre las corontas que servían de tapa. El gordo Francesco alardeaba de su libertad e independencia con la llave entre sus manos mientras nosotros imaginábamos el camino que nos condujera a dar rienda suelta a nuestras sed que empezaba a despertar y no terminamos de saciar hasta ahora.
Una de esas tardes en la antigua Escuela de Chacas, cuyas ventanas daban a la plaza y el bullicio que producían los niños se escuchaban como una melodía festiva en las manzanas que circundaban la plaza, planeamos llegar al cántaro de chicha a través de un partidito de fulbito. La apuesta: un Sol de Oro por persona, obviamente producto de la mano furtiva que había incursionado en la caja de la tienda de papá. Los jugadores: Francesco Alva (Uruchi), Coñi Aguirre (Conejo), Marco Gracia (Llushtu), Matin Vidal (Matu), Henry Amez, Manfredo y Libio Zaragoza (Tsapa y Chichu Pishgu), Mesias Amez (Perico), Armando Saldaña, Gilberto Conroy (Gilbe) y yo. El escenario: la canchita de barro de la escuela en la que los dos equipos nos dispusimos cual combatientes después a  vencer o morir. El partido se fue animando por un gol del delantero Henry a quien todos temían marcar porque de un solo fierrazo  podía derribar al defensa más fornido. Luego de algunos encontronazos, canillas moreteadas, y algunos conatos de bronca el partido terminó 3 a 0 en contra de nosotros.
Sudorosos nos dirigimos a la tienda de doña Virginia  guiados por el inefable Francesco que iba delante nuestro haciendo chanzas y mofándose de nuestra derrota. Cuando llegamos a la vetusta puerta Francesco se apresuró a abrirla con la presunción de un hombre libre e independiente. Entramos todos los futboleros  con una sed de caballo luego nos despachamos cuantas jarras de chicha nos alcanzaban todas ellas premunidas del respectivo alcohol. Poco a poco el licor se introdujo en nuestros torrentes sanguíneos y el mundo empezó a darnos vueltas sobre la cabeza haciéndonos verificando la teoría de Copérnico que nos contaba el profesor que la tierra gira  y gira alrededor de  un cántaro de chicha.
Era una experiencia absolutamente inédita para todos que en cada uno de nosotros se traducía en  animación romántica, inspiración musical y en algunos en desesperación. Marco subido en el balcón gris declamaba poemas de su propia inspiración a Elvirita, mientras Francesco ensaya un huaynito a capela. En tanto Coñi en quien  la chicha con su punto había hecho estragos en su temple y su estómago, pues la chicha que había ingerido era regurgitada con una violencia espectacular lo que le desesperó hasta vendernos con sus gritos desesperados a través de la rendija de ambas hojas de la puerta. Alguien debió escucha  sus gritos en este pueblo, que en vacaciones estaba desierto, y contarle a su mamá que su hijo estaba en trance, pues de pronto la voz de su mamá que lo llamaba desde afuera nos convenció que estábamos perdidos, se había descubierto nuestra primera borrachera. Francesco se resistió a abrir la puerta que estaba asegurada con un candado de los tiempos de don Ishta, así que Coñi que gritaba desesperadamente: ¡Mamaaaá!  ¡Mamaaaá! ¡Mamaaaá! Fue sacado por el estrecho resquicio que formaba las jambas de la puerta.
Y desde esa vez cada que podíamos recurríamos a esa tienda en busca de algún líquido que saciara nuestra sed.  

jueves, 9 de febrero de 2012

LAS CURVAS ME ESTÁN MATANDO *

Iglesia de Chacas antes de 1970

"Los perros ladran cuando los tigres pasan";
Anuncio  de un antiguo vehículo.
Un camión verde estuvo estacionado durante meses frente a mi casa mientras mi niñez iba cuajando una curiosidad decidida en cada oportunidad de pendencia que la vida, frente a Plaza de Armas, iba regalándonos. En el  frontis (canastilla) tenía una inscripción imprecisa que denotaba obviamente una inconstancia del dueño en los predios del amor. “Amor Chacasino” era la inscripción  que le había puesto proclamando día y noche un amor indeterminado, inconstante, sin dueño ni destino, imperfecto qué duda cabe. Era uno de los pocos carros que rodaban por la recientemente inaugurada carretera Chacas San Luis. Un día el dueño trajo a unos extraños hombres vestidos de mameluco azul con manchas negras de grasa. Descapotaron  el vehículo sacaron una especie de caja negra e introdujeron otra y luego el camión empezó como a roncar con dificultad y revivió nuevamente.  Después de tantos meses el “Amor Chacasino” nuevamente se movió como un animal monstruoso despejando la vista a la plaza desde mi puerta. Luego entendí que todo ese periodo de inacción obedecía solo al desgaste de la batería.
Para los niños de mi generación el carro  generaba una especie de fascinación, de encantamiento por lo tecnológicamente inédito. Claro pocos eran los privilegiados  que podían viajar a las ciudades y así conocer estas bestias mecánicas que podían transportar gentes, ganado y “la mar de cosas” como decía mi tío Federico Vidal. Por esa fascinación sin duda, íbamos hasta Huanunga a esperar agazapados entre las pencas para evitar ser descubiertos por el “Cholillo” del ómnibus  de “Cóndor de Chavín”  o “Peru Andino” y treparnos (gorrear) a nuestro gusto en la escalera trasera. Era un viaje inimaginable que implicaba el gusto de engañar al “cholillo”, de ser trasportado sin hacer ningún esfuerzo y ver los surcos del campo verde y lozano  como estelas en el mar tras de nosotros. A veces cuando éramos descubiertos  recibíamos una nutrida golpiza que el pérfido chollilo manguera en mano no propinaba; o había alguno que rodaba en la curva masticando la polvareda de la derrota al ser expulsado por la fuerza gravitacional de bus. 
Claro, luego algunos chacasinos con posibilidades adquirieron algunos vehículos menores. Una de ellas la camioneta  DATSUN amarilla del Tío Estenio y la Camioneta Ford Bronco de Don Cornelio Fueron algunos que nos permitían sustraernos del esfuerzo de caminar   para ir de paseo o asistir a hurtadillas a alguna fiesta patronal, íbamos cual polizontes de un buque carguero en el regazo de los rincones menos imprevistos de sus tolvas .
Conforme crecíamos nuestras oportunidades de treparnos de manera lícita a un vehículo crecieron y claro también nuestras posibilidades de ver y enterarnos como la palanca podía servir como recurso de galanteo y enamoramiento. Sucede que unas señoras de los contornos de Jambón, un tanto emperifolladas con trajes coloridos,  aretes de perlas de fantasía y una dentadura relampagueante por las incrustaciones de oro y plata bebían hasta muy entrada la tarde en una cantina de la plaza. Eran un señoras de aquellas que por estos lares se les endilga el  epíteto  de “costa purisha”* con un castellano atropellado y una vida un tanto liberal. Pues, el primo Wenceslao había compartido  con ellas  algunas botellas de la novísima bebida denominada “Cerveza”, que por esos tiempos se iba haciendo popular. Ebrias ellas en la cantina más pintadita de Chacas consiguieron convencer a Wenceslao que las llevara en su camioneta roja recién adquirida con los beneficios que su mina le  otorgaba. Sentado al volante ebrio de amor  y ansioso de cortejo embarcó a las dos damiselas una a su diestra  y la otra en el asiento trasero. Claro, la más fortachona, la más “pode” como diría, Delmar, iba junto a él. Emprendió viaje junto a su gordura, que se empezaba a insinuar, y las dos cortesanas  al compás de  unos valsecillos llorones de Carmencita Lara y cada vez que escuchaba que el corifeo de la orquesta desde el fondo de la música decía “¡Pica cholo!” aplastaba el acelerador con furia mientras la palanca  de cambios se enredada por entre los pliegues de la falda azul de la Doña. Cada curva era un recodo agudo en la que los cuerpos de acercaban como un remolino de pasión. Con los cuerpos un tanto maltrechos llegaron a l fin a su destino la condenada curva de Jambón que nunca llegaba para la dama y que para el desconsuelo del conductor estaba cada  vez más cerca.
 El día siguiente las dos damas en el pueblo comentaban ese farragoso viaje entre los curiosos que querían escucharlas en los siguientes términos: “Ese Winshi desgraciao, ayer llevao a Jambón. Oyi, cada ratu meti palanca. Meti palanca por aquí, meti por aya. Cada curva encima de mío como  costal di papa, casi dar cachitada si no es por qui está masu menos”.

* Inscripcion vista en un camión de un comerciante muy conocido en Chacas.
* Que conoce la costa o ha vivido en la costa.
 

jueves, 2 de febrero de 2012

DOÑA ULA Y LA PISTA


Este último lunes estuvimos reunidos en Lima don José Zaragoza, Don Roque Otárola, El Consejero Regional  Wilfredo Ramírez Padilla, Kathy Zaragoza y yo. Se trataba de un almuerzo en el Club Ancash, generosidad de don José, luego de  algunas visitas a entidades públicas, para tratar algunos asuntos respecto de la construcción de la Carretera Carhuaz-Chacas-San Luis  los que esperamos se solucionen a favor nuestro por parte de SERNANP y el Ministerio de Energía y Minas.
La reunión de por si, por la presencia de todos los mencionados, fue sumamente grata y en ella, como siempre don Roque, puso de manifiesto sus dotes de narrador y evidenció nuevamente ser baluarte de nuestra tradición oral chacasina. Bueno, él nos regaló algunas historias breves que cual frescos festivos de nuestras imperdible vivencia infantil perduran en su recuerdo. Y como no puede ser de otra forma quiero compartir con todos ustedes mis queridos lectores estas dos breves historias una referida a Misael Noriega y otra a mi primo  Máximo Vidal (Venshi) insignes maestros de muchas generaciones.
La feligresía de alguna Virgen o Santo que el  santoral  de mi mente no recuerda, iba con paso tardo acompañando al santo cura que con la sotana  lustrosa de tanto uso se distinguía en la luz ambarina que las velas producían. La variopinta feligresía  que vela en mano manifestaban su devoción a la sagrada imagen  llevaba en procesión al santo o santa para pedirle que termine la sequía. Mientras un grupo de niñas vestidas de tul blanco se ahogaba con el humo de incienso en su afán de elevar la humareda por los confines del límpido cielo mientras la feligresía cantaba con furor el Ave María. De entre el gentío se distinguía una voz  grave, como si se produjera de una trombón, destacándose del resto voces que en su mayoría eran de mujeres y niños. La curiosidad de doña Maura para descubrir la voz de barítono colisionaba con su recato para comportarse en una procesión; de modo que su inicial inclinación a voltear  fue reemplazada por la pregunta a su comadre Ula que caminaba a su lado: “Coma, ¿Pitá parlantinora cantaycamun?”(*). Doña Ula más desenvuelta  torció el cuello, reconoció al púber de cuya garganta se producía la voz y respondió: “Don Helipa teta voz choluncha”(**), legandole casi para siempre, al púber, el sobrenombre para el deleite de sus pares.  
Por esos mismos tiempos corrían en tropel la muchachada entre ellos un mozalbete de que en estos lares se denominan “Awilan watasha”(***) que traducido a términos de conducta  sería algo así como engreído y sobreprotegido. Pues iba este entre  los otros haciendo alboroto y en su descontrolada huida accidentalmente arremetió  contra la estabilidad de doña Ula que iba envuelta en su pañolón negro camino a la iglesia,  quien resultó con su humanidad en el empedrado como una calabaza. Repuesta del susto y de la caída expresó como un furibundo dardo lo siguiente: “Imananquita, aw  Don Pushpipa ichiclla itzoj goruntan ninasha cholu”(****).  Capicho, camarada del mozalbete empujador tal vez por su ingenuidad o con malicia respondió: “¿Reguinquichi?”(*****), generando la hilaridad de todos los presentes, luego  la vieja Ula escupiendo una andanada de insultos persiguió al respondón a pedrada limpia olvidándose de sus oraciones matutinas.
(* ) Comadre, ¿quién es aquel que canta como un parlante?
(**) Hijo de voz gruesa de don Heli.
(***) Criado por la abuela
(****) Oye joven con un parecido al pequeño testículo de Don Pushpi, ¿qué tienes?
(*****) ¿Conocerás?

miércoles, 25 de enero de 2012

ACOCHACA: NO HAY CHIHUALOS EN CUARESMA



Cuando Gringacho recibió la invitación del Gordo Francesco para asistir al chihualito en el Puerto de Acochaca hizo un mohín de disgusto al comprobar que  su calendario religioso le indicaba que ya estábamos en la Semana de Cuaresma. Por eso sin ambages le recriminó su falta de devoción para cumplir con las obligaciones religiosas. Con su voz chispeante, expresamente acelerada para que fuera inconfundible su amargura, le reclamó como se le ocurría festejar un chihualo en la Semana de Cuaresma, cuando en esta semana debe observase un  espíritu penitencial y de conversión. En su fuero interno pensó: “Solo a este gordinflón bribón se le puede ocurrir semejante irreverencia”. “Mira gordo, - le dijo en voz alta- solo iré al almuerzo, luego tendré que retirarme porque ya sabes que en Cuaresma haría mal en estar participando de una fiesta”.
El Gordo Francesco se había preparado como nadie para el chihualito en ciernes, trayendo desconocidas y olorosas frutas; multicolores mantas; sombreros y mil adefesios que sobre el arbolito lucirían coloridos y cimbreantes. Un ternero pinto se rindió ante el filoso cuchillo para, a costa de su vida, alimentar el de esos herejes que rondarían al día siguiente alrededor del implante arbóreo, símbolo de la fecundidad. Botellones regordetes  de Pisco, embotellados en las más preciadas  destilerías de Huacho y Sayán,  adocenados en el piso de la sala esperaban ser vertidas en los ávidos gargueros de los consuetudinarios beodos carnavaleros.
“Gringacho”, mientras tanto, dudaba si encasquetarse o la camisas floreada “Sergio Valiente” o la más formal “Dolce and Cabana”. Esa duda hamletiana, le hizo olvidar el espíritu penitencial y no entró en la cuenta que se hacía tarde y debía abordar la combi pachamguera que habían contratado todos los impenitentes carnavaleros. “Chumacera, falta que me  dejen esos mequetrefes”, imprecó. Con las justas alcanzó un par de medias agujereadas y se calzó los pesados chancabuques. Se lanzó a la calle  al alcance de la combi que con las justas, a punta de silbidos mal emitidos y unos ey… ey…  ey… desesperados, pudo detener.
La casa del Flaco estaba atestada de gente; sin embargo, los invitados del Gordo Francesco teníamos las sillas reservadas en un lugar preferencial   de la mesa principal. La pareja del Gordo, Tereziña, con su expresión de apuro casi decía:  “solo los estábamos esperado para arrancar”. En efecto, no bien nos sentamos se anunció al Gordo como el encargado de hacer el brindis. Unas palabras más unas menos y casi no dijo nada, excepto ¡Salud!. Gringacho, con cierto remilgo se despachó sin pausa toda la copa de Pisco Sour hasta el fondo. Entre almuerzo y charla, bromas por aquí bromas por allá ya todos estábamos colorados y más colorado aun “Gringacho”.
Luego, alguien con voz de barítono  indico que ya era hora de salir. Enganchados de los brazos, polveados con harina de ancay o shacui, ceñidos en los versos incitantes y febriles de las multicolores serpentinas salimos al compás de los bombos y roncadoras, mientras la gente bullía en su intento de arrebatar alguna fruta al receloso encargado de ensartar las frutas y demás adornos en las raídas hojas del árbol.
La fiesta alrededor del arbolillo de capulí estaba en su éxtasis y Guingacho ya había sido tentado, a diferencia de Cristo en el desierto, por el demonio embotellado. Unos baldes de agua, una machcadita, un rollo de serpentina eran como un cumplido, una consideración, una expresión de amistad y hasta una insinuación de amor. Pero la tarde avanzaba avasallante, incluso la noche insidiosa ya estaba atropelladamente sobre nuestros hombros. Era hora de irse, hecho el censo dentro de la combi faltaba Gringacho. El Gordo salió raudo a buscarlo y de tanto hurgar en la noche y sobrellevar la brisa del río lo encontró. El pobre Gringacho yacía en el cálido piso porteño junto a un cilindro, rendido por la tentación. Cuando el Gordo regresó casi como ordenándome expresó: “Manu, anda a recoger la Cuaresma del Señor”



jueves, 19 de enero de 2012

¡PISTA!, ¡PISTA!

CURVA ENTRADA TUMA

El día 14 de enero autoridades como los alcaldes de Chacas y Shilla, los consejeros Regionales de Chacas y Carhuaz;  un  nutrido grupo de ciudadanos chacasinos residentes en Chacas, Lima y Huaraz; y funcionarios de la Empresa Supervisora de la Construcción de la Carretera Chacas Carhuaz, Consorcio Huaylas, asistimos a una reunión en el distrito de Shilla para “sensibilizar” a los pobladores de Shilla que no querían ceder sus terrenos para la construcción de la carretera. Vaya sorpresa ingrata que nos llevamos,  el número de dueños de predios que se resisten a cederlos para esta importante obra en Chacas superan a los de Shilla que prácticamente esta saneado en su totalidad, según el informe de los funcionarios de la empresa que ha hecho el censo de propiedades a afectar, salvo algunos propietarios de zona de Carhuaz (distrito) que son 06 personas. Es imprescindible que las personas  que aún se resisten a ceder sus predios comprendan de la necesidad del desprendimiento y generosidad que siempre debe estar presente tratándose de una obra pública que va beneficiar a todos. No se puede comprender como algunos pretenden convertir esta ocasión de aprovechamiento para pedir precios exorbitantes cuando debe primar la sensatez.
Otro caso es el descaro del dueño de la Empresa CORMIPESA, más conocida por estos predios  como “Añorga”,  que ha interpuesto una denuncia contra la Empresa ODEBRETCH por un supuesto perjuicio en  un canal que han construido para su hidroeléctrica que parece una obra sempiterna porque nunca la terminan. Esta empresa CORMIPESA opera en nuestra provincia hace más de 40 años, tienen  la concesión del uso de todas las cuencas de agua de nuestra provincia y no hace  mucho intentó instalar una planta de flotación de mineral en la zonas altas de Huallin lo que fue impedido valientemente por los pobladores de Huallin. Esta empresa no ha generado ningún beneficio para Chacas durante sus operaciones en nuestra localidad y con fines pecuniarios está poniendo problemas, en un tramo de 2 kilómetros en la zona de Mashinca, para posteriormente exigir una indemnización sobre una futura y supuesta afectación a su canal hecha de mampostería que a simple vista está mal construida. Más aun, cómo es posible que esta empresa haya construido un canal  junto a una vía cuando se entiende que toda vía tiene un derecho de vía de 10 metros desde su eje.

El asunto de la construcción del túnel que es otra preocupación, parece ser que ya está a punto de solucionarse. Sucede que el estudio inicial ha tenido que desecharse debido a que en un trabajo exploratorio sobre ese terreno ha determinado la inconveniencia de construir el túnel en el lugar inicialmente previsto puesto que existía una falla geológica y además se corría el riesgo que en épocas de invierno podríamos tener aún el problemas con la nieve debido a su altitud. Motivos que han ameritado que se haga un nuevo estudio ubicando el túnel unos metros más abajo  lo que significa una altitud menor, una roca firme y una longitud de 1300 metros aproximadamente. Sin embargo, existe una dificultad, que desde el estudio inicial a la fecha las normas sobre el manejo ambiental se han hecho más rigurosas, motivo por el que el botadero inicial tendría que ser reubicado; hecho que está alargando la aprobación del estudio del impacto ambiental, porque eso significaría ubicar el nuevo botadero fuera del Parque Huascaran lo que elevarían los costos de construcción. Según se nos ha in formado las gestiones van por buen camino y que probablemente el mes de abril se inicien la trabajos de construcción del túnel.
Finalmente no hay emoción más grande para un chacasinos viajar por el fresco asfalto que en algunos tramos ya luce nuestra tantas veces soñada carretera y llegar en menos de tres horas desde Carhuaz, aun cuando la construcción tiene un  50% de avance.

martes, 10 de enero de 2012

DE FANTASMAS Y APARECIDOS



Acurrucado debajo del mostrador,  soportando  el intenso frío, absolutamente quieto para no levantar sospechas que no dormía, permanecía atento a la conversación que cada noche se gestaban en la pequeña tienda que mi padre tenía frente a la plaza. Todas las noches llegaba cada una de las contertulias  de mi madre. Llegaba doña Celinda la de los interminables cuentos, la escurridiza tía Paula, la grandilocuente tía Rebeca, la jacarandosa doña Illua y la irrebatible tía Blanca. En esas frías y tétricas  noches de invierno mi única distracción era hacerme el dormido y escuchar con pavor y cierto placer las historias que cada una de ellas contaba para mi deleite y terror. Historias de fantasmas y aparecidos. Recuerdo a la tía Paula contar como las almas con sus ojos hundidos (toguñawicuna) salían del panteón sin tocar el piso, levitando, para recorrer las calles húmedas del pequeño pueblo que era Chacas y sabe Dios con que objeto,  historias además, que le había contaba una testigo presencial, doña Rosa Barbosa vecina del panteón.
De modo tal que, mi infancia estuvo poblada de fantasmas y aparecidos  los que aunque teniéndoles terror me eran familiares. Así, un  día mientras los adultos velaban a don Cornelio Aguirre Briceño, a quien habían traído difunto desde la inalcanzable Lima, nosotros jugábamos en las inmediaciones de la casa. La luz  eléctrica era una tenue imitación de luz de las luciérnagas que de cuando en cuando alumbraban  la indescifrable noche. A veces hasta se nos ocurría encender una vela para ver si había luz o no.   Es en ese escenario de penumbra que desde la esquina en que jugábamos vimos por la esquina del otro extremo de la calle pasar un bulto blanco y repasar nuevamente el tramo de la esquina. Sobrecogidos por la escalofriante  aparición corrimos al regazo de nuestras respectivas mamás que cotorreaban en el velorio y permanecimos quietos hasta que el velorio terminó.
Se, de fuentes fidedignas, que unos años antes de ese incidente, los alumnos del colegio iban en las noches al cementerio con el objeto de sustraer restos humanos de las fosas mortuorias más accesibles, con el argumento de utilizarlos en sus estudios de anatomía. Sin embargo, estas profanaciones estaban sobre todo acicateadas por la falsa valentía que les infundía el licor para realizar estas tropelías en contras de las ánimas. Un día mientras ingresaban al cementerio detrás de una sepultura de cemento se les apareció un bulto blanco y luego de su breve aparición se escurrió por entre las zarzamoras. Con los pelos crispados de terror emprendieron la huida por entre las chacras rodando entres los surcos de papa y las pencas de los cercos para reencontrarse luego, exhaustos, en la fuente de Hurahuanca. Luego de calmarse   analizaron el hecho con absoluta tranquilidad utilizando sobre todo  su recientemente aprendido razonamiento materialista dialectico. Luego de un debate y análisis de los hechos llegaron a la conclusión que el bulto blanco no podían corresponder a la existencia de una entidad absolutamente imaginaria y que por lo tanto en ese evento existía un entuerto.
Al día siguiente fueron al cementerio más temprano y uno de ellos se introdujo envuelto con una sábana en la fosa del cura que las noches anteriores habían profanado. Mientras sus compañeros esperaban la hora en que se les apareció el fantasma. Luego de larga y calmada espera los muchachos hicieron su aparición en cementerio y casi inmediatamente el fantasma de la noche anterior hizo su aparición, y casi al instante, al aviso convenido salió también el compañero disfrazado de alma, hecho ante el cual el fantasma de la tumba de cemento cayó como fulminado por un rayo invisible.  Cuando fueron a ver el falso fantasma  no era otro sino Noel Bello que yacía desmayado sobre sobre la tumba de cemento. Luego ya mas crecidos descubrimos que su colega, el fantasma de la esquina, no fue otro sino el  espíritu chocarrero de Jorge Flores.

martes, 20 de diciembre de 2011

¡FELIZ NAVIDAD!



Manuel, sé de la gran audiencia que tienes, por ello me permito solicitarte que les hagas llegar a todos nuestros hermanos  chacasinos, mi humilde saludo Navideño, deseando para todos una feliz Noche Buena y un año nuevo mejor que el que se va.
Gracias Manuel.
Un abrazo
Hace algunos días Don Manuel Cunza, que vive en Petterson EU, me encargó saludarlos a todos ustedes que me que me leen y  aprovechando el cumplimento de ese encargo, quiero decir algunas cosas sobre las fiestas navideñas aun cuando no soy un entusiasta seguidor de estas ellas.
Si la navidad es un momento místico  de calidez, de armonía y reencuentro familiar, si la navidad es una posibilidad de disfrutar el tenue crepitar de las gotas de lluvia al estallar en el piso mientras perdonamos a quienes nos hirieron alguna vez, si la navidad es un tiempo sin reloj que nos aísla de lo superfluo y nos permite abrazar a la persona querida, si la navidad es concedernos la posibilidad que somos humanos a pesar de todo, si navidad es ver reflejada en la sonrisa de un niño nuestra propia felicidad en cada uno de los minutos y horas de nuestras vidas entonces, la NAVIDAD tiene sentido celebrarlo.
Si en cambio cada palabra y pensamiento que sale de nuestro ser esta percudido de rencor y odio, si desviamos nuestra vista de quien extiende su mano reclamándonos  una ayuda, si no nos conmueve el rodar de una lagrima por la mejilla de un niño porque le hace falta una caricia paterna, si no recordamos con cariño a un amigo que anda lejos quien sabe recordándonos, entonces será una celebración pueril porque nuestras vidas no estarán en armonía con el espíritu que encarna la navidad.
Espero paisanos, amigos, parientes  y quienes sean que se dan el afán de leer estas líneas, que son escritas desde el confín de la tierra, el más hermoso, Chacas; lo entiendan como la expresión de un sentimiento de gratitud por tenerlos como lectores y amigos; y que el hecho de estar ligados a  Chacas a través de la celebración de nuestras tradiciones y la  fe en un mundo mejor siempre nos unan a pesar de todo y por sobre todo.
Finalmente, y en una conjunción espiritual con don Manuel Cunza, desearles una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 2012.



martes, 13 de diciembre de 2011

CUENTOS DE NAVIDAD

El recuerdo de una noche fría junto a mi madre, alrededor del nacimiento del niño Jesús que despedía una fragancia a musgo y a ramas de quenual recién espigadas, velas chisporroteando para alumbrar la densa noche de la sala;  es la imagen más recurrente cuando intento recordar una noche navideña. Era la sala de la tía Lidia Cafferata que armaba  el nacimiento navideño en la tienda de su casa que acogía  a los noctámbulos feligreses que se atrevían  a confrontar el gélido invierno que estrenaba sus primeras lluvias. De rato en rato circulaban “Grog” en pequeñas tazas que ensayaban atenuar el frío y cosquillear los pies para la danza.
Casi a media noche como para mitigar el hambre que asomaba por entre las tripas iban de plato en plato, desollada sin compasión una plumífera carne convertida en un consomé salubre y humeante. Pero ya antes  algún feligrés fervoroso había hecho votos y compromiso de repetir una fiesta similar el mismo día del mismo mes del siguiente año. Y así la historia se repetía de manera cíclica con  imperceptibles modificaciones.  A esa fiesta las llamábamos “Niño Velay” (Velar al Niño) y de ellas las más famosas eran las que se organizaban en la casa de la tia Lidia; en la casa de la señora Luisa Castillo, “Shaiwa” y la casa de la señora Julia Bedon, “Shura”.
Luego conforme uno iba creciendo causaba una emoción inusitada la contingencia de bailar negritos con tu cotón  celeste, mientras don Anticho con su hablar calmado y parsimonia intentaba controlar a una gavilla de pícaros púberes  en su empeño de hacernos grabar  las letras del “Saca Chicha” y los versos con los que los negritos adoraban al Niño Jesús.  Y entonces la navidad se convertía en una experiencia híbrida de misticismo religioso y de iniciación alcohólica. Claro, la visita a los Angelitos era la culminación más suspirada después de un inspirador vaso de chicha de jora rociada  con unas gotas de alcohol.
Entre lluvias y el frío intenso se acercaba las Bajada de Reyes y nuevamente los Angelitos desfilaban rodeados por el demonio disfrazado de rojo encarnado por "Cachi Santos" que tenía licencia para llevarse el frasco de caramelos de la tienda del Tio Estenio y  junto al Auquis (Viejo)  y la “Chacuas” (Vieja) repartia los caramelos entre la algarabia de la chiquillada. Era entonces el sugestivo  colofón de nuestras fiestas navideñas para los que no habiamos recibido el regalo de Papá Noel. Claro que es ese entonces no habían salvajes mozalbetes  disparando proyectiles para agredir irresponsablemente  al pobre Diablo.

martes, 6 de diciembre de 2011

HOMENAJE Y MEMORIA PARA UN MAESTRO


Comedor del Colegio Amauta Atusparia

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
John Donne


Ese memorable poema de John Donne “Las Campanas Doblan Por Ti”, al cual accedí a través del epígrafe de la obra “Por Quién Doblan Las Campanas” de Heminway, expresa un pensamiento absolutamente sugestivo sobre la vida y la obra de las personas. Donne ensaya  la tremenda contundencia e influjo  de la vida de los individuos en la de los otros. Así, cada vida es la extensión de la vida de los otros, cada pensamiento, cada recuerdo, cada perfil que uno mantiene en la mente es la extensión de quienes compartieron con uno la vida. De modo tal que escribir es una manera de entender nuestras vidas, la nuestra y la de los otros, más allá de los confines de la vida misma.
Cuando el maestro  Godofredo Montoya, me expresó su deseo que prologara uno de sus libros testimoniales, lo entendí como una deferencia que extendía a uno de sus aturdidos ex alumnos y al mismo tiempo que me llagaba la oportunidad de ponderar la labor que desarrolló durante su extensa permanencia en Chacas y particularmente en el Colegio Amauta Atusparia. Si a alguien ha tenido el colegio como fundador de una política de trabajo de pasión y sacrificio ha sido precisamente el Maestro Godofredo Montoya Gonzales, quien con su ejemplo y trabajo delineo el rumbo a seguir de quienes lo hemos tenido como paradigma de buen profesor y mejor persona.  El solo hecho de fundar el comedor escolar que lleva su nombre denota una clara voluntad y preocupación social, de refundamiento de la acción solidaria de quienes no tenían como alumnos la posibilidad de contar con almuerzo para atender a sus labores escolares.
Aun cuando las sociedad olvida con mucha facilidad  a sus actores, nosotros que de algún modo entendemos que la memoria es un recurso de fortalecimiento del alma social no podemos actuar sin recodar. La memoria colectiva es una herramienta de identidad y de defensa de nuestra cultura y heredad espiritual. El olvido es la epidemia que cunde la  desnaturalización cultural y uno de sus efectos más inmediatos es la falta de gratitud a la personas que contribuyeron en el desarrollo de los pueblos. Por eso para no pisar el mezquino piso de la indiferencia y la falta de gratitud, quien en su corazón aún conserva latente el acogedor fuego de ser atusparino, tiene una cuenta por saldar con quien fue, es y será el Maestro de mayor recordación, aprecio y estima de todo atusparino con memoria.
Creo quienes visitan mi cuenta der Facebook tienen ya la información que los libros testimoniales escritos por el maestro Motoya serán presentados el día 20 próximo a las 7 de la noche en el local de la Derrama Magisterial, en Jesús María, Gregorio Escobedo. Sera un recuentro atusparino imperdible.

martes, 29 de noviembre de 2011

CINTA ROSADA


                               Esa cinta rosada amarrada a la pata de la gallina que la sujetaba del rosal para evitar que escarbe el gras del patio fue cuidadosamente escrita con letras doradas por el pintor más solicitado por las candorosas y presumidas chiquillas que cada fiesta de agosto visitaban Chacas buscando jaleo, licor y distinción. Judita la había hecho pintar con anticipación para asegurarse que fuera la cinta más atractiva, que colgada en el alambre se destacara de las otras por las flores, las letras antiguas de las que llamaban góticas y las fragantes gotas de perfume que le había salpicado.
                               Redmond pensó que había encontrado esa parte que parece que nos faltara en los atardeceres en el que horizonte nos infundiera una soledad insalvable. Su aire arisco, lindante con la rebeldía del pajonal, su sonrisa hechicera, su candidez indescifrable hicieron todo lo que no pudo la palabra, fue como una fogonazo de fuego que encendió y estimuló sus más furtivas glándulas. Apenas la vio supo que ese amor sería rebelde, apasionado, doloroso; pero sublime. En cada fiesta a pesar del sueño que lo perseguía como una condena, tenía que sobrevivir a la noche, al frió que le entraba como veneno adormecedor por entre las piernas entumecidas ya por naturaleza. Un  día en una fiesta llegó al extremo del sacrificio de dormirse debajo del chorro de agua que fluía del caño en el que colocó su cabeza precisamente para no dormirse y asi seguir bailando con quien había conquistado su alma, corazón y vida.
                               Era como una devoción que le tenía, incluso cuando hablaba por teléfono se sacaba el sombrero como expresión de respeto, de amor, de recuerdo y olvido a la paja brava, salvaje e insurrecta que se había convertido para él la linda Judita. Con el cántaro de chicha sobre los hombres, la radiograbadora en las manos y la emoción incontrolable  de ver a su tierna y dulce Judita no sentía ni el dolor en las articulaciones que cada día el frío  y la soledad iban corroyendo. El primer beso que le impregnó en los encarnados labios que siempre los presumió vehementes, y a pesar de los anteojos que se le resbalaron por entre las barandas del balcón en la que la besó, fueron una sensación de conquista  épica donde el cálculo y la táctica surtieron sus efectos. Claro que al día siguiente tuvo que recoger discretamente los benditos anteojos por los que había manifestado la noche anterior su presumido desprecio como signo de ostentación.
                               Ahora viendo las cinta rosadas con letras doradas manchadas de barro  que sostenía las inquietas patas de la gallinas no sabía si sentir  nostalgia o cierta perturbada sensación de satisfacción y de venganza. Sin embargo, recordó  cuanto le había costado ensartar la argolla de la cinta con  la punta de madera sobre aquel frenético y brioso alazán. En fin cosas del destino, su esposa que había eclipsado el recuerdo de Judita no había visto mejor uso de la cinta rosada, la que tanto tiempo lo mantuvo entre bolillas de naftalina, que amarrar a la gallina para evitar que escarbara el pasto del jardín mientras los niños revoloteaban el rosal.
  

martes, 22 de noviembre de 2011

KIKUYO


            Abrigado con un gabán que me aísla convenientemente del frio que afuera  debe ser intenso, viendo los cerros cubiertos de una blanda neblina,  la memoria me transporta a una noche fría que con intensión de conceder el  deseo a un amigo enamorado de una joven que vivía en los contornos de Chacas intentamos dar una serenata.
            En épocas estudiantiles la noche, el cigarrillo y  el licor barato eran cómplices de las perrerías, robos de gallinas y demás aventuras. Mientras, algún aficionado a la guitarra acompañaba los extraviados versos de alguna canción que evocaba un amor correspondido u otro inalcanzable, como aquel estribillo: “Las saluisinas son buena mozas, las chacasinas mucho mejor, cuando se sientan las dos juntitas hay mamacita no sé qué hacer”, entonada por la voz estridente de Javico que despertaba el sueño más pesado  del vecino de la bella a quien estaba destinada la serenata.
Así, en una noche fría de marzo un grupo de amigos casi todos estudiantes excepto Dante, ranqueado  guitarrista  y serenatero, bajábamos por la bajada de Cachca con chatas de ron en los bolsillos traseros para afinar la garganta cuando un resbalón en la húmeda pedrería nos descontó dos pomos del fuerte licor. Con el estrépito de la caída de uno nosotros,  Dante, que  con la guitarra  birlada de la sacristía en la mano, canturreaba en afán de ensayo algunas tonadas mientras bajaba tanteando el camino con la intensión de conceder el deseo a Oscar de ofrecer una serenata a la linda prenda de sus sueños; cuando de pronto y de manera inesperada rodó con toda su humanidad sobre la guitarra de la corista de la iglesia haciéndola añicos.  Repuesto de la caída recogió las láminas de madera  de lo que fueron algunas vez las endebles paredes de la guitarra y con toda decisión volvió a su casa a traer otra guitarra.
Entonados con unos sorbos de ron y la nueva guitarra reemprendimos camino hacia la casa de la  enamorada; sin embargo, un enorme charco a lo ancho del camino se opuso como  trinchera infranqueable y no nos permitía pasar. Uno a uno fueron pasando el lodo, adivinando algunas piedras que emergían del cenagal. Cuando intente pasar ayudándome de unas pencas de la ribera del camino mi embriaguez me jugo una mala pasada. Pues me incliné con la intensión de apoyarme de las pencas y el peso del cuerpo me ganó  y rodé por entre las pencas y caí de pie a un terreño inferior  sobre otro lodazal más grande y profundo. Cuando saque mis pies para librarme del barro uno de mis zapatos se quedó en fango. Intente ubicarlo en la oscuridad de la noche pero mis intentos fueron infructuosos, así que pedí ayuda a los serenateros. Algunos de ellos me ayudaron con una cajita de fósforos que encendíamos y en la breve luz de cada palito buscábamos el bendito zapato, pero nada. Mientras tanto  algunos de serenateros debajo del balcón de la moza  lisonjeada turbando el plácido sueño del padre celoso festejaban en cada tonada el amor de Oscar por su amada.
Al fin, después de tanto esfuerzo y de tanta cerrilla encendida encontramos el zapato. Nos reunimos con los serenateros que acaban de concluir la serenata. Subimos a Huaychopampa a seguir la celebración. José, que estaba casi en estado de trance espiritual producto del alcohol solicitó coca, hoja que en ese momento nadie tenía. Sin embargo, no dejaríamos de complacer a un amigo, así que arrancamos unas hojas del kikuyo que crecía a la vera del camino y le entregamos. Tal era su embriaguez que ni cuenta se dio que era kikuyo que empezó con la parsimonia que caracteriza a quien chaccha, una sesión de chacchado, evocando a los dioses y apus para que el amor de Oscar por la linda prima no fuera como el viento breve que corre en los meses de setiembre sino como  la roca eterna en la que sentado masticaba el kikuyo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

CUANDO NO HACE FALTA ESCRIBIR


Como un pájaro libre de libre vuelo,
Como un pájaro libre así te quiero...
Mercedes Sosa.


                  Ahora que estoy como en un periodo de falta de inspiración quiero compartir la nota que escribí para agradecer a los amigos que me ayudaron a hacer la fiesta,  sobre todo con quienes no tuvieron la oportunidad de asistir a nuestra fiesta patronal del año 2010 y obviamente no leyeron el programa del Capitán de la Segunda  Tarde Taurina.  

                  La fiesta llegaba con la dulzura de un cuento infantil donde todo era posible, incluso los caprichos menos razonables. Nuestra plaza se convertía en una feria multicolor de ropa, zapatos, juguetes y música. Eran épocas de “Ferromeque” el vendedor de discos, de “Díaz” el vendedor de ropa “Fina” y de las noches de filmina con fotos estáticas que el padre Ugo nos mostraba entre las oraciones y cánticos. Eran tiempos de cohetes, luces de colores, de castillos impacientes y nerviosos que infundían emoción e inquietud entre el gentío y los niños. Eran tiempos de gente sencilla, creyente y de una fe inquebrantable en la mamá de todos, nuestra Virgen Patrona por todo los tiempos.
                        Era la semana en que todo estaba permitido, llegar tarde a casa, tomarte a hurtadillas algún amargo licor y tal vez, en la oscuridad de la noche entre luces centelleantes de los cohetes explotando en el cielo, robarle un beso a la vecina.

                        Y como en un cuento también, los años han pasado sin que lo hayamos notado. Y ahora los niños que un día fuimos, los que un día jugábamos en algún patio trasero imitando la corrida de toros y a la fiesta entera, entre barreras hechas de maderos de rayán y quiméricos castillos elaborados de palitos de fósforo, azufre y pabilo mojado en querosene, como reafirmación de nuestra fe en la Virgen y nuestra chacasinidad tenemos la obligación de continuar con el rito eterno de mantener nuestras tradiciones. Y que mejor hacerlo sabiendo que tenemos amigos antiguos y nuevos, que entienden que ser Chacasino encarna el dulce encanto del reencuentro  cuando el corazón nos empuja a estar juntos en una misma fe en torno a “Mama Ashu”,  siendo solidarios, hospitalarios y tradicionalistas. Es por eso que, quitándole un poco de espacio al programa, quiero agradecer a todos mis amigos, parientes y personas en general, por ayudarnos a hacer esta fiesta en homenaje a nuestra “Mama Ashu”.

jueves, 3 de noviembre de 2011

CHACAS EN DEFENSA DE SU CARRETERA



Un oscuro abogado; el estereotipo del lego fisgón, marisabidilla y de espíritu senil pretende frustrar las justar aspiraciones de los pueblos de Conchucos Sur (Provincias de Asunción y Fitzcarrald) al desarrollo y el bienestar con el pretendido argumento que la obra de la construcción de la Carretera Carhuaz – Chacas- San Luis estaría sobrevaluada para favorecer al consorcio integrado por la Empresa Odebretch. Sin duda, la lógica simple y las evidencias comparativas con construcciones de similares características harán que los fiscales con buen criterio desestimarán la antojadiza denuncia de este leguleyo sin mayores pergaminos que su estolidez.    
Si de algo se puede preciar Chacas y los pueblos beneficiarios de esta obra es de tener un Presidente Regional que lejos de calcular  los réditos políticos de sus decisiones, mide las obras por el beneficio que brindarán a la población. No puede ser más favorable para Chacas y la zona sierra de Ancash la coyuntura actual en la que el Callejón de Huaylas con criterio absolutamente incomprensible se opone a cualquier obra que el Gobierne Regional se empeñe en desarrollar en beneficio de su población. Sin embargo, de este lado de la cancha,  parece que algunos aún no han tomado conciencia de su rol y responsabilidad en esta cruzada por la defensa por el desarrollo y el progreso de nuestros pueblos y se hacen de la vista gorda frente al reto que significará defender lo logrado y  alcanzar lo que falta.

Hace exactamente una semana (26 de oct.) todos los pueblos que de una u otra forma son beneficiarios de la Gran obra del Gobierno Regional viene ejecutando,  han realizado una jornada de protesta frente a las pretensiones de boicotear el desarrollo de nuestros pueblos y obviamente respaldar al Presidente Regional, don Cesar Álvarez Aguilar,  de quien Chacas estará eternamente agradecido. Una multitudinaria  manifestación de ciudadanos conformada por chacasinos, sanluisinos, pomabambinos, llamellinos, etc., etc. marchó por las calles de Huaraz frente a la atónita miradas de citadinos que solo entienden su comodidad como progreso olvidando la realidad de los otros.
Por ello es necesario que estemos alertas para que ante la eventualidad de la paralización de la Construcción de la Obra Carretera Carhuaz –Chacas, estemos preparados para defenderla con verdadera pasión y entrega, obviamente dentro del marco legal y constitucional. Porque la lógica de estos predicadores del subdesarrollo  es joder y estirar la mano para ver si cae algo.
Post Data.- Para los que están ansiosos de saber el avance de la obra les informo que según mis cálculos la plataforma de la carretera debe tener un avance del 60% de los cuales un 15%  está afirmada, con impermeabilizante y cunetas en tramos. No tengo fotos porque sólo se viaja de noche.



martes, 1 de noviembre de 2011

UN EXTRAÑO EN MI ALCOBA

               

Esta historia es un tanto incomoda relatarla para mí,  solo la relato con el propósito de satisfacer la demanda de motivos de hilaridad de Yaqui a quien de hecho aprecio y estimo sin medida.
                Desde que tengo memoria mi padre, heredero de la casa de don Pushpi (mi abuelo)  tiene  la bendita manía de prestar  la casa con el beneplácito de mi  madre,  a veces por devoción a la Virgen, otras por amistad o por cualquier cosa. Así que los eventos que se han sucedido en el patio de don Pushpi son innumerables, algunas innombrables y tienen la complicidad implícita de mi padre. No sería raro entonces, que esta noche del “Tatzicuy”,  las almas  vuelvan  a recoger sus huellas y pasen  nuevamente por el patio de tantas historias.
                Un tal Nica, negociante de plásticos y trastos,  sin conocimiento mío convenció a mi padre para que le alquilara el patio, que ha hecho durante mucho tiempo de auditorio de Chacas, para ofrecer a la gente falto de espectáculo un concierto de la Chinita Cordillerana. Así que cuando me enteré ya era tarde, pues las arpas, violines, parlantes y cantantes ya desfilaban por el patio. Se acomodaron en una pieza del piso alto y a las siete de la noche ya estaba listo el “auditorio” esperando a los ansiosos admiradores de la Chinita Cordillerana.
                El temeroso y devoto público  iba ingresando como escondiéndose de un censor de su conciencia que estaba oculto en la penumbra de la noche; pagaba  el ticket y ya estaba en el patio esperando el concierto en “do menor”. Nica, como pinche de cocina, andaba atosigado de labor llevando la cerveza, controlando al boletero, haciendo de buen anfitrión con la gente conocida. Ese Nica que un día mientras me ofrecía un vaso de cerveza desencajaba sus novísimos postizos (de dientes) para mostrármelos con orgullo  esa hilera de incisivos, premolares y molares mientras yo haciendo remilgos me sorbía ese trago amargo frente a la dentadura fuera de su maxilar mientras él se ufanaba del poder del dinero; ahora hacia de promotor de otros espectáculos.
                Y  bueno, empezó el concierto con una tira de cantantes de menor rango mientras el oficiante del espectáculo anunciaba: “Y en breeeves momentos la Chiiinita Cooordilleranaaa” y la gente dale con mayor euforia a la botella. En ese plan los mantuvo  en vilo hasta muy pasada la media noche, hasta que algún inspirado llegó a la conclusión que tanta dilación solo hacía sospechar que la tal Chinita Cordillerana era una estafa  en ese concierto. Y como siempre Delmar uno de los más entusiastas admiradores de la artista, para salvar del embrollo al promotor de artistas, Nica, sugirió suplantar a la Chinita Cordillerana con mi hermana que es medio chinita. Pero los ánimos estaban ya caldeados así que el concierto se convirtió en trifulca y el culto público chacasino en turba. Un arpista que escapaba por las escaleras  con su arpa a cuestas fue arrastrado a pagar sus culpas de un solo tirón y su arpa con la estrepitosa caída se hizo añicos. Por los aires volaban micrófonos, arcos de violín y las cantantes resultaron toqueteadas indebidamente. Mientras el responsable de tanto bochinche se había esfumado sin dejar pistas. La gente poco a poco fue calmándose, retirándose y dejando en paz el amplio patio de don Pushpi. Mientras mi padre que aún no tomaba conciencia de los destrozos en la casa, a quien siempre que se embriaga se la da de orador, seguía con un discurso barroco y enrevesado desde el balcón  norte.
                Yo, que para no soportar el infortunio de no poder dormir tuve que plegarme a la juerga, medio empipado aseguré las puertas con los antiguos cerrojos temiendo que algún bochinchero volviera buscando camorra, abrí la puerta y me di con el disgusto de encontrar un cuerpo extraño en mi cama. El despistado beodo había acomodado su rendido medio cuerpo en mi cama y el otro medio cuerpo sesgado entre piso y la cama. Cuando exigí explicaciones al sujeto, que yacía de cúbito ventral, por la transgresión a mi privacidad y último reducto de mi  tranquilidad, el cuerpo seguía inerme. Así que tuve que desalojarlo y trasladar ese despojo del festejo los treinta metros que distan de mi cuarto a la calle, de quien no era sino aquel a quien la imaginación popular ha bautizado como “Wiscu Pablo”.